Diario de dos curas de pueblo

Asesinado en Mérida un cristiano anónimo

05.11.11 | 07:56. Archivado en Autor
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

La vida de Juan Antonio Montero se truncó cuando se agachaba al borde del camino a atender a uno de esos inmigrantes, perdedores de nuestro mundo, que en él encontraban acogida y el aliento sanador de la solidaridad. Fue en mi ciudad el jueves pasado, 3 de noviembre.

Juan Antonio era maestro, compañero de trabajo de mi madre y amigo de mi familia. Hombre bueno y discreto, de esas personas que hablan con el tono bajo y que intentan siempre no molestar. Un hombre culto, educado y humilde, con un rico mundo interior, excelentes cualidades artísticas y una vocación de educador a la que se entregó por completo.

Cuando se jubiló encauzó su tiempo entre la pintura y su labor de voluntariado en la Oficina Municipal de Atención al Inmigrante. Allí conoció a muchos susaharianos, magrebíes, rumanos, etc.; les daba clases de español y luego les ayudaba de otras maneras más silenciosas: mi madre dice que a menudo le preguntaba dónde encontrar muebles de segunda mano, o alquileres baratos, ella le aconsejaba y luego él le contaba los resultados. Paciencia pero sin pausa.

"Don Juan Antonio" (que así le llamamos en casa porque dio clase a mis hermanas) es para mi el ejemplo perfecto de esos cristianos anónimos de los que habla Karl Rahner. Nunca fue muy "católico" y probablemente su posición intelecual fue muy escéptica hacia la religión institucionalizada; pero cumplió el Evangelio porque sencillamente vendó las heridas que encontró en las vidas de los inmigrantes. Juan Antonio tenía el Reino dentro de sí y lo sembró sin saberlo, sin ponerle nombre y sin estridencias, una mano siempre ocupada con el pincel sin saber qué hace la otra...

Mi madre, "Doña Elena", también directora jubilada del colegio Trajano, dice a menudo que “la vida es un tango mal bailao”; no mamá, la vida es una pintura, como esa que Don Juan Antonio te regaló y que tienes en el salón de casa, colores surcados de soledad y de esperanza, un bodegón que él que concluyó con su firma, que parece un garabato - como lo que el otro día le ocurrió - pero que es nada menos que su propio nombre. Hasta la vista, maestro.

César L. Caro

PS: La crónica en el periódico "Hoy" de Extremadura:
http://www.hoy.es/v/20111105/regional/fallece-tras-apunalado-casa-20111105.html

3 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por mercedes 05.11.11 | 15:34

    El Cap XXV de Mateo lo coloca entre los benditos del Padre.
    Es un ejemplo como persona y un Santo aunque no lo canonicen....como dice Carlo Felix.¡¡santo subito!! mas que muchos otros...( eso lo añado yo )

  • Comentario por carlos felix, profesor, Zaragoza 05.11.11 | 14:00

    SANTO SUBITO!!!!!

  • Comentario por priester 05.11.11 | 13:37

    Paisano, César,

    Cuando he leido tu artículo y las atribuciones que das Juan Antonio, como humilde, que ayudaba de forma silenciosa, que cumplió el Evangelio, me recordó lo que decia un párroco que tuvimos muchos años en Alemania. Decia que ser cristiano no es un título adquirido por el bautismo, sino una forma de vida. Como estoy convencido de que es así, no me queda otra cosa que decir, que Juan Antonio fue un buen cristiano, digno de imitar.

Lunes, 28 de mayo

BUSCAR

Editado por

  • José Rubio y César Luis Caro José Rubio y César Luis Caro

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Mayo 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031   

Sindicación