El Vaticano tiene que reflexionar. Hay que dar cancha a las nuevas tecnologías. La confesión del Iphone es lo más innovador que a nadie se le haya ocurrido para la reevangelización de la descreída Europa. Como lo oyen, es casi una puerta abierta al examen de conciencia vía telemática. Una gozada. Pero eso sí, al final de la jugada siempre tendremos que soportar a la centralita y la grabación de sus monotemáticas preguntas: Si tiene alguna duda pulse 1; si no encuentra su pecado pulse 2; si quiere volver a leer el examen de conciencia pulse 3; si no quiere ninguna de estas opciones espere y un confesor le atenderá. Yo es que me parto. Pero no acaba ahí la cosa quiero que detrás del hilo se encuentre el Padre Fortea. Con su afición por el chocolate y el control exhaustivo de su peso, es imposible que me avinagre el día. Aunque eso sí, como bien ha matizado el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, la confesión es un diálogo personal entre penitente y confesor, así que vuelta a empezar en la parroquia más cercana, pero ya con las ideas claras.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató