El tema de hoy por necesidad debe versar sobre el miércoles de ceniza: Conviértete y cree en el evangelio, nos dicen mientras forman el signo de la cruz con las cenizas de las palmas utilizadas el domingo de Ramos. Convertirse es una trasformación espiritual que se da en ocasiones puntuales. No todos los creyentes se convierten, muchos viven una fe rutinaria, incluso supersticiosa, que nunca traspasa el umbral que lleva a la trasformación interior. Y ese es el objetivo de la Cuaresma, que se produzca en nosotros un cambio radical, que pasemos de una fe tibia y puntual, a una fe viva y encarnada en nuestra vida diaria. Es tiempo de reflexión personal, de largas lecturas del evangelio, de prepararnos para el sacramento de la penitencia tan devaluado en las últimas décadas.
Y es que la gracia de encontrarse con el Señor pasa siempre por reconocer nuestra condición pecadora. Algo que no está de moda, que se lleva mal con una sociedad educada para reafirmar el yo, forjar la autoestima, entronizar el ego y la vanidad. Hemos pasado de una fe tenebrosa que nos aumentaba el sentimiento de culpabilidad, a una fe guay donde todos somos ideales de la muerte. Sin ningún sentido de autoexamen de conciencia, porque eso se lleva mal con la autoestima. No está de moda hablar del pecado y cuando se deja de nombrar nuestra débil condición, dejamos también de hablar del Paraíso que es precisamente aquello a lo que aspiramos.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató