La historia se empeña en recordarnos que siempre jugamos con las cartas marcadas. Porque la usura y la avaricia han estado presentes desde que se inventó esa cosa llamada dinero. Pero todavía se convirtió todo en más espeso y oscuro cuando nacieron los bancos. Vivir de prestar dinero, producir beneficios por acaparar los ahorros de sus clientes, es un negocio redondo. Tan redondo que el mal de nuestra crisis, aunque todos digamos que es de valores, en definitiva termina reflejada en esa cosa que se llama cartilla de ahorros o cuenta corriente.
Recuerdo mis inicios en el mundo laboral, cuando todavía se trabajaban los sábados, así que vayan contando el paso de los años. En ese mundo laboral donde existía la figura de aprendiz de auxiliar administrativo, cobrábamos la nómina en billetitos contantes y sonantes. Nuestro salario no estaba domiciliado en ninguna Entidad. Si hoy quisiéramos ejercitar nuestro derecho de cobrar en metálico, recibiríamos una negativa radical. El sistema nos ha absorbido con sus engaños de avaricia. Domicilie su nómina y le regalamos una vajilla. Deposite sus ahorros y llévese un ordenador. Reclamos con anzuelo cargado de veneno. Y hacia allí han ido todos, grandes y pequeños, honrados y deshonestos. Toda la sociedad depende de los bancos.
Sábado, 25 de mayo
Francisco Baena Calvo
Emma Martínez
Angel Moreno
Juan Fernandez Krohn
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Guillermo Gazanini Espinoza
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Josep Maria Tarragona