El arzobispo de Valencia, monseñor Osoro, ha llamado a los cristianos a evitar la crispación en España. Como no podía ser de otro modo reivindica un cristianismo que está lleno de esperanza, que cree profundamente en la transformación de la sociedad, porque apuesta desde el principio en una trasformación personal a imagen de Cristo. Sus meditadas palabras en un discurso titulado “Desafíos y respuestas de la Iglesia ante la cultura de hoy”, nos recuerdan que el arrianismo sigue siendo la tentación más actual del hombre de hoy que reivindica `Jesús sí, Cristo no´, o bien `Jesús sí, Hijo de Dios no´. El arzobispo propone descubrir al hombre actual todas sus necesidades, entre las que se encuentra como una fundamental, la necesidad de Dios.
Es cierto que estamos impregnados de un hálito de desánimo. Envueltos en la crisis y la globalización los problemas parecen insolubles, pero no es menos cierto que vivimos acosados por una cultura pos cristiana en los albores de este siglo XXI. Desde las ágoras de comunicación se airea fundamentalmente el espejismo dualista, presentando un Evangelio solidario muy centrado en lo humano y alejado de presencia divina del Salvador del mundo. Nos ofrecen exclusivamente noticias de crónica religiosa que bien podrían llamarse salsa púrpura. Esta misma semana El País vuelve a dedicar otro artículo de Juan G. Bedoya para publicitar mentiras, donde se acusa a la Iglesia de ser subvencionada por el Estado. El laicismo casposo se adueña de tribunas mediáticas y proclama que deberán ser denunciados los acuerdos Iglesia Estado, si no se cumplen unas determinadas condiciones.
Y si todo ello no fuera ya penoso, tenemos incluso que saborear un cierto poso de amargura al reconocer que algunos católicos proclaman perlas de analfabetismo reclamando la erradicación del humanismo cristiano de las señas de identidad del partido en el poder. Como si fuera vergonzoso reconocer las raíces cristianas de nuestra civilización, como si el hecho mismo de proclamarse creyente supusiera un demérito en esta sociedad paganizada por el consumismo más ramplón. Como si la marca “cristiano” tuviera que ser devaluada para conseguir unas determinadas cuotas de poder.
La presencia de la Iglesia en la vida pública es por tanto zaherida desde todos los ángulos inimaginables. Es cierto que nos acosan, nos persiguen, nos difaman. Y ante las tonterías que se publicitan periódicamente podemos tomar las de Villadiego, callar pacíficamente y dejar enseñorearse la mentira, o bien podemos rebatir los infundios con datos y cifras que desmientan las crónicas más adversas. Al católico de hoy le falta pasión por su fe, por defender aquello que da sentido a su existencia. Hasta que no tengamos el fuego de los apóstoles prendido en nuestro corazón no sabremos salir al paso de tanto infundio.
Pero es verdad que debemos manifestar una actitud propositiva, nunca cicatera, ni mucho menos con facultad de crispar. No se trata de atacar a los enemigos por muy numerosos que sean, sino de convertir los corazones de quienes nos persiguen. Y para ello es necesario mostrar que la cultura cristiana es la cuna de la civilización europea. De ella han ido emanando reformas sucesivas que afectan a las condiciones de vida de todos los ciudadanos. Cuando se ha pretendido construir la sociedad sin la presencia de Dios en nuestras vidas, han sobrevenido totalitarismos de nuevo cuño. En el pasado fue el comunismo y el nazismo en la actualidad es el relativismo post moderno sin savia moral para regenerar la sociedad.
El hombre moderno, el hombre del futuro, si no es cristiano será hostil a Dios. Creará una sociedad de coyunturas mezquinas, donde es posible dictaminar la muerte de quienes no pueden defenderse, con excusas demagógicas. Le llamarán derecho a decidir, pero oculto entre sus pliegues se esconde la acedia, y un malestar difuso que ahoga la sed de trascendencia, la necesidad del absoluto. Algunos incluso podrán llegar a dictaminar sobre la ciudadanía hablando del bien común, pero serán incapaces de superar sus propios egoísmos. Hoy estamos asistiendo a una fragmentación de la civilización tal y como hasta ahora la habíamos conocido y el cristiano tiene en sus manos la mejor oferta: la civilización del amor.
Esa Iglesia misionera es la que reivindica la Nueva Evangelización, ese salir del útero pagano para airear lo que de verdad da sentido a la existencia. El hombre siempre ha querido ser amado y lo es, desde su inicio por un Dios que lo creo a su imagen y semejanza. Lo ama tanto que le da incluso la posibilidad de apartarse voluntariamente de su lado. Mostrar el rostro amoroso de Dios es el reto del cristiano del siglo XXI como lo fue en la imperial Roma de Nerón.
Y ¿por qué no comienza por moderar su intransigencia?
(Por ejemplo: tiene páginas y páginas para escribir y expresarse; nosotros sólo tenemos este pequeño casillero y ni siquiera eso tolera y baja aquí una y otra vez a repartir coscorrones. "Diálogo sin fronteras" y "civilización del amor", pero eso sí en este su pequeño reino vivimos bajo su fusta y no se puede decir ni mú, so pena de que extermine nuestras palabras con su ira santa)
Estimado Saruce,
Su entendimiento no me produce desasosiego. Creo que no entiende lo que he querido expresar, ya que lo que expresa es totalmente coincidente con lo que pienso. El Camino, la Verdad y la Vida es Cristo y Cristo es único. Ahora, si lee las Sagradas Escrituras verá que el cristianismo es Mensaje, Misterio y Compromiso en igualdad. No podemos quedarnos con el trocito que más nos gusta.
Saludos fraternos :)
Pues eso, muchos de los que hablan de trascendencia se olvidan de la humanidad de Jesús... es el gran error de la clericalla y feligresía integrista... Puritito monofisismo, pero claro, se dedican a arremeter con quienes recllaman esa humanidad de Jesús sin olvidar su divinidad.
Bloguer:
Aquí el único que ha arremetido es usted desde sus diferentes nicks. Y no, no nos venga a hacernos creer que le importa la humanidad de Jesús sin olvidar su divinidad, cuando antes le ha molestado que se hable de un laicismo casposo y salta como fiera herida.
Por cierto, venga a hablar de integrismo cuando criticamos a los banqueros y lamentamos la crisis actual o cuando hablamos de Grecia. Entonces calla. Hombre, qué curioso.
Para el comentarista de las 10:25 (Jesús de Nazaret)
Reivindicar la humanidad de Jesús, negando su divinidad es una herejía: el arrianismo. Reivindicar la divinidad de Jesús, negando su humanidad es otra herejía: el monofisismo. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. En cuanto a lo de llenarse la boca de transcendencia a quienes son incapaces de ser misericordiosos, no sé a qué viene. Como si una cosa fuera incompatible con la otra. No sólo son compatibles, sin que deben serlo para un cristiano.
Néstor Mora, perdona si mis palabras llegan a producirte un cierto desasosiego.
Soy cristiano, perteneciente a la Iglesia católica, opción elegida libremente, y mi fe, unida a los conocimientos espirituales que he ido acumulando a lo largo de mi ya larga vida, me "dicen" que el cristianismo no tiene dimensiones, ni reales ni virtuales.
Cristianismo es asumir y aceptar el mensaje de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, y desarrollar una vida conforme al mismo.
Y para esto último, Jesús nos indica el camino, el "único" camino, que no es otro que amar a Dios y a nuestro prójimo. PUNTO.
¿Cómo amar a Dios y a nuestro prójimo?.
Muy fácil: A Dios, sobre todas las cosas y personas, y al prójimo, como a uno mismo.
Pero los cristianos hemos mantenido un defecto a lo largo de nuestra historia, y es que hemos impuesto a los demás nuestras propias ideas y/o convicciones. Y ESO NO ES CRISTIANISMO.
El respeto a los demás forma parte del amor.
El cristianismo se desarrolla en tres dimensiones Mensaje, Misterio y Compromiso. Dimensiones que deben estar equilibradas en la proporción adecuada para no perder la centralidad de estas dimensiones que es JesuCristo, Dios y hombre verdadero. Profeta, Rey y Sacerdote. Mesías, Maestro y Juez.
Es cierto que el carisma personal de cada uno de nosotros nos lleva a desarrollarnos como creyentes a través de proporciones diferentes de estas tres dimensiones, pero sólo en la justa y divina proporción de todas ellas podemos dejar de estar a la greña y empezaremos a ser catalizadores de unidad.
De ahí que me cueste tanto entender por qué razón estamos tan interesados en crearnos nuestro JesuCristo personal. Para ese viaje no hacen falta alforjas. Ya nos tenemos a nosotros mismos como para tener que crear un cristo a imagen de nosotros mismo.
Un abrazo Carmen :)
Se puede decir: Laicismo Casposo, pero como se te ocurra decir Catolicismo Rancio, sale la sta Rottermeyer a dar con la vara.
Esta mujer es una ordinaria faltona que desmerece este portal.
Pues hay cristianos (así se hacen llamar) que jamás pronunciarían la palabras Jesús de Nazareth, porque les chirría. Se quedan con su divinidad, con que Jesús es el Juez, el Hijo, el Supertodo, con todas las cualidades que se le quiera poner pero eso de decir "Jesucristo" les queda muy grande.
Cómo se les llena la boca de trascendencia a quienes son incapaces de ser misericordiosos con los que tiene al lado...
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1a Juan 4:20)
Esto va para las Cizañinas Girls
Pues lo cierto es que hay cristianos (así se hacen llamar) que jamás pronunciarían la palabra Cristo, porque les chirría. Se quedan con su humanidad, con que Jesús fue un hombre bueno, con todas las cualidades que se le quiera poner pero eso de decir "Jesucristo", les queda muy grande. Estoy con Carmen en que nos falta pasión para defender nuestra fe. Vivimos una época de tibieza, de no querer mojarnos y eso es lo peor que puede pasarle a la fe. El mensaje cristiano es un mensaje de amor, pero también de esperanza, de transcendencia en un más allá. Ojalá vayamos despertando de nuestro letargo y seamos capaces de reflejar en nuestras vidas este mensaje.
La sembradora de cizaña reivindica qué?
Considero que ya va siendo hora de dejarnos de soltar frases rimbombantes, que no nos dicen nada a los creyentes, pero que, como los cuadros abstractos, cada uno le busca el sentido, en función de su propia sensibilidad artística, o simple capricho.
"Jesús sí, Cristo no", o "Jesús sí, Hijo de Dios, no", significan, desde la fe cristiana de a pie, rizar el rizo, o dicho de otra forma, "liar el lío".
Jesús, el hijo de María y José, Aquel que los cristianos consideramos Hijo de Dios, la persona humana y divina que vivió como hombre mortal, murió y resucitó después, quedándose con nosotros, no es un concepto que se puede contraponer al de Cristo.
Dejémonos de chorradas, aunque éstas se les ocurran a los obispos.
El mensaje cristiano no es un fenómeno de humanismo, sino de espiritualidad, de amor, de hermandad entre los hombres.
Y no existe un Cristo sin Jesús de Nazaret, ni a la inversa.
¡Ganas de complicarnos desde el púlpito!
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató