Me lo decía ayer, y lo decía con tristeza. Hablábamos de nuestros padres fallecidos, ella sobre los suyos y yo del mío. No cree en la vida eterna. No cree que haya vida después de la muerte. No lo hacía desde un ateísmo visceral, sino desde la frialdad de un catolicismo apagado, mortecino. Y me pregunté qué le podía decir. Mis únicas palabras fueron si no le parecía un milagro la vida. Y es cuestión de pensar en ello. La cantidad de probabilidades para no existir son tan enormes. Que el sólo hecho de estar en este mundo merece ya un canto de alabanza a Dios. Ese respeto a la existencia, como don, como gozo, desaparece en muchos creyentes. Y desde luego no existe para quien carece de fe.
La gente de principios, de cualquier extremo, es visceral. Lo son los de Europa laica que sufren una especie de indigestión cada vez que sale el ejército detrás de una procesión. Y ni les cuento lo que opinan respecto a que presidan alcaldes o políticos estas celebraciones. Con la fiesta del Corpus recién horneada, no falla el manifiesto reivindicativo del laicismo. Y tienen como portavoz a algunos creyentes abducidos, que sufren el complejo de su fe.
Acompañar esta imagen no es lo mismo que adorar la presencia del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Pero después de comprobar como se insulta lo más sagrado, merece la pena desagraviar tanta blasfemia. Que por encima de las imágenes del video sobre la procesión blasfema, quede el Santísimo expuesto para limpiar el odio de los corazones.
Estar próximos a los postulados críticos nos convierte en progres. Pero a nadie se le ocurre pensar que lo progre es una máscara griega de ese gran teatro del mundo que establece los criterios de pensamiento en base a un bombardeo paulatino de consignas y ademanes. De esa manera el progre sabe que debe salir todos los fines de semana y beber desaforadamente un litro de algún elixir que le haga subirse a la cresta de la modernidad, luego probará los efluvios amorosos convencido que ejerce la máxima absoluta de la libertad, aquella que hace posible cualquier revoltijo entre sexos indistintos porque la bisexualidad es una consigna más del imperio de lo moderno.
El progre no quiere constituir una familia, ni responsabilizarse de la educación de su prole, es un Peter Pan inmaduro que sigue queriendo perpetuar el libertinaje de costumbres sin tener que dar cuenta a nadie de sus propios errores; eso sí, por el camino dejará a los heridos en el combate del egoísmo. Caerá algún amigo que pensó en la virtud de la amistad como la noble relación que hace posible una sinceridad y honestidad a prueba de balas. También quedará en la cuneta la pareja amorosa del momento que llegó a pensar en consolidar algo serio si cedía a la lascivia del fin de semana.
Llevo más de un lustro en Religión Digital, cuando éste era un portal modesto con un grupo de bloggers heterogéneos. Entre ellos La Cigüeña de la Torre quien con su agudo pico no dejaba títere con cabeza. Gracias a su página he podido seguir el prêt à porter religioso en la denominada “pasarela de los adefesios”. Y si bien es cierto que el hábito no hace al monje, después de ver tantas imágenes de consagrados con aire alicaído, he de concluir que al menos el hábito les reviste de una presencia muy mejorada. No cabe duda que en algo les embellece. Aunque no seré yo quien niegue el derecho a las religiosas de elegir llevar o no una vestimenta identificativa de su consagración al Señor. Algunas, ni tan siquiera optan por colgar una cruz bien visible en su indumentaria. Parece que el aggiornamiento pasa por hacerse invisibles al mundo, algo que también afecta a muchos sacerdotes y religiosos.
He tenido un fuerte encontronazo con alguien a quien aprecio de verdad. La cuestión banal en sí misma, aunque muy profunda en su origen, era la calidad de una película de moda. Una de esas películas montadas con un guión que cuadra perfectamente con una imagen de la modernidad, pero llena de los tópicos de esta sociedad que intenta relativizar los valores sociales. Y no era una película que tuviera escenas típicas de sexualidad explícita, sino algo peor. El ambiente de un grupo de amigos manifiesta un vacío existencial abrumador. A medida que pasaban los minutos más me preguntaba por lo extraño que me resultaban sus diálogos. Y al finalizar supe que no me gustaba porque publicita unos valores con los que no me reconozco. Pero mira por donde, eso era precisamente lo que más le gustaba a mi interlocutora, porque según ella era un fiel reflejo de la sociedad.
En cultura como en la moda, causan impacto las novedades, sin más criterio que la de ser recomendado por amigos y conocidos. Ese boca a boca corre como la pólvora. Por eso una buena promoción hace nacer un libro. Y una magnífica novela puede dormir el sueño de los justos, olvidada y condenada a no vivir. Las modas han existido en toda época y lugar, sin que ello denotase mayor calidad y talento. Y las palabras sufren ese bamboleo en manos de los literatos. Hay maravillosas páginas llenas de un lenguaje pulcro y depurado que nos hacen gozar lo que es literatura de la buena. Pero no por ello son estimadas por el público. En cambio poseen el privilegio de pasar al Olimpo de la historia literaria, se editan una y otra vez y son materia de estudio en Universidades e Institutos.
Es la hora de las preguntas, a escasos dos día de la toma de Madrid y de otras capitales por el tropel de indignados reclutados en Internet. Nadie quiere ver demolido el estado de bienestar, pero se juegan muchas cosas en este pulso permanente a las instituciones democráticas. Aunque no estemos de acuerdo con las medidas del Parlamento Europeo y, sus recortes sociales, al menos convengamos que defendemos la democracia, y la consideramos mejorable. La defendemos porque con sus defectos es la mejor opción. Y la queremos mejorar, con reformas que hagan posible el verdadero sentido de la palabra de etimología griega, cuyo significado como es bien sabido se corresponde con el gobierno del pueblo.
Y ahora algunos, no sabemos bien quiénes, manejan los hilos entre bambalinas para hacer tambalear el sistema. Que está débil, no cabe duda, pero que necesita alternativas, no un pulso permanente a su credibilidad. Estos jóvenes indignados quieren atribuirse la representación del pueblo, sin urnas, a golpe de clic en las redes sociales. Y así llegamos a convocatorias de tipo kale borroka, guerrilla urbana permanente, cuyos brotes violentos pudimos comprobar en Cataluña.
Hoy toca hablar de mujeres. De ese tipo de personas cuyo ejemplo basta para comprender que son capaces de cambiar el mundo. No el global, por supuesto, pero sí el que les rodea, el más inmediato, el de los seres que conviven con ellas. Destacan por su labor a favor de los demás, a veces en condiciones precarias. Mujeres fuertes, nobles, zarandeadas por la vida y que saben rehacerse de cada envite.
La llaman la “Madre Teresa de Burundi”, Marguerita Barankitse vio como mataron a su familia. Algo por lo que tuvieron que pasar muchas otras personas en ese país asolado por una guerra tribal capaz de ejecutar a machetazos a quien se pusiera por delante. Soltera, adopta a siete niños hutus y tutsis, entre ellos Chloé Ndayikunda, de etnia hutu, que había perdido a sus padres en 1972, durante la primera depuración étnica. En octubre de 1993, al degradarse cada vez más el clima político, Maggie esconde a varias decenas de hutus, tanto adultos como niños, en el obispado de Ruyigi. El domingo, 24 de octubre, por la mañana, irrumpen unos asaltantes tutsis armados de porras, machetes y piedras, y atacan el obispado. Maggie trata de interponerse pero la pegan, la atan a una silla, prenden fuego y, en el patio, asesinan ante sus ojos a 72 personas.
Todos los humoristas gráficos pecan de lo mismo. Al sintetizar en pocas palabras y con una imagen un contenido, se pueden quedar lejos de expresar bien lo que quieren, incluso pueden llevar un mensaje equivocado a quien lo lee. Dice Cortés que lo importante es “lo que haces”, no “lo que crees”. Tiene gracia, hemos pasado de una fe piadosa a una anti fe activista. Y así nos encontramos con una juventud llena de propuestas solidarias, capaz de colaborar en Cáritas como si ésta fuera una ONG, pero vacíos del contenido que nutre la esencia de nuestro Credo. Yo no diría que lo importante es lo que hacemos, aunque bien sabemos que las obras muestran más que las palabras. Pero eso no significa que debamos olvidar nuestra propia impotencia para obrar el bien. Pues como todos experimentamos incluido el mismo San Pablo: No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. (Romanos 7, 19). Cortés simplifica en viñetas sus golpes de intuición religiosa. Y la falta de explicación puede llevar a conclusiones erróneas. Pero eso son las cosas que tiene el humor gráfico, un fogonazo que provoca cierta complicidad y nos hace sonreír, o incluso nos escandaliza.
Este post no se entiende sin el anterior, por tanto a él me remito.Pues sí, surgen como hongos por todos los foros. Son los radicales laicistas que caldean el ambiente con consignas. Y es verdad que no los vamos a combatir con sus mismas armas. Ellos agitan el tridente para hacer parecer a la Iglesia como “la caverna” que se opone a la sociedad moderna. Y qué se puede hacer con quienes son incapaces de tener un criterio propio que no sea el de los vientos relativistas actuales. Defienden la “libertad” pero la confunden con el egoísmo de hacer lo que quieren. Eso no es libertad, es la carta de entrada a todo tipo de errores. Y por otra parte ante la falta de argumentos frente a la Verdad del Evangelio, juegan a confundir la fe con las estructuras sociales de la Iglesia.
La idiocia aumenta en proporción desorbitada en los medios. Se podría pensar que habiendo tantos temas conflictivos las tonterías pasarían desapercibidas. Pero no es así. Todo el mundo destaca que Juan Cotino recién nombrado Presidente de las Cortes Valencianas haga uso de posición para llevar un crucifijo a su mesa. Y tal y como están las cosas una casi se sorprende que estemos hablando de estos temas y olvidando todas las causas pendientes de corrupción. Pero es así.
Da igual que todos seamos testigos cada legislatura de cómo juran o prometen sus cargos los Ministros, ante el mismo crucifijo que preside estos actos desde el inicio de la democracia.
“De dioses y hombres” no se trata solo de una película bien hecha, cuyos intérpretes bordan su papel. Hay que agradecer algo mucho más profundo, el regalo de poder introducirnos en los días previos a un asesinato, un martirio por fidelidad al pueblo argelino y a la fe que profesaban los monjes de Tibhirine. Conocemos la historia de estos siete trapenses del monasterio de Nuestra Señora del Atlas, que fueron capturados y tomados como rehenes, hasta culminar en su cruenta muerte en marzo de 1.996. Son contemporáneos nuestros, caídos en manos fundamentalistas, en ese choque de civilizaciones que hoy nos atenaza de manera global. Estaban lejanos los acontecimientos de las Torres Gemelas, pero la película permite comprender con toda su crudeza la irracionalidad de esas fuerzas ocultas que golpean cada cierto tiempo a los pueblos.

El guionista Joe Eszterhas, creador de obras llenas de sexo y violencia que han pasado a la historia de la cinematografía con títulos tan significativos como “Instinto básico” también tuvo su camino de Damasco. Una vida sin valores, le llevaría sin embargo a encontrarse con Dios. Y se siente agradecido por ello. He conseguido un breve testimonio en video que nos descubre la importancia que dan los conversos a contar su experiencia a todo el mundo. No se lo pierdan, lo encontrarán al final del texto.
Lo que más impacta en estos relatos es precisamente que llegan a la gracia de la fe de manera insospechada. Nada hace presagiar su encuentro con Dios. Y ellos mismos reconocen no merecer esa gracia, por lo que sienten siempre que se encuentran en deuda con la vida. Son conscientes de cómo era su ayer y su después. Y encuentran motivos para abrir los ojos a los demás, quieren que otros vean la luz al final del túnel.
Mi pequeña María te lo vuelvo a repetir: Viniste a nuestra vida gracias a Dios. Has surgido de esa chispa divina que es capaz de crear de la nada y es capaz de amar incluso aunque nosotros no le amemos. Te hablo del Creador, de quien todo procede. Por la noche le damos gracias, al levantarnos también le agradecemos esa nueva mañana que nos regala. La existencia es un misterio de amor, mira las estrellas, ese manto de luz que nos cubre por la noche y que oculta el Universo. Y mira al ser más pequeño de la creación, todos ellos con un objetivo, con un ciclo de vida que contribuye al equilibro.
Perdemos el tiempo viendo miles de anuncios publicitarios, pero no estamos acostumbrados a detenernos en esas confesiones públicas de la fe que permiten los medios audiovisuales, y empiezan a ser conocidas gracias a los blogs religiosos. Son nueve minutos, apenas una minucia, donde una ex-evangélica nos explica su conversión a la fe católica. Y lo hace con tanta alegría y convicción, que más de uno puede sentir ganas como ella de visitar una iglesia, y pedir la gracia al Señor. Si ella recibió esa fuerza interior que le ha llevado a comprender la fe católica. Cuántos de nosotros, tibios cumplidores de domingo, necesitamos a su vez, una buena dosis de gracia para caminar en la fe.
Sucede en ocasiones que se origina una disputa por algún comentario. Alguien vuelve a la muletilla de que “lo importante es amar”. Y lo hace con su correspondiente cita evangélica. En cambio yo apostillaba que hay que encarnar ese amor en los actos. Y para eso sirve muy bien el catecismo que nos marca como hemos de amar. Lo hace fundamentalmente a través de los Mandamientos, explicando en detalle cada uno de ellos. A mi juicio esto es imprescindible, si el amor no se encarna en actos, queda en vana palabrería. Alguno dirá que lo importante es amar, pero a continuación no perdonará al amigo que fue descortés en su aniversario. Lo que intento explicar es la necesidad de adquirir un buen catecismo de la Iglesia católica para conocer la propia fe. No basta el Evangelio, hay que saber leer los textos y relacionarlos. Hay que saber discernir. Y cuando no se tiene experiencia se aprende de mano de la misma Iglesia con humildad.
Es una larga historia que ya dura más de treinta años. Proviene como consecuencia del triunfo del franquismo y la larga estela del nacionalcatolicismo. Años de predominio católico donde Iglesia-Estado caminaban juntos. Férreo control de los medios para evitar la libertad de expresión y con ello blindarse ante cualquier crítica. Es parte de nuestra historia y fue el germen de una disidencia utópica que sentía simpatía por la izquierda y su lucha de clases. La influencia de la Teología de la Liberación y su opción por los pobres reforzó aquel estado de cosas. Y ahora esos hijos díscolos y acomplejados se lanzan en los brazos de cualquier protesta, pero callan las calumnias y zancadillas que lanzan sobre la propia Iglesia.
Viernes, 24 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Movimiento Rural Cristiano
Guillermo Gazanini Espinoza
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Josep Maria Tarragona
Religión Digital
Adolfo Sillóniz
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo