Así lo leemos en el Evangelio de hoy, San Mateo (6,24-34). Se nos pide construir el día a día sin preocuparnos demasiado del mañana. No es un acto irresponsable, sino la sabiduría milenaria de quien sabe que nos vamos con lo puesto. Todo se queda aquí. Ya puedes intentar asegurarte un futuro maravilloso, que la fuerza de los acontecimientos se empeñará en hacer fracasar tus planes. Serás un actor famoso, un obispo con prestigio, un director admirado en los círculos del poder. Podrás brillar en el papel couché, ser portada de un telediario. Y todo eso carece de la mayor importancia para cuando tengamos que enfrentarnos con la mirada del Señor. Porque para un católico convencido el Reino de los cielos es la eternidad. Ese es el premio al que aspiramos. Lo demás comparado con ello, no deja de ser una boutade.
Viernes, 24 de mayo
Guillermo Gazanini Espinoza
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
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Religión Digital
Adolfo Sillóniz
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Alejandro Córdoba