Diálogo sin fronteras

Touché por la vida religiosa

17.11.16 | 10:19. Archivado en Religión

Decía mi amiga que había que pasar de una Iglesia sociológica a una comunidad de creyentes. Y nos contaba sus cuitas respeto a la vida religiosa con el desenfado de quien habla desde fuera, sin haber tomado arte ni parte en el compromiso por el Evangelio. Pero desde luego con la voz en off de quien va recordando aquello que le contaba su amiga religiosa.

Y así tuvimos en el post anterior un bosquejo de lo ha sido y es esta entrega radical por el Reino de Dios, que tantos vaivenes ha dado durante los últimos cincuenta años. No es cuestión de denigrar nada, si acaso poner sobre el tapete y reflexionar de modo común sobre una realidad que viene preocupando a la Iglesia y a los fieles.

Me pide que no le echen en cara lo que todos sabemos, que las cifras cantan y no hay relevo generacional para muchas congregaciones. Que los grandes del pasado como los jesuitas, languidecen en número, aunque eso sí, se baten con vigor en las periferias por la causa de los más desfavorecidos. Y de la misma guisa podríamos hablar del resto de órdenes y congregaciones.

Por eso mi amiga sigue contándome las cuitas que le relata la religiosa en cuestión. Y entre las mismas hay un retazo de análisis sociológico que vale la pena tener en cuenta. Para ella, la sociedad del bienestar ha despreciado el hecho religioso hasta relegarlo a la pura anécdota. Las familias que no respetan a Dios y no educan en la fe, hacen que la religión desaparezca de la sociedad. Y por mucho empeño mostrado por los religiosos para encender esa llama secreta que es don sagrado, se han estrellado con toda su buena voluntad.

Me dice que la sociedad ha cambiado, donde antes estaba Dios, incluso en el arte y la poesía, en la pintura y el teatro. Hoy abunda la zafiedad, no hay una cultura de lo religioso, no hay un pensamiento intrínsecamente vinculado a lo sagrado. Y me recuerda la escena del Alcalde de Zalamea donde Pedro Crespo grita a viva voz: el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios.

Y apunta que la causa de tanto desbarajuste obedece a que esa Iglesia sociológica ha desaparecido del horizonte de la vida cotidiana. Por eso es tan necesaria la comunidad de creyentes. Las pequeñas comunidades que vivan intensamente aquello que les ha sido donado gratuitamente por la gracia del bautismo y por la educación recibida. Y esas comunidades se forjan en las parroquias donde hay que acostumbrar a no ir de paseo dominguero, exclusivamente. Donde hay que crear fraternidad, algo que apunta mi amiga no resulta fácil, porque el ambiente en general es gélido y poco dado a la acogida calurosa. Y porque el resto de los fieles nos acostumbramos a ser tibios y cómodos.

Y eso lo están cambiando los religiosos que se siguen desgastando por el Evangelio. Intentan crear comunidades fraternas allí donde recalan, teniendo todo en contra, la sociedad de consumo, los medios de comunicación, la abulia de los mismos padres de los jóvenes por participar en el crecimiento de la fe. Porque si la fe no se cuida y se educa y se mima, languidece y terminar por apagarse como una vela mortecina.

Y entonces comprendemos que no hay mejor combate que cristianizar el mundo desde todas las fronteras, imperativamente desde la cultura, donde antaño brillaba con fulgor la sociedad cristiana. Y así con ese empeño por llevar la música, el cine, la novela y el teatro con temas donde Dios pueda estar presente, puede que combatamos la adversidad de un mundo alejado de lo sublime. Y son pocos los que se arriesgan en estos caminos de salir a la palestra pública, pero son más quienes en sus pequeñas comunidades van siendo fermento en la masa. No cabe duda de que a eso se refiere el Papa cuando habla de llevar a Dios a las periferias existenciales. Porque también es una obra de misericordia enseñar al que no sabe. Y que mayor periferia que el vacío existencial de esos jóvenes que consumen sus tardes de domingo haciendo botellón hasta llegar al coma etílico.

En la cultura está la batalla del cristiano. Saber hacer disfrutar a los jóvenes del don recibido con la fe y a su vez, arrastrarles a pensar sobre lo divino y lo humano. A disfrutar buscando en el pasado ese rostro de Dios que se encuentra hoy en todo hombre y mujer del presente. Y a todo esto el resto no podemos responder nada más que touché.


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Comentarios
  • Comentario por Moisés 22.11.16 | 14:50

    Verá SARUCE (12:46), eso de "siervos inútiles" lo traje a colación porque según Lc 17, 10 lo dice Jesucristo.

    Por lo demás, y en lo sustancial, creo que pienso como Vd. y disfruto de cosas parecidas.

    Saludos muy cordiales

  • Comentario por saruce 22.11.16 | 12:46

    Moisés, creo que muchas de las diferencias entre las personas, suelen ser cuestión de cuna, es decir, de familia, formación y de actitud.
    Por ejemplo, yo no me siento inútil, ni como siervo, ni como persona, y menos aún como hijo de Dios.
    Aunque me considere una infinitésima parte de la humanidad actual, por mera experiencia paternal, siempre albergo una ternura especial para mis descendientes, es decir, hijos y nietas (no llegan los nietos, qué le vamos a hacer).
    Creo que no hacemos un favor a los demás considerándonos "miserables", ya sea pecadores o santos.
    Por fortuna, vivo frente al mar, y su simple visión relaja mi alma, y me acerca al suelo que piso.
    También soy de los que prefieren las puertas abiertas.
    Que haya puertas me parece oportuno.
    Pero no puertas para guardar tesoros, sino para resguardarse de vientos y lluvias molestas.
    Ese mar de plata, calmado, y bordeado de nubes blancas, es pura filigrana del Creador.

  • Comentario por Moisés 21.11.16 | 16:36

    Estimado SARUCE: pues yo tengo (es decir, ya no tengo) 82 años.

    Como broma:

    Y el Papa, ayer CERRÓ la PUERTA Santa...

    Y como decían los frailes antiguamente: si puertas ¿para qué abiertas? y si abiertas ¿para qué puertas?

    Juan XXIII decía que quería abrir las ventanas y si quedaron abiertas y ahora abren las puertas, no van a ganar para calefacción... en invierno.

    En serio:

    Creo que decimos, en sustancia, lo mismo. Diferimos quizá en los "modos" y la "oportunidad". Que también son importantes... aunque no tanto.

    Y respecto a esos de que haya muchos o pocos sacerdotes y personas consagradas, no es de mi "negociado". Para los creyentes, Dios sabrá lo que hace: al final y en sustancia es de su incumbencia. Algo tendrá pensado... y decidido. A ver si todos los creyentes ponemos la oreja: todo está en los evangelios y en la enseñanza oficial y básica de la Iglesia. Siervos inútiles haciendo lo que debe...

  • Comentario por Saruce 21.11.16 | 13:34

    ,,/..
    Considero que esos ejemplos, tomados a vuelapluma, poseen la suficiente enjundia como para no echar de menos, en lo cristiano, otras formas de mostrarnos el rostro de Dios, más paternal y misericordioso.
    El Vaticano II fue algo así como la apertura de las ventanas de una casa familiar poco iluminada.
    Y la llegada de Francisco, nuestro papa, es como si se hubiesen abierto sus puertas, para que las personas, criaturas de Dios, tuviesen la oportunidad de ir de fuera adentro, y viceversa, con plena libertad, sin coacciones, ni temores imbuidos por falsos predicadores de la Palabra de Dios.
    Y en cuanto a la disminución del número de sacerdotes y religiosos, en más de una ocasión he pensado que es posible que Dios esté muy satisfecho con los que hay en estos momentos.
    Porque lo importante no es su número, sino que nos enseñen a amar a Dios y a los demás hermanos.
    Moisés, más de seis docenas de años.
    Un abrazo a todos.

  • Comentario por Saruce 21.11.16 | 13:19

    En mi juventud conocí varios curas, uno de ellos santo en vida. También los conocí famosos, tanto por su inteligencia, como por su clarividencia al exponer el mensaje cristiano. Y también he tratado con las Hijas de la Caridad que crearon escuela al cuidar y asilar a enfermos terminales del SIDA, cuando "sobraban" en cualquier otra institución oficial.
    Pero el tema en discusión era (a mi parecer), que cualquier tiempo pasado no fue mejor (y mucho menos, ejemplar).
    Ni siquiera era mejor en cuanto a las injerencias de ciertos directores espirituales en la alcoba de personas sin formación suficiente.Los sacerdotes y religiosos de cierta fama, se convertían en asesores sociales de primera magnitud.
    Me consta que en algunas órdenes religiosas sus miembros tenían prohibido, o desaconsejado, leer periódicos o revistas de interés social general.
    ¡Y luego hablaban sobre lo divino y lo humano, en algunos foros!.
    ../..

  • Comentario por Moisés 20.11.16 | 15:25

    No creo que SARUCE sea mucho mayor que yo (sería imposible, con la actual expectativa de vida humana) y que muchas de las cosas que yo ví eran casi como él dice. Evidentemente había personas y personas y gentes más o menos dóciles y calladas. Y curas excelentes (yo conocí en mi infancia y juventud a varios): caritativos, cariñosos. La "autenticidad" no es tan fácil de conocer, a veces.

    De todas maneras, le recuerdo que yo sé de otros curas (de esos que decían"modernos") que hicieron gran mal a muchos jóvenes por su "ímpetu social", digamos. Varios de ellos, entre los que me constan, después de hacer tanto daño... se fueron, se casaron, algunos se divorciaron luego...

    Conste que mi familia y yo siempre hemos sido "pobres" si bien no "de pedir".

    Y respecto a eso tan "llamativo" de las armas, recordemos que sirven para matar, desde luego, pero también para proteger. Como los cuchillos que valen para matar y para ayudar a cocinar.


  • Comentario por saruce 20.11.16 | 14:29

    ../..
    Y la actualización de la vida cristiana trajo consigo el reconocimiento de la mujer como parte imprescindible de nuestra Iglesia, y no como mera auxiliar doméstica, y de retaguardia en la oración.
    Y algo que nuestros jóvenes quizás no han conocido, es la desaparición de los anatemas, que tan profusamente se adjudicaban a quienes osasen discutir algunos preceptos muy discutibles.
    Por último, este ciclo anual, denominado año de la misericordia, nos ha regalado el rostro de un Dios amoroso, Padre que perdona las deslealtades de sus criaturas, y las acepta tal como sean, tanto con sus virtudes, como con sus debilidades, vicios o miserias.
    Ya no se bendicen las armas, ni a los ejércitos destinados a matar a otros seres humanos. Como mucho, se bendecirá a las personas, pero no a sus "herramientas de trabajo".
    Y la Iglesia Católica trata de ser la Madre amorosa, cuya cabeza es Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios.

  • Comentario por Saruce 20.11.16 | 14:15

    Creo que no se trata de estar o no de acuerdo conmigo, o con Carmen, o con nuestras percepciones acerca la Iglesia más cercana a Dios y a las personas, sino de analizar la realidad de la Iglesia del siglo XXI, relacionándola con la de mediados y finales del siglo XX, único período que yo conozco, personalmente, por haberlo vivido, y con los ojos abiertos, a Dios gracias.
    Tanto el mensaje cristiano, como la liturgia, como la vida social, en España, estaban dirigidos desde arriba, sin opción a la crítica, y hasta sin permiso oficial para "leer la Biblia", algo que hoy nos resultaría increíble.
    Soy post conciliar, porque viví las consecuencias del Vaticano II, y porque analizándolas, creí ver muchas mejoras, entre ellas la desaparición de muchas sombras, y la "llegada oficial" del amor en contraposición al dolor y al temor del cristiano.
    Cambiaron las formas con el reconocimiento de la libertad de las personas.
    ../..

  • Comentario por Manuel_RH 20.11.16 | 10:18

    Creo que en la cultura está efectivamente nuestra batalla; pero en nuestra cultura cristiana, viviendo un cristianismo auténtico y comprometido en la vida diaria. No podemos seguir saliendo del templo como si tal cosa, mezclándonos con el resto como uno de tantos y dejándonos motivar por los mismos parámetros consumistas y culturales...instalados en la vida cómoda...sin tiempo para dedicar a nadie....nosotros tenemos que ser distintos, tenemos que SER cristianos. Lo demás está en manos de Dios.

  • Comentario por Manuel_RH 20.11.16 | 09:58

    Entiendo un poco lo que dice Saruce. Si es verdad que en otro tiempo la religión brilló con fuerza era un brillo bastante fatuo en gran parte de la sociedad, cuya práctica era más bien "de cara a la galería" por miedo al qué dirán y con muy poca autenticidad. La crisis actual se gestó en aquellos años en que parecía que los templos llenos eran signo de un verdadero sentimiento religioso pero los hijos no veían en las familias una piedad auténtica. Eso y los nuevos aires de libertad hizo que la gente no se sintiera tan constreñida por algo que no sentían verdaderamente. Por eso el vaciamiento de semimarios y conventos.
    Hay que pedir siempre al Señor que envíe obreros a su mies; pero de sembrar no nos quita nadie, ni de arar y limpiar el terreno. Y pienso que en esto se falló bastante.

  • Comentario por Ruso 18.11.16 | 15:02

    Aquí relaciono las 2 últimas cosas que he dicho.

    Religiosos que entraron muy jóvenes sin vocación, fueron en buena parte quienes le dieron la vuelta completa a la vida religiosa en sus comunidades, no eran felices y tergiversaron el Vaticano II a su conveniencia, no fueron solo sus hábitos, también la vida comunitaria y la vida de oración e incluso cambiar sus apostolados, como si educar a los niños y jóvenes cristianos o predicar no tuviese valor alguno. Hay comunidades que lo llevaron al extremo, yendo a vivir a pisos, no voy a criticar la labor de algunos, pero para hacer solo buenas obras o ser una especie de asistente social, no hace falta ser religios@.

    No hay más comparar las comunidades que le dieron la vuelta a todo, con aquellas que mantuvieron la vida religiosa, haciendo los cambios necesarios, las Hijas de Santamaría o las de Pureza de María si tienen vocaciones, otras llevan años si ellas.


  • Comentario por Ruso 18.11.16 | 14:43

    Saruce, eso de las clases de religión lo veo hoy con curas nada tradicionales y parroquia con horario de funcionario.

    Tienes razón en algunas cosas, los colegios religiosos a donde los padres mandaban a los más listos y/o piadosos para estudiar, muchas vocaciones de gente que entraba muy joven en la vida religiosa, con poco conocimiento o sin la adecuada madurez, esto a medio plazo resultó contraproducente. No en todas las órdenes era así, uno de mis tíos y primos fueron con los agustinos recoletos, mi tío dejó el colegio, un primo ahora es obispo en Brasil, otro terminó el bachillerato y estaba dispuesto a seguir, le dijeron que no tenía vocación y acabó bien, no se si habían cambiado las formas o los agustinos miraban las vocaciones con más seriedad.

    Precisamente la desaparición de la vida comunitaria ha sido lo peor que les podía pasar a varias comunidades religiosas, junto con abandonar sus apostolados tradicionales y signos religiosos.

  • Comentario por Saruce 18.11.16 | 11:33

    De veras que estoy sorprendido, "pasmado" que diría el humorista.
    ¿Cuándo ha brillado con fulgor la sociedad cristiana?, pregunto.
    A mis muchos años no he conocido jamás esa brillantez, sino algo bien contrario, como la oscuridad.
    Sí que había más religiosos, encerrados en conventos, viviendo en comunidades, ellos y ellas, pro sin mezclarse con la sociedad.
    Más religiosos, sí, pero en épocas en las que estudiar en los seminarios era la forma de huir de la pobreza y de la incultura de muchas personas jóvenes, cuyas familias no podían financiar los estudios de sus hijos.
    Y los curas hablaban en latín, y se "ayudaban económicamente" con las clases de religión, en tiempos que eran bien vistos por los gobiernos de turno.
    Y los sacerdotes formaban parte importante de las "fuerzas vivas" de un pueblo.
    ¿Es eso algo para añorar?.
    Hoy existe más autenticidad, aunque el número de religiosos y de congregaciones haya mermado.

    Bloguer:
    Mi querido amigo, la sociedad cristiana ha brillado durante dos mil años. No estamos hablando de los últimos decenios, ni del nacionalcatolicismo. Sólo hay que ver un poco sin las gafas de los mass- media. Saludos.

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