Diario de un cura de pueblo

Congreso indígena

23.06.18 | 18:51. Archivado en Trozos de vida, Diario de misión

Una tarde llegaron a la casa Juan Carlos, apu de Santa Teresa II Zona, y un periodista del diario La Región, de Iquitos, para invitarnos, armados con documento (en nuestro Perú todo lo serio se hace con oficio) al I Congreso Intercultural de Fortalecimiento Organizativo de las Comunidades Nativas de la Cuenca del Yavarí. Toma ya. Con semejante título, como para rechazar la convocatoria.

Ya sabía que Juan Carlos lleva un tiempito tratando de armar una federación de comunidades indígenas (la FECONCYA), aunque siempre criticado por personalismo y poca claridad en las cuentas; lo del periodista me cuadraba menos, así que consulté a los colegas Miguel y Manolo, párrocos de Punchana en Iquitos y curtidos durante años en mil aventuras con los kokama del Marañón: “Es bueno que vayas y veas” – me dijeron. De modo que, novato obediente, proa hacia el evento.

Sobre las 7 de la mañana había ya en Santa Teresa II un grupo de personas, no muy numeroso pero representativo (6 de las 7 comunidades afiliadas a la federación y una no afiliada) y pintoresco por los trajes típicos que se veían. A voz en cuello, por la falta de megafonía, cantamos el himno nacional y aplaudimos la presentación de bailes típicos por parte de grupos de niños de dos caseríos. En cuanto los organizadores me echaron el ojo, me embrocaron una credencial como “Delegado fraterno invitado” y me subieron a la mesa de honor, que era un pupitre de la escuela nomás.

Estaban los miembros de la junta directiva, los delegados de las comunidades y los asesores llegados desde Iquitos, que eran en realidad quienes manejaban la cosa: el periodista-conductor, el presidente de ORICA (la organización regional a la que está afiliada la FECONCYA) y un abogado con bastantes horas de vuelo en temas indígenas. Y todo pagado por uno de los candidatos a alcalde distrital, que fue muy nombrado, aplaudido y, por supuesto, también invitado a subir a donde las autoridades. Puesto que nadie da duros a cuatro pesetas, supongo que todos estaban allí porque algún provecho personal sacarían

Como a todos, me brindaron la palabra y hablé unos minutos. Pero me interesaba más escuchar. Estaban los apus y las gentes de Japón (Yaguas), Unión Familiar (Kokamas), Santa Rita (Yaguas), San Mateo (Ticunas), Santa Teresa II (Yaguas) y Constantino Pinto (Kokama-kokamilla). Faltaron los yaguas de Limonero, que creo que están muy desorganizados; pero acudieron de Pobre Alegre, y así descubrí asombrado que en su mayoría son de las etnias Shipibo y Asháninka, emigrados de Ucayali. Me encantó que quedara claro que la Iglesia está al lado de los indígenas, identificada con sus luchas y dispuesta a apoyar lo máximo posible, y así lo hice notar en mi intervención.

A medida que transcurría la mañana iban saliendo los problemas de los pueblos de nuestro río: a la comunidad de Japón hay una asociación de Caballococha que le van quitando territorio por su fondo. Son en realidad traficantes que coimean a Agricultura y titulan las tierras para luego venderlas; ya han perdido la mitad, según el presidente Regner. En Unión Familiar, personas particulares inscribieron partes de su territorio en la época de Fujimori y ahora pretenden presionar a la comunidad exigiendo precios altísimos. Con todos pude conversar en los descansos, planteando preguntas y dudas, y concertando próximas visitas adonde todavía no hemos llegado; incluso los israelitas presentes me dijeron que seremos bienvenidos. Ese fue mi beneficio, jeje.

Se aprobó por votación el plan de trabajo de la FECONCYA, que consiste en tres puntos:
1 - Avanzar en el proceso de titulación de los territorios comunales
2 - Lograr la educación bilingüe para rescatar y preservar las lenguas originarias
3 - Buscar proyectos agrícolas productivos

Muy interesantes. La jornada concluyó a mediodía, porque los iquiteños estaban apurados por marcharse. A pesar de que ellos hablaron mucho más que los representantes de las comunidades, y que faltó gente, creo que el encuentro resultó positivo como un primer paso de los indígenas del Yavarí para organizarse y reivindicar con más fuerza sus derechos. Un congreso modesto pero lleno de potencial, como la semilla de Mc 4, 26-34. Para mí, una oportunidad de oro para conocer y ser conocido, para ir comprendiendo algo más y empezar a atar cabos en este pedazo de Perú grande en extensión pero con una población pequeña y familiar. Se quedó en volver a convocar un taller u otra reunión dentro de un año, y allí estaremos, orgullosos de ser presencia de Iglesia en los nudos donde se ventila el destino de los más excluidos.

César L. Caro


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