El Vaticano tiene que reflexionar. Hay que dar cancha a las nuevas tecnologías. La confesión del Iphone es lo más innovador que a nadie se le haya ocurrido para la reevangelización de la descreída Europa. Como lo oyen, es casi una puerta abierta al examen de conciencia vía telemática. Una gozada. Pero eso sí, al final de la jugada siempre tendremos que soportar a la centralita y la grabación de sus monotemáticas preguntas: Si tiene alguna duda pulse 1; si no encuentra su pecado pulse 2; si quiere volver a leer el examen de conciencia pulse 3; si no quiere ninguna de estas opciones espere y un confesor le atenderá. Yo es que me parto. Pero no acaba ahí la cosa quiero que detrás del hilo se encuentre el Padre Fortea. Con su afición por el chocolate y el control exhaustivo de su peso, es imposible que me avinagre el día. Aunque eso sí, como bien ha matizado el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, la confesión es un diálogo personal entre penitente y confesor, así que vuelta a empezar en la parroquia más cercana, pero ya con las ideas claras.
No me negarán que es todo un puntazo. Seguro que más de uno descargaría el programa por puro morbo. Éxito total. Un filón, una mina por explotar. Ahí mismo un enlace con las Veroniquesas de Lerma y la jugada maestra está conseguida. Ellas y su afán por la Palabra de Dios a ritmo de guitarra y pandereta, rematarían la faena con un olé, palmas y vuelta al ruedo. No me tienten que me conozco. Dejemos las cosas tal y como están. La nueva evangelización requiere del uso de la técnica pero con los criterios que cualquier mente en sus cabales reconocería. No tiene color comparar la fría recepción de un cuestionario con la pregunta adecuada y aclaratoria.
Reconozco que me llama mucho la atención el vacío de los confesionarios. Ya no hay sacerdotes esperando a los fieles. Los problemas personales no se cuentan al párroco, ahora se visita al psicólogo de turno o se hace el curso de control emocional del gurú de moda.Terapias y cursillos han sustituido la sabiduría de los confesores. .Hay que reconocer que llevamos suprimiendo el concepto de pecado durante décadas. Tanto es así que prácticamente resulta difícil reconocer nuestras propias limitaciones. Cada día se olvida más que somos un dechado de rencores, envidias, zancadillas, incluso odios enquistados, y malas artes para evitar que fulanito nos pise. Repasando los diez mandamientos nos consideramos de un virtuosismo que ni los mismos fariseos. No matamos, no robamos, vamos que a groso modo estamos más limpios que una patena. Se pierde la noción de pecado, creo que más de uno incluso la niega aunque rece el Yo pecador. Porque la autoestima lleva cultivándose decenios, no vayamos a caer en el pozo de la desesperación. Pecamos siempre en las mismas cosas, pequeñeces, que diría alguno. Aunque lo cierto es que las escamas van haciendo cada día más dura nuestra piel.
Y es que no hay vuelta de hoja, para entrar por la puerta estrecha hay que macerar bien el propio orgullo y la autosuficiencia, esa que nos hace considerarnos mejores que otros. En definitiva, no somos más que pobres diablos que suspiran por el encuentro con la felicidad. Esa felicidad reside en las pequeñas cosas, las del día a día. Mejorar nuestras relaciones con los demás, buscar siempre lo bueno, es un modo de ir construyendo un futuro mejor, que sólo conseguiremos en plenitud en el abrazo con el Padre. Pero no me extrañaría en un futuro próximo que se pudiera confesar vía cámara web. Ante la falta de recursos humanos se agudiza el ingenio. Y no es tan descabellado que se pudiera conectar con confesores de guardia o sacerdotes en línea dispuestos a responder. El único problema es como siempre la verosimilitud, quién le dice al bueno del pater que aquello no es una pantomima urdida por algún gracioso. Definitivamente hay cosas que mejor cara a cara y sin realidad virtual.
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Saruce, he interpretado tus palabras de la misma manera que las ha interpretado ruso, no sé si equivocadamente. Dices textualmente: "y el oficiante dice: "Dios perdone vuestros pecados"
¿No se trata de la misma fórmula de la absolución, en la confesión personal, de tú a tú?." Lo siento pero no se trata de la misma fórmula. No tengo sombrero de mago, ni pretendo hacer interpretaciones gratuitas. Pero en castellano, el modo subjuntivo (perdone) expresa (según la RAE, no según yo) un hecho ficticio (imaginario, deseado, temido, etc.). El modo indicativo, sin embargo (absuelvo), se emplea cuando lo designado se considera real. Al margen de lo que diga la Real Academia Española, todos entendemos muy bien, sin necesidad de que nadie nos lo explique el sentido de ambas fórmulas.
El resto, ya lo ha dicho ruso.
Pues la cita de S. Pablo está muy clara, no se puede recibir al Señor indignamente, sin embargo de las palabras de Saruce se puede interpretar(corrígeme si me equivoco), que para comulgar, basta con arrepentirse de los pecados sin pasar por el sacramento de la penitencia, aunque se hable de perdón y arrepentimiento durante la Eucaristía, son sacramentos diferentes. Al mismo tiempo, las absoluciones colectivas no son válidas(salvo en circunstancias excepcionales), si no se dicen los pecados al confesor, pero en esto Manuel tiene toda la razón, muchos sacerdotes pasan de confesar y a su vez, muchos pasamos de buscar donde o un rato para confesarnos.
Ya hemos hablado sobre la conciencia y esta no está por encima de las normas, es la principal manipulación que han hecho los progres, hasta el punto que incluso las supuestas católicas pro aborto, dicen que si una mujer aborta y no le afecta a su conciencia, no pasa nada malo.
Inmaculada, he de polemizar, aunque no es mi deseo, pero sí lo considero mi obligación, en este caso.
Creo que en tu argumentación sobra la cita a los corintios: Yo no he insinuado, siquiera, que cada uno vaya a comulgar, como le venga en gana, es más, no he hablado del acercamiento a la eucaristía.
Esa matización que haces de las dos frases "Yo te absuelvo de tus pecados" y "Dios perdone vuestros pecados", es de una gratuidad enorme.
Para mí, todo lo referente a Dios y a la Iglesia Católica, es serio, es sagrado, y no acepto interpretaciones sacadas de un sombrero de mago, por muy autorizado que éste se encuentre.
Creo que si yo fuese sacerdote, no pronunciaría palabras vacías de contenido, como "que Dios perdone vuestros pecados", cuando en realidad debería haber dicho "Ojalá que Dios perdone vuestros pecados".
Y a propósito, no me gusta esa cita de San Pablo a los corintios, porque se presta a traducciones confusas.
Un abrazo.
Bueno, Inmaculada, depende, depende de lo que tu conciencia te diga sobre el pecado. Lo de la indignidad se lo decía Pablo precisamente a personas que tenían un planteamiento individualista poco comunitario de la eucaristía. La cuestión es saber de qué estás participando y hacerlo con la actitud adecuada. Yo estoy d acuerdo con Saruce en lo q dice la importancia de la Eucaristía, y pienso q no es un premio para los q se creen muy limpios pasando o sin pasar x la confesión, sino una medicina para los pecadores. Para eso se reconocen los pecados al principio d la eucaristía y se afirma lo d "pero una palabra tuya bastará para sanarme". Fomentar los escrúpulos ante la comunión, me parece demencial. La actitud es correcta si se sabe lo se hace y la propia vida intenta amoldarse a los criterios cristianos, x muchos fallos q se tengan. La confesión debe ser algo independiente de la eucaristía, una especie de limpieza general con propósitos concretos d vez en cuando.
Saruce, efectivamente, el sacramento más importante para el cristiano es la eucaristía. Es el corazón mismo de la Iglesia. Sin eucaristía, no hay Iglesia. Ahora bien, para poder comulgar hay que estar en gracia de Dios, es decir, sin pecados graves. "Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y la Sangre del Señor" (1Cor 11, 27). Y para el perdón de esos pecados graves está el sacramento de la penitencia. Cuando el sacerdote dice: "Dios perdone vuestros pecados" está expresando un deseo. Cuando dice: "Yo te absuelvo de tus pecados", expresa una realidad. Por tanto, no es lo mismo.
Quiero hacer constar que no es mi deseo abatir ritos, que algunos pueden considerar negativos, pero en los que yo participo, libre y personalmente, como es el caso de la confesión personal en el "kiosco", ese bendito kiosco que tanta paz nos ha proporcionado a más de uno.
Para mí (y sigo hablando en primera persona, para no molestar), el rito más importante de nuestra fe consiste en la celebración eucarística, la misa.
Al inicio de la misma, todos nos arrepentimos de nuestros pecados cometidos, rezamos juntos el "yo pecador", y el oficiante dice: "Dios perdone vuestros pecados"
¿No se trata de la misma fórmula de la absolución, en la confesión personal, de tú a tú?.
Yo no me tengo por innovador en lo eclesiástico, ni poseo afán de reconocimiento exterior, por ese motivo, pero deseo que mis hermanos gocen de facilidades para que les sean perdonados sus pecados.
¿Alguien se confesaría con un sacerdote con fama de "..."?.
Creo que no.
Sigo. En este sentido, estoy con Carmen: " Los problemas personales no se cuentan al párroco, ahora se visita al psicólogo de turno o se hace el curso de control emocional del gurú de moda." Y esque está todo inventado. La descarga práctica funciona. Vas con un buen montón de pesares y te quedas en la gloria cuando terminas la confesión.
Es posible que haya muchos, entre los que creen en los sacramentos, que no pequen gravemente. Pero nadie está libre de hacerlo por el hecho de ser creyente. La diferencia es que los creyentes reconocemos nuestro pecado y vivimos intentando no caer, aunque no lo consigamos.
Dicho esto, si vemos las variaciones que ha sufrido este sacramento a lo largo de la Historia, nos encontramos con que en los que habían pecado gravemente, a menudo debían hacer penitencia pública durante años para recibr la reconciliación. Creo que confesar los pecados de forma privada, al lado de esto, es un "paseo".
Entiendo que no es un plato de gusto para nadie el contar las miserias propias a otra persona, pero creo que es un acto de humildad, por un lado. Por otro lado, si es un confesor bueno, siempre te puede aconsejar y orientar, dejándote con bastante paz interior. Cosas de la psicología humana.
Es verdad, Saruce; es mejor una confesión general que ninguna; y seguro que Dios no se ofende por casi nada de lo que un creyente pueda cometer. Aunque vete tú a saber; los hay capaces de cometer alguna barbaridad pensando que hacen un gran bien. Y somos maestros encontrando justificación para tranquilizar nuestra conciencia por todo lo que hacemos y lo que omitimos. De todas formas perdemos algo que es importante y que es lo que justifica el uso del confesionario, como es una orientación espiritual, un desahogo de nuestras inquietudes, dudas ó necesidad de consejo. Cosas que no se pueden encontrar sin un tranquilo bis a bis personal...
Yo estoy de acuerdo con lo que dices Saruce. Creo que debería existir la posibilidad de confesiones generales y la posibilidad de confesiones personales, pues también puede ser conveniente, según los casos.
De un tiempo a esta parte he venido observando que se están prodigando los "espontáneos" (como veis, utilizo la caridad para denominar a esos individuos que entran en los blog´s de RD a garrotazos, tratando de ofender, y molestando, en la mayoría de las ocasiones), y el tema es lo suficientemente importante para los católicos, como para dedicarle una pensada.
A mi me resulta chocante lo del Ipod, o lo de cualquier otro aparatejo informático, pero hace años publiqué una propuesta a los jerarcas de la iglesia católica, en la que más o menos, les pedía que reconociesen la "posibilidad de impartir el perdón general, en una confesión general, guiada por un sacerdote".
Técnicamente, una confesión general, consta de todos los requisitos de una confesión individual.
Y yo creo que ni antes ni ahora, los católicos (cito únicamente a quienes creemos en los sacramentos) pecan tan gravemente, como "para ofender a Dios".
¿Lo creéis así, o no?.
Tiene razón Manuel_RH en lo que señala; tendremos que aprovechar la Cuaresma que viene para poder confesar con tranquilidad y sin tener que andar a "la caza" del sacerdote habitual. Y desde luego, completamente de acuerdo con lo que señalas en el post, Carmen.
Un cordial saludo.
...Es cierto que vamos perdiendo la conciencia de que somos pecadores; pero venimos de una época en que casi todo era pecado y aún hay personas a las que cualquier nadería les atormenta la conciencia. Creo que esa situación era quizá peor, más enfermiza. Desde luego lo de la confesión telemática suena a broma y no creo que sea digno de ser tomado en consideración...
Ciertamente hemos llegado a la casi desaparición del sacramento de la confesión sin que nos demos ni cuenta, mientras vemos aumentar las filas para recibir la comunión.
De vez en cuando alguna homilía reclama tibiamente una vuelta a la práctica perdida; pero luego ni siquiera se ponen a confesar. Los sacerdotes, cada vez más menguado su número, tienen más tareas que atender y no encuentran tiempo para ponerse a esperar y la gente ya se ha acostumbrado a que no haya nadie para confesar. En otro tiempo era corriente que el sacerdote estuviera disponible un rato antes de la eucaristía; pero ahora se les ve llegar corriendo y con el tiempo justo, con la homilia casi sin preparar. Por supuesto habrá excepciones. ....
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
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