Apoteosis y manipulación nacionalista en el Palau

ver cómo se ideologizan a los niños, como se les instrumentaliza para ganar adeptos entre sus pares por mera mímesis, como se les interioriza una socialización “normalizada” en la que lo normal es lo políticamente correcto según el dogma nacionalista… se apoderan de lo que eran los símbolos de todos los catalanes, ahora el himno de Cataluña sirve como entradilla para los actos de exaltación nacional-ista

Sea el acto que sea, se trate del evento que se trate, Artur Mas (casi) siempre suele aparecer rodeado de una especie de performance independentista, ya esté en un homenaje a un expresidente catalán, en una entrega de premios, o, como en el caso del que parte este artículo, el tradicional concierto de San Esteban.

Antes de detenerme en este constante agasajar al Líder, me gustaría analizar la cuidada y pautada escenificación de este evento, así como la cobertura del mismo por parte de TV3, si miran la parrilla de la dicha cadena de televisión verán cómo el día 26 de diciembre tuvimos dos horas del “Concierto por la Libertad” por la mañana (del que hablé en mi anterior artículo) más dos horas del concierto de San Esteban reconvertido en acto de exaltación nacionalista por la tarde.

Pero no solo eso, si vas a la página web de TV3, puedes ver este último concierto íntegro, es decir las casi dos horas del mismo, y también, gracias a los abnegados trabajadores de esta televisión pública (algunos de ellos podrían representar perfectamente algún papel en el Ministerio de la Verdad de la novela 1984) tenemos un resumen de 3,35 minutos con los “momentos estelares” del concierto, momento que, casualmente, son los “momentos de las esteladas”.

En dicho video resumen podemos ver la apoteosis independentista –las cámaras no dan abasto para enfocar lágrimas y esteladas- es un instante tremendamente simbólico, va más allá de la política, estamos ante un escenario mancillado por la corrupción instalada en Cataluña tras más de treinta años de nacionalismo, por lo que este acto es una redención, un intento de tapar las vergüenzas, parece la regeneración de un mancillado símbolo del nacionalismo (el Palau de la Música).

De esta performance me sorprenden dos cosas, la primera es ver cómo se ideologizan a los niños, como se les instrumentaliza para ganar adeptos entre sus pares por mera mímesis, como se les interioriza una socialización “normalizada” en la que lo normal es lo políticamente correcto según el dogma nacionalista. De igual manera resulta llamativo cómo utilizan y se apoderan de lo que eran los símbolos de todos los catalanes, ahora el himno de Cataluña sirve como entradilla para los actos de exaltación nacional-ista.

Finalmente el Líder, aquí tenemos al Presidente de la Generalitat, rodeado de los suyos, adulado por los de su cuerda, convertido en redentor de un espacio ultrajado por las pulsiones de sus propios correligionarios, un presidente elegido democráticamente pero dedicado (sacrificado) en cuerpo y alma a la Causa independentista.

Quizás sería buena idea que algunos de sus siervos, alguno de los que regalan lisonjas a sus oídos, de los que ven en él (o más bien quieren que él lo vea así) un Líder por y para la Historia, un cosmocrátor de bolsillo que da sentido al territorio, se dedicara a seguirle de cerca en todos sus actos y, en vez de recordarle que es mortal (memento mori), le dijese: “recuerda que eres un representante, un servidor público de todos los catalanes, no solo de los nacionalistas”.

José Rosiñol Lorenzo

 

Comunicación

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