La frase que encabeza el post es muy conocida. La utilizo porque me llegan noticias sobre lo que se va diciendo por la red. Es imposible seguir la dinámica de los diferentes blogs religiosos. Se necesitaría estar pendiente todo el día de lo que dice “mengano o zutano”. De modo que lo sano es limitarse a dar tu opinión o información, si la tuvieras, y huir del teclado y la pantalla, dedicándote a temas más productivos. Sentirse el ombligo del mundo opinando sobre cualquier tema puede llevar a un cierto estrabismo. Pero si además eres mendaz en tus argumentos y pretendes sostener la verdad de la Iglesia con artes sibilinas, produces el efecto repelús. Y ahora lo explico.
Desde que estoy de vacaciones me ha dejado de interesar el debate político de este país y he olvidado encender el televisor y confieso que soy feliz, inmensamente feliz, mi calidad de vida ha mejorado, incluso creo que he generado suficientes defensas para combatir esa gripe aviesa que se cierne sobre nosotros. No hay nada como leer, pasear y dedicarse a la cocina de 1.200 calorías y sin sal. Si además aprovechas para abrir el Evangelio y empaparte de la palabra y orar con ella, aumenta el nivel de serotonina en el cuerpo.
La gente te pregunta ¿pero oye tú no haces vacaciones?. Qué entenderán por vacaciones, los días siguen siendo de veinticuatro horas. Y no hay nada como disfrutar de lo que te gusta. Y a mí me gusta lo que hago, así que me siento realizada, no necesito más que un lápiz y una cuartilla; una máquina de escribir y folios; ni tan siquiera eso, un ordenador de la generación prehistórica me basta. ¿Y la conexión a Internet?. Para nada, no hace falta, pero la aprovecho porque tengo tarifa plana.
Ayer entró de rondó un comentarista preguntándome por la fe. Sospecho que tiene mucha, aunque aparentaba ir de pardillo; sin embargo me preguntó cómo es que no nos aclaramos entre nosotros, los cristianos, y hay tanta variedad de iglesias. Un buen puntazo para seguir con el ecumenismo según el mismo catecismo de la Iglesia católica:
Me pregunto cuántos días seguirá presente la fotografía del teólogo Torres Queiruga en religióndigital. Y en qué quedará esa supuesta sanción de la Iglesia a su obra, o parte de la misma. Resulta curioso que a algunos les preocupe la fe de los sencillos y no sientan el más mínimo rubor de escandalizar con cualquier noticia. No soy de las que tiene por costumbre leer teología, pero sí obras religiosas más livianas. La densidad y profundidad de algunos teólogos, me aburre. En cambio, tengo presente el Catecismo y recurro a él con frecuencia. Creo que se hizo una labor maravillosa para trasmitir con claridad la fe de los creyentes, dejando de paso unas pistas muy claras para profundizar en cada uno de sus apartados.
El título sale de un comentario en un blog; es una frase que me ha impactado, por lo que tiene de concreta y real. Se puede ser santo con una dictadura atea y también dentro de una sociedad con un relativismo moral a ultranza. Pero no se puede ser santo sin la gracia de Dios y una vida dedicada a ese propósito. Sin embargo, la palabra santo conlleva una hagiografía pacata que la gente ha terminado por aborrecer. Y es que no se puede crecer un palmo de estatura, ni alcanzar la virtud por mérito propio. De manera que el listón puesto en imágenes beatíficas, sin apenas genio ni color, ha hecho mella en muchas generaciones.
No obstante, el objetivo de la vida cristiana es la santidad en cualquier condición de vida. Y a ello se debe aspirar. Hoy celebramos “El Cuerpo y la Sangre de Cristo”. Y no dejo de pensar que cuando vivimos el misterio de la Eucaristía también ofrezco mi cuerpo y mi sangre por los demás.
Tras la reunión del G-20 parece que se abre un periodo donde la crisis global encuentra respuestas globales. Poco me importa qué medidas arbitren, mientras sigan existiendo paraísos fiscales y ejecutivos que sangran a sus empresas, al tiempo que reducen la plantilla para poder mantener sus salarios. Creo que en estas fechas recien iniciada la Semana Santa, conviene recordar un poco el Catecismo. Manual de primeros auxilios para el creyente.
En este caso y a la espera de la Encíclica social que Benedicto XVI tiene en marcha, he hecho un repaso al séptimo mandamiento. El respeto a las personas y a sus bienes, exige un cuidado exquisito con lo que nos es confiado. Tras la intervención de la Caja Castilla la Mancha, nos queda abierta la duda y también el reproche. ¿Por qué tiene que pagar el Estado por el derroche de unos malos administradores?. ¿Qué podemos decir los creyentes ante la grave crisis mundial?.
El tema de la catequesis sigue archivado en la mentalidad de cientos de fieles creyentes con ribetes de leyenda negra. De hecho se considera que la religión en la escuela debe estar fuera del adoctrinamiento, palabra que suena malsonante, pero que está en boca de todos desde que se aprobó la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Con motivo del post anterior “Por qué vamos a misa los cristianos”, alguien apuntaba que nos hace falta catequesis. Cierto, por eso listo y eficaz el gobierno lanza unas consignas que debe asimilar toda la ciudadanía. Pero visto así, el catecismo entra por el ojo izquierdo, porque ya lleva encima el “San Benito”. Y no debemos entender la catequesis como asimilar doctrinalmente lo que creemos, sino más bien un aprender a amar la fe que nos han legado.
En su momento hice saber que trataría algunos puntos del catecismo. Y hoy he querido retomar el tema, he abierto el catecismo al azar. La emoción me ha embargado, allí en letras mayúsculas y rojas quedaba reflejado EL BANQUETE PASCUAL. A quienes no les suene nada el tema les recuerdo que forma parte esencial de nuestra fe. Pero mejor que lo lean; por si no disponen del catecismo aquí les dejo el texto:
1382 La misa, es a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Pero la celebración del sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por nosotros.
Seguro que no les queda nada claro. Así que voy a lanzarme al ruedo y dar mi particular visión que, con toda probabilidad gustosamente rectificaré si fuera errónea en algún sentido. Cada vez que escucho: “Tomad y comed, este es mi cuerpo”. “Tomad y bebed esta es mi sangre”. Sé que Cristo se une a mí de manera que suple mis debilidades; pero además me pide que yo también me dé en cuerpo y sangre a los demás, es decir totalmente. De manera que ya no soy yo la que obra, sino que es Cristo quien obra en mí. ¿Un poco complicado, verdad?. Pues reparemos en la anáfora que acompaña a este grandísimo misterio:
“Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia hasta el altar del cielo, y por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición”.
Después de leerlo se entiende la necesidad de comulgar de manera frecuente.
Mientras el marasmo sube de tono y se agitan los vientos laicistas, La Iglesia sigue firme en la defensa del ser más débil. Pueden ustedes pensar libremente, que es una rémora para la sociedad actual y su plena modernidad. Pero el hecho es que importa y mucho que se desechen los embriones, que se congelen y manipulen. Hay muchos intereses para difuminar las fronteras de la vida, con el todo vale si satisface un anhelo que antes sólo podíamos atribuir a la voluntad de Dios. Hoy la vida se encuentra junto a los tubos de ensayo y las maquinarias sofisticadas del laboratorio. Y cuando los expertos de la Iglesia han abierto la voz, lo hacen de nuevo para defender al ser más débil. Por encima de apetencias personales o caprichos circunstanciales.
La frase que titula este post la hemos oído en multitud de ocasiones. A mi me gusta mucho y creo que va bien para lo que quiero decir.
Una de las adherencias de los blogs es su estilo provocativo. Hay que conseguir lectores al precio que sea, para ello adquirimos un modo de comunicar que suscite controversia, que produzca polémica, que incite al diálogo o a la confrontación. Ese sería uno de los talentos de hábiles comunicadores que reciben cientos de comentarios cada día.
Sin embargo, nosotros leeremos este domingo “la parábola de los talentos” en otra clave. No será la del éxito fácil y ramplón haciendo concesiones a la galería. Será el fruto de la semilla del reino que anida en nuestro corazón. En ella lo importante no es brillar con valores humanos, sino en la fe, la esperanza y la caridad.
Es cierto que debemos denunciar aquello que nos produzca escándalo y no se ajuste a la fe que profesamos, pero la manera como se realiza cambia mucho el mensaje. Siendo siempre el mismo, no es igual imprecar que sugerir. Y hay que escuchar el canto de los pájaros y ver los lirios del campo con un espíritu bucólico para alegrarse con el mensaje del Reino. Que no es un mensaje de condena sino de conversión, de redención.
En este día especial que celebramos a los fieles difuntos. Ya indicaba ayer que también recordamos a los menos fieles. Oramos por los creyentes y no creyentes. ¿Qué pasa con los familiares que no fueron fieles a la vocación del cristiano?. Confiamos que la misericordia divina los ampare y también oramos por ellos a lo largo de todo el año. Nadie sabe en qué consiste el juicio de Dios, pero no cabe duda que hay una justicia final. Por eso no quiero dejar pasar por alto todas aquellas víctimas inocentes de la violencia en decenas de países. En especial quiero recordar a Asha Ibrahim Dhuhulov, ajusticiada por un tribunal islámico y lapidada por adúltera, cuando ella había acudido a la justicia para denunciar su violación por tres hombres.
Estas víctimas silenciosas que caen en un goteo diario también son fieles difuntos. Aunque profesen otra religión. Porque al igual que Cristo, han sido víctimas inocentes en manos de otros. Y la esperanza que nos sostiene a los creyentes, es la esperanza de la resurrección, del encuentro con el Padre. Ya lo decía Víctor Frankl psiquiatra fundador de la logoterapia, que sobrevivió a un campo de concentración nazi: “Quien tiene un porqué siempre encuentra el cómo”.
No sé si la gente le interesa ser o no ser buena persona. Tampoco se entiende muy bien en qué consiste ser buena persona. Para unos es sencillamente no robar ni matar a nadie. Para otros, ser solidarios y compasivos con todos. Para quienes fuimos educados en la religión católica, ser buena persona era algo más: tener palabra; ser veraz, no mentir; esforzarse en el cumplimiento de las tareas diarias, bien fuera estudiar o trabajar. Aquello de ser un hombre o una mujer de palabra tenía mucha importancia. Ahora, me temo que esas cosas no se llevan.
Pero a mí me consta que sigue habiendo muy buenas personas, de esas que se desviven por hacer la vida agradable a los demás. Supongo que esa es la mejor de las fórmulas para la felicidad. Vale más una persona positiva y dispuesta a ayudarte cuando le necesitas, que ciento y una promesas de quien nunca te echa una mano en nada. Y esto les guste o no a alguno de mis lectores, se da más cuando se recibe una educación con valores que van más allá de ser buenos ciudadanos.
¿Cuál es el sentido de la vida?. ¿Aquello por lo que estamos dispuestos a todo?. Para muchos la familia es el recinto sagrado por el que son capaces de sacrificarse. El amor hacia los otros, un amor de ida y vuelta, justifica su existencia. Hoy es el día del Domund y son miles los misioneros que han dejado todo para entregarse a los demás en tierras lejanas.
Para ellos se cumple la frase evangélica: “Donde esté tu tesoro allí estará tu corazón” (Mt. 6,12). Podríamos decir que para el cristiano su tesoro debería ser la fe recibida y cultivada a lo largo de su existencia. Por esa fe es capaz de renunciar al poder y la riqueza o, en caso de que los tuviera, ponerlos a disposición de los demás.
Los casos de filantropía de nuestra actual sociedad de bienestar, esconden muchas veces intereses ocultos para blanquear dinero. Así que no es oro todo lo que reluce, tras el altruismo de esos famosos de la prensa del corazón. Mientras que en la entrega de los misioneros es la propia vida la que se pone a disposición de los demás. Pero es que hoy, cualquier creyente tiene que ser testigo de su fe y debe saber trasmitir su esperanza a los demás.
Martes, 24 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Guillermo Gazanini Espinoza
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández
Koldo Aldai
Francisco Baena Calvo
Miguel Blanes Coll
Ediciones Khaf
Vicente Haya
Pedro Tarquis