El pluralismo religioso evita el fundamentalismo. Sí señor, eso es un buen titular. Los cristianos socialistas deben ser la única corriente ideológica que reza en cristiano, piensa en musulmán, habla en chino, vota en judío y se despierta todos los días mirándose al espejo para saber bien de qué va la cosa. Pero no pasa nada, hay que sacarlos a pasear, igual que a los niños de la ciudadanía, se les muestra el paisaje y se elabora un discurso parecido a un sincretismo sufí, la mar de resultón. Por eso insisten tanto en decir que la herencia del cristianismo es el socialismo del puño y la rosa. Algo que no se cree ni Umberto Eco que noveló de modo magistral El Nombre de la Rosa, en los años ochenta del siglo pasado. Década prodigiosa bautizada como “movida”. Donde todo el mundo entonaba convencido aquella canción de Alaska: “¿A quién le importa lo que yo diga, a quién le importa lo que yo haga?”. Y de aquellos barros estos lodos.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató