El PSC como síntoma y como causa

… un PSC convertido en una especie de Caballo de Troya del soberanismo, todo ello para parecer simpático y cercano al econosistema nacionalista, para poder aparecer, de vez en cuando, en la parrilla mediática de los Órganos de Propaganda

Por mucho que nos pese, los partidos políticos son un reflejo de nuestra sociedad, no solo porque deberían cumplir una función –casi olvidada- de representatividad sino porque muchas veces encarnan y son causa las contradicciones tanto del sistema político como de la sociedad en sí.

Los partidos deberían ser el puente entre la política y las aspiraciones de la ciudadanía, aunque en verdad los partidos tradicionales y nuestros representantes parecen responder más ante una especie de mandato imperativo de los cuadros del partido –aquellos de los que depende estar o no en las listas electorales- que de las necesidades de la sociedad.

Pues bien, Cataluña, como alumno destacado y modelo para otras comunidades autónomas, es el adalid de las contradicciones democráticas de nuestro país, y el PSC ha sido y es síntoma y parte activa de las causas que han derivado en la degeneración democrática y la desafección política que sufrimos todos los españoles.

… con solo un 20% o 30% de militancia que podría considerarse nacionalista y un 70/80% que no es nacionalista… programas políticos del PSC… son marcadamente nacionalistas

Las contradicciones que ejemplifican la situación que pretendo describir podrían resumirse en dos, por un lado vemos cómo el principio del gobierno de la mayoría con respeto a la minoría (Sartori) se corrompe degenerándose hacia una especie tiranía implícita de una minoría ideologizada, y por otro observar cómo se han creado una serie de centros de poder cuya existencia trasciende el ciclo electoral y sobre el que pivota tanto la dinámica interna de muchos partidos como su relación con la sociedad.

Tenemos un PSC, partido que –según dicen- representa al PSOE en Cataluña, con solo un 20% o 30% de militancia que podría considerarse nacionalista y un 70/80% que no es nacionalista, pero los programas políticos del PSC, sus propuestas electorales y su ideología visible son marcadamente nacionalistas, parece que no importe que una gran masa de su electorado y de su militancia no sea nacionalista.

Un PSC que prefiere ir por libre en el Congreso, que apoya sin rubor las tesis del nacionalismo, que vota en contra de las posiciones del PSOE, sabedor -como es- de que en las elecciones Generales o votas al PSC o no puedes votar al PSOE, dejando huérfanos a todos aquellos catalanes que ingenuamente a un PSC creyendo que votaban a PSOE, que las siglas PSC-PSOE eran algo más que un mero electoral, un PSC convertido en una especie de Caballo de Troya del soberanismo, todo ello para parecer simpático y cercano al econosistema nacionalista, para poder aparecer, de vez en cuando, en la parrilla mediática del Órgano de Propaganda.

Los catalanes progresistas alejados de las veleidades nacionalistas –antes de la aparición de formaciones políticas como Ciutadans- no podían votar a ningún partido político de izquierdas que no fuera nacionalista

Como ocurre en la arena sociopolítica catalana y en nuestras instituciones, un treinta por ciento de la población puede llegar a imponer su ideología haciéndola pasar como transversal, como propia, como evidente, como si de sentido común se tratase, una política identitaria –y una moral- que condiciona y acogota a toda la población, nacionalista y no nacionalista.

De igual forma, el entramado de centros de poder político y mediático creado por el nacionalismo durante los últimos treinta años hace que el PSC sea sumiso a las posiciones de la oficialidad orgánica, entrando en una dinámica político e ideológica tan errática como confusa, parece que no sabe –o no quiere- hacer frente a esos centros de poder que le han tolerado existir siempre y cuando se adaptase a la última reivindicación y chantaje al Estado, ya sea la exigencia de competencias, más financiación o la convocatoria de un referéndum de autodeterminación.

Los catalanes progresistas alejados de las veleidades nacionalistas –antes de la aparición de formaciones políticas como Ciutadans- no podían votar a ningún partido político de izquierdas que no fuera nacionalista (¿de ahí provendría la bajada en los índices de participación electoral entre las elecciones Generales y Autonómicas?), ya que solo podía escoger entre partidos marcadamente independentistas como ERC, partidos nacionalistas (o al menos subyugados por el anacrónico concepto de “autodeterminación de los pueblos”) o un PSC nominalmente socialista pero de una praxis política (los infaustos Tripartitos) claramente nacionalista.

José Rosiñol Lorenzo

 

Comunicación

2 comentarios


  1. Francisco

    El problema del PSC es el mismo que padecen las izquierdas de este país,simplemente han comprado esa entelequia que se llama derechos de los pueblos sin haber analizado profundamente que había detrás de ella y sobre todo cuál han sido sus consecuencias que en el caso del Tercer Mundo se ha traducido en formar estados que no eran mas que mera yuxtaposición de tribus,con lo que esos estados han acabado en estados fallidos.En el caso del PSC el problema es más profundo porque además de su sociología se añadió que por el PSC apareció importado nada más ni nada menos que Jordi Solé-Tura abanderado del Federalismo más fundamentalista que había en el PSUC y que fue muy bién elaborado en los laboratorios de la CIA para España,para más información ver la Conferencia sobre Federalismo que aparece en Youtube por Gustavo Bueno Sanchez en la Nueva España de Oviedo.De aquellos polvos vienen estos lodos.

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