"Mi papa me pone la cabeza loca" dice Remedios, y no es para menos, porque cuando Juan se arranca a contar historias de antes, no hay quien lo pare. Lo escuchamos pacientemente Conce, Josefina y yo la semana pasada, justo al día siguiente de cumplir 95 años.
Mi pueblo no es de virgen ni de cristo, es de su patrona Santa Ana. Pero queda en él el rescoldo de la tradicional devoción a la Inmaculada, que se deja ver en la fiesta del 8 de diciembre y, sobre todo, en el mes de mayo. Un cariño discreto, profundo y muy sencillo, como mi pueblo.
El día 6 es el aniversario de mi ordenación. Lo celebré trabajando y jincándome un plato exquisito de garbanzos marineros hechos por mi madre. En 13 años de cura, si no está uno muy tonto, se experimenta suficiente como para ir aprendiendo algunas cosas. De una de ellas quiero escribir hoy.
Lo de la catequesis es como mojar el dedo en la pared, un querer y no poder, o, más exactamente, un querer y no saber. Nos esforzamos, programamos, buscamos mejores materiales, discurrimos dinámicas, nos quebramos la cabeza, hacemos formación de catequistas, preparamos una celebración, un powerpoint, intentamos irnos de excursión, hacemos palmas con las orejas... pero nada, no conseguimos nada sólido. Una raya en el agua.
Es un refrán con el que comienza un comentario al post "Universitarios y profesionales" del blog "Cree en la universidad" de mi compañero de Mérida-Badajoz Pepe Moreno Losada. Un nuevo y magnífico blog de RD que se encuentra un poco más abajo en esta misma página.
Decir "un Papa jesuita" es como un intento de síntesis de contrarios; sería algo así como sheriff y bandido, bombero pirómano o madridista culé. ¿Por qué? Porque desde su fundación los jesuitas rehúyen los altos cargos eclesiásticos, es algo que creo forma parte de su carisma.
Cada quince días, más o menos, echamos un rato las madres de los niños de "despertar religioso" (2º de Primaria) y yo. Teóricamente la reunión es para preparar los temas que ellas luego tratan con sus hijos en casa, pero la verdad es que a eso le dedicamos cinco minutos, porque cuatro dibujos sobre compartir o un parchís sobre el perdón no necesitan muchas explicaciones. Y ellas son muy listas...
Me encantan y me enseñan mucho los comentarios sencillos de la gente a propósito de las cosas que pasan en esos vaticanos y que conocemos por la tele, y en concreto acerca del cambio de Papa. Son perlas del sentido común adornado con un puntito de humor de pueblo.
Es una época que me encanta. A pesar de que llegas cansado y acabas reventao, son unos días geniales, que siempre he vivido con especial intensidad y alegría.
Este año comenzó la gymkana el Lunes Santo en Cáceres, con el encuentro trimestral de los consiliarios de la Acción Católica de Extremadura. La reflexión estupenda, sembrada de comentarios esperanzados en torno al Papa.
El joven Jorge Mario Bergoglio probablemente no pudo admirar la estructura de la doble hélice del ADN, porque Watson y Crick la descubrieron en 1953. No conoció los modelos 3D para moléculas complejas como los clusters de iones de molibdeno y azufre. Ni utilizó un cromatógrafo de gases o un microscopio electrónico de barrido. Pero sin duda se maravilló ante la belleza de un precipitado de cobre azul o verde, o se emocionó ante el sorprendente cambio de color del permanganato potásico. Porque el Papa estudió química con apenas 20 años, antes de irse al noviciado jesuita.
Ninguna persona viva ha visto jamás a un Papa renunciar. No disponíamos, en nuestro arsenal de sentimientos y de ideas, de registros a los que acogernos para saber cómo reaccionar. Ni siquiera el Vaticano, especialista en codificar ritos y tradiciones, sabía de qué manera expresar el hecho inédito de que un Papa deja de serlo por voluntad propia. Pero no es grave: los seres humanos necesitamos los símbolos para relacionarnos con la realidad y revelar nuestro mundo interior, y el genio del homo sapiens se puso a crear a todo trapo.
La vida de cada día está sembrada de pequeños rituales. Situaciones que suceden más o menos de la misma manera, gestos que repetimos infinidad de veces o encuentros que parecen aquellos bucles de "El show de Truman" en que los figurantes iban pasando cíclicamente por los mismos lugares dando impresión de actividad. Es muy divertido.
Jueves, 23 de mayo
Francisco Margallo
JC Rodríguez, A Eisman
Ana Bou
Manuel Mandianes
José Moreno Losada
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Luis García
Bernardo Pérez Andreo
Javier Velasco y Quique Fernández