Diario Independiente Digital

Entrevista al superdotado de Crónicas Marcianas: «El mundo necesita de grandes ideales»

16.04.06 | 10:00. Archivado en Entrevistas

ENTREVISTA

Por José Mª Martín Coronado

Carlos Blanco,(Madrid 1986) Orientalista y colaborador televisivo, que fue célebre en su momento como niño prodigio en sus apariciones en Televisión y radio disertando sobre temas humanísticos. Y científicos, y que fue considerado, a los 12 años,el egiptólogo más joven del mundo. Actualmente tiene 19 años y estudia ciencias químicas (tercer curso), teología (cuarto curso) y filosofía (último año), y es miembro de la Asociación Española de Superdotados (AEST) y de la Asociación Internacional de Egiptólogos.

Did: Actualmente estudia tres licenciaturas, Teología, Química y Filosofía ¿Por qué decidió estudiar estás tres licenciaturas?

Carlos Blanco: La verdad es que siempre me he enfrentado a un problema: la versatilidad de mis intereses intelectuales. Si bien hay campos concretos que me han fascinado desde hace bastante tiempo y a los que espero dedicarme también en un futuro, como la Egiptología o las lenguas antiguas, he considerado que en la Universidad debía ampliar mis horizontes al máximo, tanto en las Ciencias como en las Humanidades. La Química sintetiza aspectos fundamentales de la Física y de la Biología, por lo que permite comprender cómo opera la Ciencia y cuáles son sus límites. La Filosofía da un bagaje cultural innegable, y la Teología ayuda a profundizar en el estudio de las religiones desde ellas mismas, y converge con otros campos del saber como la crítica filológica (en los estudios bíblicos), la Historia o la propia Filosofía. He tratado, por tanto, de buscar una formación lo más amplia posible.

Did: Fue portada de un periódico de Coslada con 12 años, luego saltó a la fama al salir en El Mundo y, más tarde, colaborador de Crónicas Marcianas cuando tan sólo eras un niño. Desde que abandonaste crónicas ¿lo has echado de menos?

Carlos Blanco: Mi colaboración en Crónicas Marcianas constituye una de las etapas más fecundas y felices de mi vida. Me ofreció inmensas posibilidades de desarrollo intelectual y personal, de conocer a gente, de ampliar mis intereses… La recuerdo con gran simpatía, y en este sentido siempre le estaré profundamente agradecido a Javier Sardá por haber confiado en un niño que acababa de cumplir 13 años para hablar a toda España sobre temas culturales, científicos o políticos. Pero, lógicamente, lo pasado, pasado es, y ahora hay que mirar al futuro, si bien, indudablemente, Crónicas Marcianas supuso un punto de inflexión en mi trayectoria y siempre lo tendré en mente con gratitud y con una cierta nostalgia.

Did: ¿Actualmente en que invierte el tiempo a parte de estudiar? ¿está preparando algún libro?

Carlos Blanco: Tengo preparados varios libros desde hace varios años (el primero, un tratado de Geología, lo escribí a los cinco años), el problema es publicarlos. Las editoriales sólo buscan rentabilidad inmediata sobre temas, por lo general, intrascendentes, y por eso el mercado editorial, al menos en España, no es de gran calidad.
En Internet tengo un libro que escribí en 1999, “Los orígenes de la civilización egipcia” (de hecho, los orígenes de esta cultura y de su religión son asuntos que me interesan, y a los que me gustaría consagrar una tesis doctoral en un futuro, espero, no muy lejano), y hace dos años di forma a un intento de visión de la Historia, de las religiones y del ser, la “Filosofía de la ulterioridad”. También he escrito literatura, en particular un largo poema, “Athanasius”, donde el sabio del siglo XVII Athanasius Kircher conversa con los grandes intelectuales de la Historia, desde el –desconocido- inventor de la escritura (a mi juicio la mayor hazaña del ser humano) hasta grandes autores como Goethe, en cuyo “Fausto” me he inspirado (Athanasius sería, en parte, la antítesis de Fausto). A Antonio Gala le gustó mucho. Lo empecé a redactar en Münster, Alemania, en 2002. También colaboro con publicaciones digitales, como www.egiptologia.com, con estudios egiptológicos y filológicos, y he escrito diversos trabajos de exégesis bíblica (por ejemplo, sobre el Éxodo) y sobre el pensamiento de G.W. Leibniz, uno de mis intelectuales favoritos y quizás con el que me siento más identificado.

Did: Una persona como usted, con el bagaje intelectual que tiene a tu temprana edad, y después de haber conocido diferentes culturas por sus viajes y estudios, ¿cómo contempla el mundo actual?

Carlos Blanco: Con fascinación y con temor. Fascinado, porque he podido comprobar, y espero poder comprobar siempre, la increíble variedad de culturas, pensamientos, creencias, concepciones del mundo… que recorren el tiempo y el espacio, y que a mi juicio son infinitas, porque el ser humano siempre podrá abrirse infinitamente, sin “a priori” alguno (ni siquiera la Naturaleza: hemos tomado las riendas de la Evolución y comprendemos las leyes de la materia). Por tanto, no puedo sino sorprenderme ante las posibilidades, las potencialidades del hombre. Pero no puedo permanecer indiferente ante el hecho de que en tantas ocasiones se opte por la vía del cierre en lugar de la senda de la apertura, y que el fanatismo, al intolerancia, el conservadurismo, la injusticia, la insolidaridad y la falta de respeto a la dignidad humana (condición de toda apertura y de toda reflexión, y al mismo tiempo su más sólido límite), cobren tanta fuerza como ocurre en nuestros días.

Did: Colabora actualmente con escritos en varias instituciones Egiptológicas ¿sigue investigando en ese mundo tan apasionante? ¿Qué le ha parecido los nuevos descubrimientos hallados Egipto?

Carlos Blanco:
En la medida de mis posibilidades, continúo, sin duda. He asistido a clases de lengua copta, además de los estudios que ya tenía de egipcio clásico y de árabe. Me interesan, en particular, dos aspectos: el origen de la religión egipcia, especialmente en su raigambre africana (tan minusvalorada hasta no hace mucho, y que muestra que la cultura occidental debe a África bastante más de lo que se pensaría en una primera aproximación) yla noción de tiempo en Egipto y en las culturas antiguas. Recientemente he escrito un artículo sobre el concepto de “Creación” en el antiguo Egipto, en la cosmogonía menfita, mostrando que podría haber influido determinantemente en la noción bíblica. En calidad de miembro de la Asociación Internacional de Egiptólogos, de la Española de Egiptología y de la Fundación Clos (en cuyo Museo Egipcio, en Barcelona, he pronunciado conferencias sobre la medida del tiempo en la Antigüedad o el desciframiento de la escritura maya en comparación con el desciframiento de la escritura egipcia) me mantengo al tanto de hallazgos y descubrimientos, y he tenido oportunidad de contactar con egiptólogos de la talla de Jan Assmann, profesor en Heidelberg, que ha estudiado el origen del monoteísmo desde una perspectiva egiptológica.

Respecto a los últimos descubrimientos, prueban lugares como el Valle de los Reyes distan mucho de estar “arqueológicamente agotados”, y espero que contribuyan a conocer mejor la historia de la XVIII dinastía y, en general, del Reino Nuevo.

Did: Desde su perspectiva, ¿cómo ve el sistema económico actual? ¿Qué cambios cree usted que se deberían darse para una globalización justa y sin desequilibrios?

Carlos Blanco: La globalización debe ser globalización de la solidaridad y del conocimiento. La globalización, tal como se entiende desde una óptica neoliberal y culturalmente invasiva, sólo beneficia a unos pocos, precisamente los mismos que tienen el control del sistema económico, por lo que la desigualdad no puede sino aumentar indefinidamente, y la ley del empobrecimiento progresivo que Marx aplicó a la clase proletaria se está cumpliendo ahora en la esfera de los “globalizados”, de tantos países que son obligados a participar en un sistema económico injusto, que otros dominan, y del que siempre serán actores secundarios, nunca protagonistas. Es realmente desolador contemplar cómo la mayoría de la población mundial no tiene acceso a una vida mínimamente digna, mientras que en Occidente especuladores financieros logran fortunas tan abultadas como ficticias mediante el engaño o la consagración de prácticas injustas. Clama al Cielo, y el intelectual de hoy tiene mucho que hacer, mucho que criticar, y mucho que idear , aunque parezca utópico: debe contribuir a crear una cultura de la fraternidad que supere la aparentemente insoslayable dialéctica entre igualdad y libertad en el hermanamiento de todos los pueblos. Lo utópico es necesario, porque, como decía Walter Benjamin, genial pensador de la Escuela de Frankfurt, la utopía es el motor de la Historia.

Admiramos el dinero, porque el dinero da poder. Banqueros, millonarios, estrellas de cine, futbolistas… En el fondo, los que ostentan el poder, y en especial el poder económico, alienan y deshumanizan a los hombres; conservan el poder a costa de la injusticia, injusticia inevitable, porque para que unos prosperen, otros han tenido que ser privados de su dignidad. La riqueza extrema de nuestro tiempo, y la presunción y la arrogancia de quienes la poseen, dan testimonio de la miseria humana, y llaman al clamor de los desheredados y de los oprimidos, cuyos gritos de liberación han querido muchas veces ocultarse. El intelectual ha de ser profeta, dirigir su pensamiento y su acción hacia los olvidados, criticar al poder; prestar atención a lo que resulta incómodo, a los oprimidos, y pensar desde y para los desfavorecidos, porque es ahí donde se juega el destino del hombre, donde se advierten sus auténticas posibilidades. Foucault proclamó hace años la muerte del hombre, y hoy podemos renovar dicha proclama diciendo que un modelo de hombre que es hombre a costa de que otros no sean hombres, no puede existir. El intelectual debe comprometerse con la crítica profética al poder, a lo alienante, a la injusticia, que son cerrazones, puntos muertos donde el ser humano no es capaz de progresar, de salir de sí mismo y de rebasar todo límite; donde sólo pueden reinar la felicidad y la insatisfacción. Hay que huir del poder que cosifica el conocimiento y la sociedad; busquemos el futuro y el pasado; vivamos, cambiemos, ideemos y pensemos, unamos y borremos distinciones en el infinito espacio de la verdad. El intelectual no encontrará seguridad en el poder. Su único hogar serán todas la culturas y el vasto océano del saber. Quizás muera sin haber logrado nada, pero morirá para vivir, porque en la infinitud de su conciencia habrán existido los ideales más altos que el ser humano puede plantearse, ya que son los ideales que más posibilidades y más apertura otorgan. Y no porque exista una naturaleza humana plena a la que debamos tender, pre-dada, pre-fijada. Creo que tampoco las religiones creen en ello (sí, quizás, ciertos teólogos y pensadores). Si se fijan esos ideales es porque el hombre y el ser son ante todo posibilidad, absolutos no-absolutos… Una contradicción que el intelecto es incapaz de asumir, pero que encierra en sí la posibilidad de integrar “todo en todo”, de acabar con las diferencias alienantes y de buscar un espacio pleno donde cada hombre, siendo hombre, sea a la vez uno en todos. Será el espacio del amor.

Did: ¿Estamos progresando? ¿qué reflejos deberían existir en la sociedad para hablar de progreso?

Carlos Blanco: Creo que el progreso se refleja, esencialmente, en cuatro puntos: en una concienciación más global y profunda de la necesidad de dialogar, sin aprioris, entre las culturas y las religiones, y por ello en una neutralización activa del fanatismo y de la intransigencia. El progreso se ve también en los avances científicos y técnicos, que nos ofrezcan una comprensión más amplia de la estructura del Universo y de la vida humana. En tercer lugar, en un orden socioeconómico más humano, donde se logre una verdadera y universal humanización de todos los hombres y mujeres. Y, en cuarto lugar, pero no por ello menos importante, en un compromiso activo con el respecto de la Naturaleza, en un dominio “político” y no “despótico” del medio. Pero, en definitiva, estas condiciones se reducen a una: entiendo por progreso una capacidad constante de abrir la mente humana a nuevos horizontes culturales y vitales.

Did: ¿Cuál es su favorito intelectual de este siglo?


Carlos Blanco:
.La pregunta me resulta imposible de contestar. Si se me preguntase sobre el siglo XX, distinguiría por campos: Einstein en lo científico, Heidegger, Wittgenstein o Teilhard de Chardin en lo filosófico, Rahner y Von Balthasar en lo teológico… Si se me pregunta sobre el siglo XXI, la respuesta es aún más complicada, porque no tenemos perspectiva histórica suficiente para dirimir si lo que hoy consideramos importante a nivel intelectual resistirá el paso del tiempo (la “prueba del nueve” en lo que concierne a la relevancia intelectual de una cierta figura). Quizás podría decirse que Hawking sigue aportando interesantes reflexiones en Cosmología, Habermas en filosofía, Ratzinger como teólogo, Jan Assmann en la Egiptología y en la historia de las religiones…

Did: Como estudiante de Teología ¿qué opina de la reciente obra publicada de Benedicto XVI? ¿Cómo la valora?

Carlos Blanco:
La Encíclica “Deus Caritas est” es un texto excepcional en todos los sentidos. Benedicto XVI nos muestra lo más esencial del Cristianismo: la convicción, que la gracia divina hace posible en el creyente, de que el amor es posible, y de que si no amamos a nuestros hermanos, a quienes vemos, no podemos amar a Dios, a quien no vemos. La caridad, cuyo paradigma insuperable para el cristiano es Cristo-Jesús, debe fundamentar la vida de toda persona, ya que nos abre máximamente a los demás, y al mismo tiempo nos abre a nuestra propia realidad, que es la de un ser finito con ansias infinitas. Amar es indeterminarse, abrirse, darse un horizonte inabarcable que refleja, ya en la Tierra, lo divino. Creo que todo hombre y mujer, cristiano o no, puede encontrar en la primera encíclica de Benedicto XVI unas reflexiones de una profundidad y de una belleza tales que difícilmente le dejarán indiferente. El Papa da muestra no sólo de su grandeza intelectual, citando a pensadores muy relevantes en nuestro tiempo y teniendo en cuenta muchísimos factores en sus análisis, sino ante todo de su horizonte vital y espiritual. Un texto memorable.


Did: Usted, en un artículo reciente publicado en nuestro Diario, destacaba y reflexionaba sobre el relativismo. ¿Cómo encaja que el actual Papa rechace el relativismo actual?

Carlos Blanco : Hay que distinguir, creo yo, entre el relativismo como actitud científica (en el sentido de que nuestros juicios científicos e históricos están sujetos a constante revisión, y ello es la base de todo progreso futuro), avalada, entre otras posturas, por la filosofía de K. Popper, y el relativismo en sentido absoluto, que llega a relativizar incluso la vida humana. El límite de todo relativismo es la dignidad de la persona humana, que es quien piensa el mismo relativismo, y por tanto ninguna teoría puede ponder en duda los derechos fundamentales de todo hombre y mujer. Pero si se entiende por relativismo el deseo creciente de integrar (pues relativizar es eso: integrar; absolutizar es separar) más disciplinas y más aspectos para lograr una visión unitaria, es lo que ocurre actualmente en las ciencias, por ejemplo en la Física (que busca una “teoría del todo”). Admiramos a los genios por unificar disciplinas y teorías. Por tanto, considero que el Papa estaría criticando un relativismo como actitud totalizante, más que el relativismo como expresión de la provisionalidad de muchos de nuestros juicios. Todo diálogo exige una cierta relativización o puesta entre paréntesis de los juicios o postulados de los que partimos, y si no, caemos en fanatismo. El problema es que se relativice tanto que no se afirme nada, lo cual sería falso: en las Ciencias hay afirmaciones con gran certeza, aunque la seguridad total no sea posible para una mente limitada espacio temporalmente como lo es la humana.

Did: ¿Cuáles son sus proyectos a corto y medio plazo?


Carlos Blanco:
Terminar mis estudios, y a ser posible, el curso que viene comenzar una tesis doctoral que me gustaría versase sobre el desarrollo del concepto de progreso. Quiero hacer también una tesis sobre los orígenes de la religión egipcia, y en un futuro me gustaría ampliar mi formación en el extranjero, preferentemente en Alemania, Inglaterra o Estados Unidos. Me encantaría dedicarme a la docencia e investigación universitarias, a escribir libros y artículos, y al diálogo entre sistemas filosóficos, religiones y confesiones.
En su página Web están colgado varios artículos de actualidad.

Did: En un futuro,¿De que manera le gustaría aportar tus conocimientos y sabiduría a la sociedad? Libros, conferencias, radio, televisión, etc...


Carlos Blanco:
Todas las formas que usted cita son importantes. Me gustaría escribir muchos libros, dar muchas conferencias, colaborar en radio y en televisión… Pero lo importante es que lo que diga o descubra realmente aporte algo nuevo. Isaac Asimov escribió más de cuatrocientos libros pero difícilmente aportó algo sustancial. Lo que interesa es decir algo (no necesariamente nuevo) relevante.

Did: En Junio leíamos en la prensa un artículo firmado por Jose Javier Esparza en la que atacaba a su forma de vida intelectual ¿qué consideración le tiene?

Carlos Blanco: No sé si atacaba exactamente mi “forma de vida intelectual”, o más bien una aparición puntual en la despedida de Crónicas Marcianas. Fui porque era el programa de despedida y me parecía una cuestión de deferencia y de agradecimiento. Soy consciente de que cuando uno tiene una cierta repercusión pública debe estar abierto tanto a las críticas meliorativas como a las peyorativas. El artículo de este periodista me resultó, en algún punto, impropio y maleducado, pero prefiero quedarme con otros críticos, de mayor prestigio, como Víctor Amela, de La Vanguardia, que al poco de comenzar yo a colaborar en Telecinco, a los trece años, escribía que, más que un actor de circo, era un “canto al saber”. A mí, más que el continente (dónde diga lo que digo) me importa el contenido: qué digo, y si lo que digo tiene sentido o no. Y también hay que tener en cuenta que muchas veces los análisis están sesgado por envidias de diverso tipo. Pero, indudablemente, doy la bienvenida a todos los comentarios que se quieran hacer.


Did: Un intelectual como usted, seguro que juzga día a día las políticas de nuestro país y de otros ¿qué quitarías ahora mismo las políticas del presidente Rodríguez Zapatero?

Carlos Blanco: La palabra “intelectual” es demasiado amplia. Uno puede saber mucho de un campo y no de otro, y no me considero una especie de “oráculo” que dé respuestas a todos los problemas. La Política, en particular, intento tomarla en sentido amplio, y no las “politiquillas” del día a día, que cambian constantemente. Creo que Zapatero ha tenido aciertos. Yo destaco su propuesta de una Alianza de Civilizaciones, el único proyecto internacional mínimamente amplio y profundo que ha dado nuestro país –un desierto o un páramo en lo que a política internacional se refiere, por lo general- en los últimos años, como contraposición a la estrategia absolutamente errónea de confrontación que desembocó en la guerra de Irak. Pero los fallos no son menos importantes, y en ocasiones el gobierno ha tomado iniciativas de modo unilateral de eficacia no probada.

Did: ¿ Por qué cree que está desvirtuada la Constitución? ¿Cómo se debería hacer para recuperar la salud y la credibilidad política de los primeros años de la democracia? ¿el dinero y el poder está detrás de todo?

Carlos Blanco: La Constitución no es un texto monolítico. Veinticinco años es mucho tiempo para un país tan dinámico como España. Yo pienso que al igual que se dice, “Ecclesia semper reformanda”, hay que decir: “Constitutio semper reformanda”. El referente no son los primeros años de la democracia, sino el hoy. La Constitución partía sesgada, en cierto sentido, por la herencia del pasado franquista. Lo importante es ver cómo es España hoy y qué quiere ser o qué debe querer ser: una sociedad lo más plural y abierta posible, que no haga acepción de personas, regiones o culturas. Desgraciadamente, muchas veces hay intereses económicos y políticos más allá de la consecución del bien común (fin auténtico de la praxis política), pero confío en que España sabrá afrontar las crisis que su democracia afronte acudiendo al diálogo, al consenso y nunca a la crispación.


Did: ¿Tiene intención de volver a colaborar en televisión? Y si lo hiciera, ¿en un programa sensacionalista como Crónicas Marcianas?


Carlos Blanco:
De un modo estable, lo veo difícil, pero intervenciones esporádicas quizás sí. Colaboré en un programa como Crónicas Marcianas en un momento puntual, cuando era un niño que por su precocidad o prodigio intelectual llamaba la atención. Evidentemente, no despertaría el mismo interés con 19 años que con 12 o 13, por lo que los contextos, irremediablemente, cambian.

Did: Para finalizar ¿qué consejo le daría a los jóvenes de su edad para ser tan culto con usted?

Carlos Blanco: Primero debo matizar: yo puedo ser culto en ciertas ramas e ignorar mucho de otras, así que tampoco puedo ponerme como paradigma. Pero lo que sí me parece importante es fomentar, a todos los niveles, el interés humanístico y científico: si nos podemos abrir de modo indefinido, ¿por qué limitarnos a priori a determinadas facetas de la vida, como puedan ser el dinero, el poder o el disfrute? Yo exhorto a todos los jóvenes de mi generación a que tengan
amplitud de miras, que sepan mirar con ojo crítico más allá de la cultura dominante, y que se propongan metas altas e ideales altos.


Agradezco al Diario Independiente Digital la amabilidad que ha tenido conmigo y espero seguir colaborando con artículos de diversa índole en su diario.


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Comentarios
  • Comentario por MLC 17.08.10 | 01:51

    No nos engañemos, la gente que se lanza a tacharlo de "resabidillo" o "prepotente" oculta un claro sentimiento de envidia. En ningún momento se ha dado "aires de grandeza"; al contrario, ha respondido con impeclable modestia (e impecable expresión, por otro lado). Él mismo admite que hay campos en los que su bagaje es limitado, pero sin duda hay que admitir que no es común a esa edad disponer de tan amplia variedad de conocimientos, producto sin duda de una inteligencia brillante. He leído por ahí un comentario en el que se dice que "parece educado por el opus dai"; Sinceramente, a mí me resulta una persona con una mentalidad muy progresista, que defiende las persistencia de todas las formas de comprender la vida pero bajo los principios del respeto y la tolerancia.

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