Rocío Jurado y Rocío Dúrcal despertaron en mí, particular interés: Rocío Durcal, desde el principio de su canción. La vi entrar comunicativa en el mundo del arte y recuerdo que recé para que no se perdiera esa muchacha tan atractiva (aunque todavía casi una niña, me daba cuenta de que muchas entran limpias y se vuelven o las vuelven como la mugre, dando espectáculos indignos de quienes reciben dones tan bellos). Parece que fui escuchada: los tablaos no le hicieron perder la cabeza a esta mujer de acero hasta el final: se buscó un hombre de una pieza y supo estar en su sitio, siendo para los suyos y para todos, espejo de esposa y madre de familia ejemplar.
De Rocío Jurado me ha asombrado siempre su personalidad y su voz bonita y recia; también la sencillez, que pude entrever en una entrevista que le hicieron en televisión, en contraste con su fuerza en el espectáculo. Me llamaba en ella la atención, su honda devoción a la Virgen, jamás disimulada. Escuché sus palabras de cariño en una entrevista que le hicieron para el público: ‘todos los años voy a mi pueblo a visitar a mi Virgen de Regla”, y me llegó al alma, pues su amor a la Patrona de su pueblo lo proclamaba a los cuatro vientos desde las cámaras y en revistas del corazón; también en su advocación de la Virgen del Rocío, a cuya romería nunca faltaba para rezar, como ella decía. Por si fuera poco, me entero de que, herida de muerte, las últimas Navidades cantaba villancicos por el móvil a sus familiares y amigos, y que tenía en su mesilla los cuadernillos y lápices de sus niños, para atenderles en sus deberes escolares hasta el final. ¡Qué ejemplo tan bueno! ¡Que Dios las acoja en el Cielo!
Ana Fuentes Martínez.
Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel