
Señor, enséñame a amar.
Cuando la calumnia me rodee
que no tenga odio en mi corazón.
Cuando la mentira me salpique
que desee lo mejor a mi enemigo.
Cuando la maledicencia me oprima
que mire siempre tu rostro
para no caer en la venganza,
para sanar mi corazón agitado,
para responder con bien, orando
por aquellos que me hicieron daño.
Pero yo Señor sé que sola no puedo,
que necesito que me inunde
Tu mirada, que me sane por dentro.
Porque por mi misma estoy llena de impotencia.
Me pides amar al enemigo
y ni siquiera sé amar al amigo.
Sana mi interior de envidias,
de deseos mundanos que me alejan
de Tu presencia. Vacía mi corazón
de todo aquello que me separa de Ti,
porque todavía pienso como el mundo.
Dame la fuerza de poner la otra mejilla,
de orar por mis enemigos, de procurar
hacerles el bien, aunque me duela.
Porque el amor duele. Duele perdonar,
duele escuchar cómo nos ofenden
y dejar los brazos caídos.
Gracias por ser mi guía en la oscuridad
Mi luz en la noche
Mi Dios y mi Todo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas. Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»
Mateo, 5,38-48
Los comentarios para este post están cerrados.
Caray, Carmen, qué bonito. Hay una frase que para mí lo resume todo: "todavía pienso como el mundo". Cierto: o pensamos como Jesús en la Cruz, o en realidad seguimos sin ser cristianos. Un saludo!
Me identifico totalmente con la oración de Carmen...y los comentarios de los demás.
Es una oración que todos necesitamos. Nos desgastamos muchísimo.
Carmen:
Preciosa oración, y como señala Inmaculada, lo más difícil. Sin embargo, curiosamente, solamente el perdón hacia quien ha ofendido o dañado, es el único remedio para sanar las heridas que esa persona ha causado. Cristo solo quiere nuestro bien.
Un cordial saludo.
Muy bonito, Carmen. Y lo más difícil, porque cuando alguien te hiere, cómo cuesta mirarlo como lo que es, un hijo de Dios. Pero en este camino vamos y hay que hacerlo cada día, o al menos intentarlo, con la ayuda del Señor. Desde luego, sin Él, imposible.
Blogger:
Efectivamente, Inmaculada, con la ayuda del Señor, todo es posible. Saludos.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató