Violencia sin género
18.06.07 @ 17:36:25. Archivado en Sociedad, Reflexiones
Excesiva euforia noté hace un par de años cuando el Congreso sacó adelante la llamada Ley Integral de Violencia de Género. Tanto en el plano mediático como en las ambiciones y fe puestas por nuestros políticos me parecían posturas exageradas por cuanto creía, como así lamentablemente se confirma, que no servía para nada.
Prácticamente llevamos el año 2007 con casi cuarenta víctimas mortales. Las medidas puestas en marcha por el Gobierno, como eran de esperar, han resultado muy insuficientes, diría incluso que desmoralizadoras. Esta lacra persiste y el empeño de los políticos no sirve de nada si no se ponen en marcha con destreza y convicción un cuadro de actuaciones que sirva con absoluta garantía para que aquella persona que se sienta víctima pueda tener atención y no ocurra, como ha venido pasando últimamente, que los casos de reincidentes son los que están terminando con víctimas mortales.
No vale ahora, tras sacar pecho entonces los diputados nacionales por aprobar esa ley, argumentar que la violencia hombre-mujer es un tema de antaño, cultural, educativo… que se resume en esa triste expresión de “la maté porque era mía”. No me valen esas excusas. Comprendo que es complicado atajar un mal que sigue su curso sin que haya descenso significativo en las estadísticas, sobre todo cuando sin que existan antecedentes en una pareja, de la noche a la mañana acabe en un baño de sangre y cuchillos.
Lo que sí me parece aberrante es que personas que tienen órdenes de alejamiento y denuncias expresas acaben consiguiendo el propósito de acabar con su ex pareja y a la postres suicidándose. Amnistía Internacional, consciente de este mal que sigue campeando, ha puesto el grito en el cielo y la Ley que entonces era ensalzada por este colectivo ahora depara en críticas, aconsejando un seguimiento, una intensidad en las medidas para proteger a las mujeres amenazadas.
En cualquier caso, como ocurre siempre, cualquier ley que se precie de serlo, y más en medidas sociales de este tipo, tiene que llevar una partida presupuestaria que sirva para potenciar las medidas que se contemplan, las cuales deben ir desde departamentos policiales concretos y también judiciales. Si no es así sería como el derecho social a una vivienda digna que recoge nuestra Constitución, que está contemplada pero en la realidad ese derecho se diluye.
La violencia sin género, o con él, siempre debe suponer para cualquier Gobierno una reacción firme que vaya más allá de una ley. Hay que aplicar la contundencia para que esta lacra social no avance ni un centímetro más.
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