Esta es una carta abierta, una queja con sordina, un desahogo tras constatar año tras año que quienes debieran llevarme a amar más a Dios y a mis hermanos, se han convertido en piedras secas, áridas. Se pasan la vida quejándose de la falta de democracia de la Iglesia, de sus riquezas, de su necesidad de cambio. Todo es hablar para criticar. Y mira por dónde cuando a uno no le gusta lo que ve, lo mejor es proponer medidas que solucionen la situación. Medidas coherentes, lógicas.
Pero no es así, las medidas pasan por ser más mundanos que un ateo guay y solidario, humanista y buena gente. Y así no vamos a ninguna parte. ¿Sería posible que los mismos religiosos agrios y desabridos que aparecen un día tras otro para hacer la cama del laicismo más casposo, pensasen en encender la llama de la fe a su alrededor?. ¿No será que son incapaces de contagiar la fe porque la mal viven?. Se trata de estar convencidos de que llevamos entre brazos un tesoro en vasijas de barro, pero un precioso tesoro. ¿Se lo creen?.
En ocasiones leemos a otras personas para descubrir puntos de vista diferentes o para afianzar intuiciones propias. En el ámbito de la religión una vez salimos de los Evangelios tenemos a los padres de la Iglesia y a muchos santos que han escrito obras que nos sirven para aumentar nuestro conocimiento en la fe que profesamos. Son personas experimentadas en una vida espiritual profunda, que titubean para darla a conocer. Aunque apenas consigamos vislumbrar un rayo de luz, siempre nos iluminan. Y eso que las épocas de la historia que vivieron son lejanas a nosotros, casi parece que para ellos fue más fácil. Aún cuando eso no es cierto.
Por el contrario también tenemos sesudos teólogos que tras arduos estudios se sienten completamente alejados de la fe de la Iglesia, pero no renuncian a seguir proclamando sus opiniones a cuando sepan que difieren mucho de ser fieles al Magisterio. El peligro es encontrarse con los libros de estos últimos y no con los del primer grupo. Porque hallaremos mucho divismo que lleva a decir barbaridades que ningún jovenzuelo inexperto sería capaz de proclamar. Hablan al mundo de hoy ajustándose a sus patrones, sin pedir ningún esfuerzo, hundiéndose si cabe en el marasmo de la autosatisfacción.
Han sido varios los encontronazos de los monseñores en estos días pasados. Y no tendrían mayor importancia ninguno de ellos, si no fuera por ese afán de polemizar contra la Iglesia para dejarla a los pies de los caballos. La crónica del El País escrita por Juan G. Beyoda nos habla de “El jardín de los obispos”. Y al leerla una no puede dejar de pensar que se la tienen jurada a la Iglesia. El afán de buscar polémicas en las declaraciones de los obispos surge de la disociación entre lo religioso y lo laico en un mundo plural. Deberíamos respetar que los prelados orienten a los fieles, es lo menos que se puede esperar de ellos. Pero, ¡ay!, resulta que algunos fieles quieren ir por libre y no les gusta que nadie se meta en su agenda dictaminando lo que está bien o mal.
El catedrático de Psiquiatría y director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid, Enrique Rojas, ha explicado en una entrevista concedida a Europa Press que "una persona con voluntad llega en la vida más lejos que una inteligente". Quienes nos dedicamos a la educación lo hemos podido constatar a lo largo de los años. Siempre consigue más quien más empeño pone en ello. Mientras que gente muy dotada pero con pocos deseos de mejorar, no alcanza a superar los objetivos. Por eso es importante que la familia sepa educar para crecer como personas. En realidad toda la vida es un largo aprendizaje.
La virtud de la resilencia es fundamental para afrontar con coraje la vida. Y hoy por hoy la misma sociedad tiende a ir en dirección contraria. Hay mucha permisividad, mucho dejar que uno haga lo que le apetece sin educar la voluntad. No son extrañas, por tanto, las sucesivas crisis personales a lo largo de la existencia. Si todos maduramos remando contracorriente, cuando formamos una familia es indudable que el empeño para que aquello salga a flote tiene que estar por encima de nuestros propios egoísmos.
Cuando alguien se precipita en condenar al Catecismo como un museo de arqueología que ya no tiene sentido, vuelve una vez más a perder la perspectiva de la historia de la Iglesia que lleva tras sus espaldas más de dos mil años de tradición. El Catecismo es una manera de explicar la evolución de la fe dentro de la Iglesia. Allí reconocemos la fe que todos compartimos, la fe que deseamos profesar y dar a conocer. Aquella fe que ha ido creciendo y desarrollándose con el auxilio del Espíritu Santo.
El esfuerzo de la Iglesia para sintetizar el devenir de la historia de nuestra fe es encomiable. En ese supuesto museo de arqueología reconocemos el rostro de miles de hermanos que antes que nosotros oraron de manera similar a la nuestra. Los museos nos enseñan el pasado sin el cual difícilmente entenderemos nuestro presente. Doy gracias por tener a mano la historia de mi fe, allí donde se afirma que Dios es el autor de la Sagrada Escritura. Allí donde se indica que el Concilio Vaticano II señala tres criterios para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró.
Los medios de comunicación nos han dejado la noticia de la negativa de Vargas Llosa a aceptar la presidencia del Instituto Cervantes. El escritor peruano es inteligente, no quiere pasar a ser una figura decorativa, ya que su gestión al frente de la benemérita institución sería meramente honorífica. Tal vez sopese más los contras que los pros. Él es un personaje dinámico que estuvo muy vinculado a la política. Se presentó a las elecciones en Perú. No encaja en su personalidad pasar a ser una simple imagen de la marca hispana. Por otra parte ya es miembro de la Real Academia, ha ganado el premio Nobel, y además posee el premio Príncipe de Asturias y el Cervantes, junto a otros galardones. Parece que en cuanto a aspiraciones, tiene todas las metas cubiertas.
Estamos en la semana de oración por los cristianos. Lo que no deja de ser un evento significativo pero puntual. Existe la preocupación y el interés por el ecumenismo. Hay buen ambiente en una semana que da cumplida cita anual a oraciones entre diferentes confesiones cristianas. Pero no debemos olvidar que los católicos y supongo que el resto de confesiones, oramos por la conversión de todos los pecadores. Y por la salvación de toda la humanidad.
En tiempo tan revueltos como los que estamos viviendo, también se hace necesaria la oración para que Dios inspire a nuestros gobernantes. Hemos visto que cuando se han esquilmado las arcas del Estado con una desvergüenza que clama el cielo, no se piden responsabilidades a los gestores de ese desaguisado. Y cuando el nuevo gobierno intenta aprobar medidas para controlar la gestión pública, no parece que las formaciones políticas estén por la labor.
Es un enfrentamiento dialectico que no debe pasar inadvertido. César Vidal, protestante mimado por los medios de comunicación, arremete contra la Iglesia católica en Libertad Digital con una serie de escritos que están siendo refutados por Bruno Moreno Ramos en su blog Espada de doble filo albergado en el portal de Infocatólica.
La verdad es que como católicos no debemos perdernos esta contienda en condiciones desiguales. Porque el alcance mediático de César Vidal tiene una proyección determinada que le hace ser un buda viviente en cada artículo. Sin embargo, Bruno Moreno Ramos, no se achica ante esa dificultad. Puede que la serie deba ser reproducida en otros portales. Aunque sólo sea para bajar un poco los humos a un protestante que utiliza la demagogia para arremeter contra el catolicismo. Un protestante que formó parte de la cadena radiofónica de la Iglesia católica en la COPE y deberíamos añadir para más INRI.
Los seres humanos estamos hechos de una pasta que mezcla la coherencia con la picardía. Una combinación difícil de digerir según como sea la situación. Por aquello de que nos conocemos establecemos leyes, normas, reglas. Todo para que esa parte oscura del ser humano no se mezcle con lo más noble que llevamos también adherido a la piel. Y en esa coyuntura sabemos discriminar fácilmente que no hay que ser ingratos con quienes nos proporcionan la oportunidad de formar parte de su peña. Si pertenecemos a la asociación taurina, es obvio que no iremos a la manifestación contra las corridas de toros. Si somos de la peña del Real Madrid, no podemos ser hinchas del Barcelona. Hay cosas que el mero sentido común pone en su lugar.
Pues en este país de pandereta donde los profesores de religión deben cursar una idoneidad para ejercer la docencia, confundimos una vez más, los derechos civiles y personales, con la coherencia. Y damos una vuelta de tuerca a la picaresca, nos colamos como docentes de una doctrina que estamos mancillando con nuestra propia vida. Porque tenemos derecho a la libertad de hacer lo que nos pida el cuerpo al salir del trabajo. Pero eso es rizar el rizo de las leyes. Tomar el mundo por montera. El yonqui que se pique en el servicio de trabajo y sea pillado infraganti, se va de patitas a la calle. Y no puede usted reclamar su derecho a destrozarse el cuerpo. Ni la libertad de conciencia para hacer de su capa un sayo.
Al leer la carta semanal del obispo de Córdoba, don Demetrio Fernández, he recordado las dos escuelas representativas de la antigüedad helena. De ellas derivan las palabras estoico y epicúreo. Mientras el cristianismo parece próximo al primer grupo, pleno de una ascesis personal que supedita los instintos para sublimarlos en una donación gozosa a su Creador. El segundo grupo se corresponde bastante con la actual corriente hedonista de la sociedad. Ser epicúreo es tener como meta el placer en todas sus variantes.
Cuando el obispo de Córdoba, don Demetrio, reivindica la castidad como un don gozoso y recuerda que la fornicación no forma parte del plan de Dios. No es que esté condenando el placer natural en las relaciones sexuales, más bien se hace eco de que no podemos convertir en absoluto aquello que forma parte de una donación mutua y gozosa otorgada por el Creador a sus criaturas.
Ante los graves acontecimientos que estamos viviendo, existe tal sentimiento de impotencia general, que en un futuro previsible si Dios no lo remedia tendremos la desgracia de vivir revueltas y guerras. ¿Qué tiene que ver la impotencia con la guerra?. Pues mire usted cuando a uno lo echan a la calle, le embargan sus cuentas, le hipotecan la casa y todo el mundo mira para otro lado. La gente enloquece. El pueblo tiene mucha paciencia, pero llegados a un punto determinado las cosas se desmadran.
Vivimos una guerra psicológica permanente en el mundo comercial. Los bancos ofrecen sus productos en competencia que es a veces desleal. Y el mundo de las telecomunicaciones ha sido copado por verdaderos prestidigitadores del todo vale. Es increíble cómo llegan a estafar al consumidor con la picaresca de las permanencias. Atan perros con longanizas. No cumplen las normativas. Engañan con ofertas que luego no aplican. Y no pasa nada. Es decir, si pasa. La gente se enfada, se siente molesta y engañada. Y el cabreo general sigue in crescendo. La verdad es que ya no se puede uno fiar de nadie. La honorabilidad se ha perdido y te ofrecen productos que luego se convierten en contratos leoninos. Mientras otros sacan el dinero público a paraísos fiscales, sin que nadie impida tales desmanes.
María Victoria Gómez Morales, ha salido en defensa de Benjamín Forcano a quien le parece que yo he injuriado con mi artículo “El legado de Benjamín Forcano”. Me hace saber la trayectoria intelectual de uno de los teólogos progresistas que la Iglesia ha tenido a bien retirar de la docencia, así como cuestionar sus escritos, especialmente en lo relativo a la moral sexual. Yo sólo quiero expresarle mi sorpresa. Porque expliqué muy bien que el escrito versaba sobre un opúsculo del teólogo donde cuestionaba toda la doctrina de la Iglesia católica bajo el caritativo y fraternal título de “Colón, pensamiento integrista sobre la familia”.
María Victoria tiene la respetable edad de 86 años, es una ex religiosa redentorista que salió al ruedo con un escrito en El País titulado “La vara del cardenal”. Allí entre otras cosas se comentaba su denuncia contra Rouco Varela, Agustín García-Gascó, arzobispo emérito de Valencia, y Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona, por violación del derecho canónico, omisión de deberes pastorales, coacciones y consentimiento de denuncias calumniosas en medios católicos. Una mínima muestra de por dónde van sus afinidades eclesiales.
El escritor Álvaro Pombo, ganador del LXVIII Premio Nadal de novela de la editorial Destino con El temblor del héroe, ha subrayado este sábado que su obra trata sobre cómo se descuidan las relaciones humanas, y ha asegurado que "hay que hacer el bien porque el mal ya está hecho".
No tengo inconveniente en reconocer méritos a quien los tiene. Y la frase merece un post y algo más, tal vez la reflexión de muchas personas en torno a la necesidad de obrar bien, de tener principios, y la suficiente madurez para no caer en la banalidad en la que bulle nuestra sociedad.
De Álvaro Pombo se pueden decir muchas cosas. Su homosexualidad no le aleja para nada de cierta corrección de pensamiento, al afirmar sin bagajes que el matrimonio homosexual le da risa. No vamos a entrar en detalle sobre el tema. De su labor como académico, poeta y reputado novelista que ha conseguido la mayoría de los premios de la narrativa española, da fe su dilatada biografía. Este santanderino en una rueda de prensa en el Hotel Palace de Barcelona tras recibir este viernes el reconocimiento, ha relacionado la trama de su novela con la actualidad política y económica, afirmando que "la presente situación es una prueba de que hay que hacer el bien porque no se ha hecho".
En estos momentos que estamos a unas horas de celebrar la Epifanía sobreviene la imagen de la larga cabalgata de Reyes y la pasión desenfrenada por el consumismo que convierte las calles en masas multitudinarias que se agitan de tienda en tienda. Se hace necesario regalar, dar, pero no exclusivamente cosas materiales. Porque la Epifanía es la manifestación de Dios entre los hombres y en ella brilla la luz que alumbra todas las naciones. Los Reyes le adoraron y le obsequiaron presentes de profunda carga simbólica. ¿Conocen eso nuestros niños?. ¿Saben del inmenso sentido de la adoración de los magos a Jesús?. Más bien parece que les enseñamos a adorar una fecha que les va a proporcionar una compensación envuelta en papel de regalo. No es que desee ser agorera, ni mucho menos cargarme una simbología tan maravillosa. Todos hemos sido niños y la ilusión de aquellas noches de Reyes que acompañaron nuestra infancia, debe permanecer presente también en este siglo XXI.
Resulta complicado llevar un blog. Y mucho más hacerlo desde el humanismo cristiano, sin que eso signifique caer en lo pacato. Me refiero que a veces, puntualmente, tenemos derecho a indignarnos. Podemos respetar a la persona, concederle el derecho de expresión y de libertad de conciencia que todo ser humano merece, pero no debemos arrugarnos frente a lo que a nuestros ojos es una arbitrariedad. Especialmente cuando se posicionan desde una visión que consideramos errónea. Es prudente recordar aquello “de corregir al que yerra”. De manera particular cuando se yerra de modo pertinaz.
En mi caso deseo explicar que no tengo nada en contra de muchas personas con las que me he enfrentado en mis artículos. No me mueve ninguna aversión personal hacia nadie. Creo profundamente que todos somos hijos de Dios y que éste nos ama de manera inconmensurable. Partiendo de ese principio todos somos hermanos. Y hemos sido convocados por Jesucristo al amor fraterno. Estoy segura que si conociera personalmente a aquellos de quienes he hablado con mayor o menor contundencia, podría tener una relación fluida y amistosa. No es necesario pensar igual para sentir respeto por el diferente. Todos convivimos con personas que no piensan igual que nosotros y mantenemos una relación cordial.
Tras leer el opúsculo de Benjamín Forcano publicado en Religión Digital bajo el epígrafe: “Colón pensamiento integrista sobre la familia cristiana”, me he quedado unos días pensando si vale la pena responder. Hay numerosas pistas en la red para calificar a este exclaretiano de iluminado de la Nueva Era. Un señor que ha hecho un daño irreparable en la Iglesia, ayudando a deformar numerosas conciencias católicas. Este señor se ha lanzado sin paracaídas contra la Iglesia y sigue comiendo de ella. Cada una de sus afirmaciones es una puñalada en el Cuerpo de Cristo. No hay nada más zafio que intentar vender un producto adulterado como auténtica teología. Y no quiero cuestionar su persona, sino su trayectoria cada vez más escorada y radical.
En realidad se trata de pensamientos propios hilvanados a lo largo de una larga metamorfosis que se materializa en publicaciones heterodoxas llenas de frustración contra las normas de la Iglesia. Yo no tengo nada que objetar a que este señor viva de acuerdo con lo que él estime o considere oportuno. Pero me parece alucinante que intente pasar por cristiano y católico todo lo que a él se le ocurra decir. Y que tenga el atrevimiento de calificar a la Iglesia de integrista.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató