Debo ser una insensata porque hay toda una Academia de la Lengua que trata de unificar criterios de un lado y otro del charco y yo discrepo de sus sesudas modificaciones. No estoy por dejar de acentuar los pronombres demostrativos. Pero hete aquí que entiendo bien como se modifica la lengua porque sabemos que es un ser vivo, sufre mutaciones que pueden ser verificadas accediendo a cualquier biblioteca. La lengua de Cervantes tiene hilos comunes con nuestra lengua, pero acoge muchas palabras en desuso, al mismo tiempo que vemos como se incorporan las nuevas aportaciones de la técnica que nos llevan a todos a remolque, me refiero a software, o hardware y otras más que siguen incorporándose a medida que vamos utilizando las nuevas tecnologías. Son palabras tomadas de prestado a otros idiomas.
Si cuento estas cosas es porque me llama la atención lo mal que llevan los teólogos el Magisterio de la Iglesia. No hay nada más normal que intentar unificar criterios y que estos se adecuen a la tradición. Si no fuera así, tendríamos tantas religiones como personas. En cierto modo, que exista un camino para aportar nuevas ideas que esté trufado de obstáculos, es de lo más normal. Pero ello no debe llevar a reclamar con autoridad que es necesario suprimir la fe infantil por una fe madura. Yo no me resigno a esas consideraciones. No hay nada más puro que una fe infantil. Esa que cree hasta una coma del catecismo, sin poner nunca en tela de juicio las verdades recibidas como depósito de esta fe.
José Manuel Vidal lo ha conseguido, cada nuevo fichaje deja mi blog más hundido. Yo intentaba incorporar el análisis de la sociedad y del hecho religioso desde la perspectiva del humanismo cristiano. Pero con el plantel de ilustres compañeros que se han ido sumando, quién va a querer leer mis notas, apenas esbozos de pensamientos que otros desarrollan con derecho a portada en la página. No obstante, no me rindo, me voy a reinventar, si, algo pensaré para que mi blog siga siendo un rincón de diálogo y opinión, aunque yo no esté conectada a todas horas, aunque deje sin respuesta los comentaristas porque no me da la vida para escribir y responder a los visitantes.
Voy a seguir fiel a mi línea. Quien quiera teología pura y dura que vaya a Pikaza, allí todos los días se cuece algo de interés. Pero si deseáis el bálsamo espiritual que os invite a una reflexión sosegada, no tenéis otra opción que visitar a Pagola y sus comentarios al Evangelio de la semana. En cambio, quien desee un baño de realidad social incrustada en el humanismo cristiano, tendrá que optar por José Ignacio González Faus. Y no sigo porque hay para todos los gustos. Mejor que cada cual descubra que es aquello que más le interesa.
Conozco a Ana María Matute a través de los libros desde mis años escolares. Es una escritora de referencia. Nació el mismo año que mi madre, de ahí que para mí tenga una aureola casi mítica. Es una mujer que ha recorrido todo el siglo XX cruzando el umbral del XXI. Cuando le dieron el premio Cervantes estuve a punto de dedicarle un post. Pero he leído poco su obra, de manera que carecía de referentes para acometer el envite. Sin embargo, a medida que he ido reposando la idea, me ha parecido oportuno dedicarle unas líneas. Ella entró en la Academia con un discurso sobre otra académica y poeta, Carmen Conde. A quien siempre he leído con interés. Por otra parte esta mujer de letras ha escrito muchos cuentos para niños, un campo específico y sin retorno. La mayoría de los escritores para niños no son capaces de entrar en otro territorio. Y lo mismo sucede con los grandes escritores, adolecen de una buena colección dedicada a la infancia. Pero en el caso de Ana María que es una soñadora nata, no parece que haya fronteras. Además empezó a escribir en su temprana infancia y desde entonces no ha parado.
Tengo que confesar que ayer eludí la efeméride sobre el maltrato a la mujer y no me molesté en escribir nada sobre el tema. Pero no dejé de pensar en los animales que son maltratados y en todos esos hombres acoquinados por una mujer prepotente y sádica. El caso es que cuando todo el mundo se empeña en magnificar a las mujeres como víctimas, en mí se origina una especie de resistencia interior. Sobra decir que estoy contra cualquier tipo de maltrato, pero es que no le encuentro género. Lo veo indistintamente en hombres y mujeres. Y si en algún momento me he sentido muy solidaria con ellas, ahora me voy reconciliando con la otra mitad, y me entra cierta ternura por ese hombre analizado con lupa en sus reacciones y comportamientos. En realidad, poner género a un delito es de lo más absurdo, pero como el mundo también resulta absurdo, seguramente por ello casi nadie lo nota. Serán cosas mías, pero no sentí ninguna simpatía por las señoras ministras y sus convocatorias mediáticas.
Sin embargo, pensé inmediatamente que hay una violencia que ha tomado carta de naturaleza como derecho, me refiero al aborto. Y me puse de mala leche. Tanto hablar de la violencia de género, del calvario de las mujeres, y nos olvidamos de esos miles de individuos no nacidos que no cuentan para el sistema legal. Nadie les protege. Hoy nacer es toda una aventura, vete a saber si te quedas en sólo un proyecto fallido, porque no tienes el pedigrí requerido por los progenitores, o sencillamente porque desestabilizas el presupuesto familiar. Que ya se sabe que en esto de las finanzas domésticas hay que ser muy mañosos, porque educar a un hijo es un gasto de energía y de billetes, así que no está el patio para ir derrochando.
Una ha llegado ya a ese meridiano de la vida en la que ha comenzado la cuenta atrás, se está más próxima a cruzar la frontera sin retorno. Tiene la suerte de convivir con personas que por su edad, todavía están más próximas al umbral de la esperanza. Y me gusta hablar de ese modo para referirme a la muerte. Porque en definitiva para nosotros significa alcanzar la meta de estar en presencia de Dios. Creo que la misma vida nos prepara para ello. Los achaques y los golpes del destino van forjando nuestro interior y preparándonos el camino. Así que me imagino la riqueza que el libro de Benedicto XVI puede tener para el futuro. Un hombre cuyo reloj está llegando a su cenit, capaz de analizar mediante su prodigiosa inteligencia lo humano y lo divino. Elegir un libro para comunicarse con el gran público es uno de los aciertos más geniales de los últimos Pontífices. No es lo mismo leer una encíclica que aproximar la imagen congelada por lo sublime al patio de tu casa, con pantuflas y manta sobre las rodillas para devorar qué opina el hombre más poderoso de la Iglesia. Y descubrir un individuo de carne y hueso con las mismas debilidades que nuestro vecino de la esquina. Dudas, certezas, personalidad, todo desmenuzado y accesible, con lenguaje coloquial, nada de florituras eruditas.
Este podría ser el titular dominante de los medios tras las declaraciones efectuadas este fin de semana, en las que el Papa admitía el uso del condón como mal menor en determinados supuestos, concretamente en el caso de las prostitutas. Lo cierto es que la declaración no supone una puerta que se abre, sino más bien la matización frente a las graves acusaciones de asesino que recibió el Pontífice tras su visita a África, donde reivindicó la abstinencia para controlar el SIDA. Abstinencia que ahora, unida al condón, vendría a ratificar las medidas adoptadas desde el principio de la pandemia por las autoridades sanitarias. Y también, por qué no decirlo, por aquellos religiosos que conviven diariamente con esa lacra.
La Iglesia choca con la moralidad pan sexualista que lleva décadas perpetuándose en la sociedad. El goce es una reivindicación natural que todas las parejas desean para sus relaciones íntimas. Ser unos agoreros en materia sexual, convierte a los mitrados en aguafiestas permanentes de la sociedad. Pero nadie discute que el abuso en la comida produce un empacho y es perjudicial para la salud. De la misma manera hay adictos al sexo que lo utilizan como medio para satisfacer su ansiedad, o para sentir cierto dominio sobre otro. En cuestiones de alcoba la Iglesia lo tiene claro. El sexo sólo tiene cabida en el matrimonio. Pero el afecto se puede medir de muchas maneras y no está precisamente sólo en la cama.
Estamos a un paso del Adviento, ese tiempo litúrgico que precede a la Navidad y que se identifica con la Esperanza por la llegada del Salvador. Hoy como preludio de esa llegada celebramos a Cristo Rey. Y las lecturas del Evangelio nos muestran a Jesús en la cruz, dialogando con el buen ladrón, prometiéndole que estarían juntos en el Paraíso.
Es paradójico que para celebrar el reinado de Dios, su trono se reduzca a una cruz símbolo de la ignominia y del anonadamiento total. Pero la realidad es que el verdadero triunfo sobreviene con la resurrección, donde la muerte es vencida y con ella el sentido de nuestra existencia no queda limitado a un ciclo de vida humano. Me gusta resaltar que la realeza de nuestro Dios consiste en el servicio a la humanidad. Ese ejemplo subvierte los valores relativistas y utilitarios de nuestra sociedad paganizada. En el servicio al hombre, quedan siempre en pie los valores humanitarios. Lo digo porque la deriva actual de la sociedad nos lleva de nuevo al anonadamiento de Dios. Se ha suprimido su presencia de la vida social y de las leyes. Hoy es posible asesinar de manera legal a un ser que no cumple los requisitos necesarios para ser querido por la sociedad. Estamos a un paso de convertir la eufemística “muerte digna” en la puerta donde cabe el abandono de un ser humano que ha perdido valor para la sociedad. Lo importante es que la ciencia estaba al servicio del hombre para mejorar sus condiciones. Ahora, en cambio, parece que se ha convertido en señora y dueña de nuestra vida.
Estamos en esa comunidad de redes que no se sabemos bien dónde nos llevará. Pero que de momento nos permite conocer algo de nuestros amigos, porque ellos cuelgan en la red pensamientos o lecturas que les gustan. Es un mundo de relaciones virtuales. Sin embargo, permite también que nos agrupemos por afinidades. Es curioso pero al abrigo de este tipo de relaciones ha surgido JUATIS, una red que enlaza a católicos con otras parroquias. Permite por tanto conocer gente de otras comunidades parroquiales e intercambiar archivos. Creo que es buen momento para que surjan iniciativas de este tipo. Ahora es posible influir en la opinión pública mediante la red. Se llega a miles de hogares en toda la geografía, impensable el poder de estas redes. Gracias a ellas se puede salvar la vida de un condenado a muerte, por el alcance de las protestas. Deberíamos pensar en el uso que hacemos de la red. Seleccionar allí donde es útil y necesario participar.
El Foro de la Memoria olvidadiza de la Comunidad de Madrid, pide volar la cruz del Valle de los Caídos y convertir el recinto en un museo de la dictadura. Algo tan absurdo como estar recordando permanentemente a Franco y las aberraciones de su sistema político. Y encima se cargan una basílica benedictina que tenía como objetivo rezar por todas las víctimas. Aunque entre ellas se incluyeran algunas que no querían ser recordadas por la Iglesia. Este dislate es una manera de reescribir la historia, saltándose en vuelo libre la Transición. Ya no hay miedo al ruido de sables, ya se ha propagado y moldeado el pasado de acuerdo a los intereses de los perdedores. Estos señores quieren convertir en héroes de la democracia a unos asesinos, aunque no todos lo fueran, pero olvidan señalar que fueron unos totalitarios del izquierdismo quienes sacaban de sus camas a los ciudadanos sólo por el hecho de tener fe en Dios y no querer abjurar de la misma. Muchos perdieron la vida por no ser obreros, como si la condición de patrono fuera una traición a la causa del pueblo.
La cristiana paquistaní Asia Bibí, madre de cinco hijos, está condenada a muerte tras un incidente con musulmanes. Se la acusa de blasfemias y piden su conversión al islam para conmutar su pena a muerte. El Papa ha lanzado una llamada de atención sobre este caso, que en realidad constituye una gota de agua en el inmenso océano de los países del orbe islamista, por las persecuciones a que están siendo sometidos los cristianos. Se llevan a cabo asesinatos premeditados. Hoy mismo el Vaticano realizará plegarias por los cristianos asesinados en un templo de Bagdad. Y así como se escuchan muchas voces clamando por determinados conflictos. Nadie parece reconocer que se está infringiendo una persecución impropia del siglo XXI, de esta aldea global interconectada a todos los niveles. Hoy más que nunca se debe exigir en los organismos pertinentes que la libertad religiosa se respete escrupulosamente. Mucho más cuanto que los desplazamientos permiten migraciones masivas por tandas.
Es curioso como los hechos despejan incógnitas que muchos otros trataban de crear. Por alguna extraña conjunción de acontecimientos, apoyar al pueblo saharaui es de izquierdas y asistir a la misa de campaña en el Valle de los Caídos es de ultraderechas. Pues va a ser que no, que algo se remueve en la conciencia colectiva en ambas direcciones. Lo del Valle de los Caídos ha resultado más significativo si cabe, porque se buscaban banderas preconstitucionales e insignias neonazis, como calificaban algunos medios, algo que es ajeno a una misa de campaña. Lo cierto es que por mucho que intenten llevar el ascua a su sardina, lo del Valle de los Caídos ha sido una repulsa cívica contra la prohibición del culto en el emblemático recinto. Hay por tanto un motivo religioso y nada político. O más bien político porque determinado partido con su prohibición ha movido un resorte interior, que no ha conseguido evitar la avalancha humana que se dio cita al pie de la cruz el pasado domingo.
Hay respuestas cívicas que merecen destacarse. Es conmovedor que toda la asociación de padres de un centro se oponga a la retirada de los crucifijos en sus aulas. Digo que conmueve, porque esa efervescencia de perseguir las cruces, la llevamos viviendo los últimos treinta y cinco años con el apocado silencio de la mayoría. Es lícito que se festejen en el centro las fechas más señaladas del calendario. Pero algunos se han esforzado mucho por suprimir el Belén en la escuela, los crucifijos y todo lo que tenga un marcado carácter religioso. Por eso resulta altamente significativo que se haya dado una reacción cívica a la contra. Es decir, oponerse al único personaje del centro que quiere imponer sus criterios a la mayoría. Estamos hablando de un colegio en Almendralejo, en un centro que reivindica su derecho a ser diferente, ahora que tantos, incluidos muchos que se llaman creyentes, deciden amoldarse a la laicidad.
Estamos en un mercado que todo lo valora y mide según unos determinados criterios utilitaristas. Tanto es así que Cáritas tiene mucho prestigio en la sociedad, se valora su labor, porque permite socorrer a muchas personas. De la misma manera hemos visto como nacen las ONG y aumentan los acontecimientos solidarios en la geografía mundial. Supongo que nos gusta saber que el dinero que donamos tiene nombre y apellidos. Por eso es más fácil comprometer a alguien en un proyecto solidario que diluir la ayuda en una hucha sin denominación de origen.
Resulta un poco extraño que inicie así el tema, pero es que hay una cena solidaria y me ha parecido conveniente poner el cartel. La ayuda es posible con pequeñas contribuciones que cumplen su papel. La otra parte la gestionan las entidades financieras o las empresas que destinan ayudas a estos fines. El caso es que hay una fiebre solidaria que nos hace olvidar gestos que son más gratuitos y menos ostentosos. Me refiero a la oración. La gente considera una pérdida de tiempo rezar. Hay muchos que no pueden entender esa otra parte menos visible de la Iglesia. La de las convocatorias de oración, para compartir juntos unos minutos y formar comunidad.
Dicen los medios que la prensa está en crisis. No voy a analizar los mecanismos que la han llevado a la UCI. Pero sí quiero señalar que consumimos noticias con la misma frivolidad que accedemos a los bienes de consumo, sin necesidad, sólo por picotear. De esa manera nos quedamos en lo periférico. Mucho blablablá. Como algún ilustre convidado de piedra de este portal, que insinuó que la Sagrada Familia sólo atrae turistas, pero de evangelización va muy corta, aunque olvidase reseñar que en su cripta se realiza el culto desde hace muchos años. Tampoco explicó que el turismo sirve para sufragar la costosa puesta en escena de la maqueta que ideó el genial Gaudí. Cuyo templo es una catequesis de piedra, como las antiguas catedrales. La fastuosidad que algunos han visto en su bendición, debería explicarse por quienes están investidos de los óleos sagrados. Pero algunos se dedican a tirar piedras sobre su tejado. Curiosa fidelidad.
Estamos en un estado permanente de come cocos. Ahora resulta que el Papa se equivocó en su descripción sobre el laicismo en España. Y van por ahí recordándonos que no se queman iglesias, ni se fusilan curas. Como si esa realidad no fuera precisamente la que aletea en las mentes de algunos infames personajes. El laicismo agresivo sí está vigente en España, pide la retirada de los símbolos religiosos y la salida de la religión de las escuelas. Como si el derecho fundamental de los padres y de la libertad religiosa no estuviera reflejado en la Constitución. No van más allá porque sería considerado delito, pero no se quedan quietos y cada día mueven más barullo.
El señor Zapatero nos quiere vender una España aconfesional cuando le interesa, especialmente cuando le dejan las posaderas al aire, como hizo Benedicto XVI. Seamos sinceros, hay autobuses ateos contratados con el único objeto de fastidiar a los creyentes, convertidos en secta que acosa la religión mayoritaria de este país. Y también están los bobos solemnes de esa otra Iglesia es posible, que se dedican un día sí y otro también a atacar sin sonrojo a la Iglesia, como si no comulgásemos todos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Enemigos si cabe más furibundos que los propios agnósticos, como el Sr. Tamayo que ha vuelto a acosar a Benedicto XVI hablando sin tapujos de papolatría. Y es que se puede ser seguidor del equipo de fútbol que se desee y acudir a todos sus partidos en cualquier punto del mundo, que ha eso se le llama hinchas. Pero si se trata de ver al sucesor de Pedro y escuchar sus palabras, entonces todos sus seguidores son poco más o menos que unos memos.
A la búsqueda del titular, al final lo han encontrado. El laicismo ataca al pueblo español con la misma virulencia que en los años 30. Se han quedado con esa nota, que subrayaba la persecución religiosa de la II República. Sin embargo, la belleza de las palabras que el Papa ha dirigido en Santiago tienen un marcado acento espiritual, en absoluto ha sido un discurso político. Nos ha explicado que el hombre tiene una sed de Dios y sólo cuando da respuesta a esa inmensa necesidad de transcenderse se hace libre. La fe libera de esclavitudes terrenas que son como máscaras de aparente gozo que solo consiguen introducirnos en una gran infelicidad.
Benedicto XVI ha querido revitalizar la evangelización de occidente con su peregrinación a Santiago, nos ha llamado a ser testigos en todos los ámbitos de la vida, bien sea en el hogar o en el trabajo. Y también en el arte. No es casual que decida unir la visita a Santiago y Barcelona, porque el hilo conductor es el mismo. El hombre peregrina en la vida y todo lo que toca tiene un germen espiritual. El genial Gaudí transforma la piedra en catequesis viva donde la belleza y la trascendencia se unen de manera única. Se puede hacer belleza porque en ella está el germen de la necesidad espiritual del hombre.
Cuando más necesario se hace el sentido común aparece el esperpento. Esa solemne bobería de someter el apellido a la decisión de un juez, es casi como hablar de la Sagrada Familia de chocolate que el Papa degustará en este viaje relámpago. Ahora se sabe que la seguridad del Pontífice ha estado a un paso de ser comprometida, sino fuera porque afortunadamente cayó en manos de un buen ciudadano que ha hecho saber el mayúsculo contrapié de algún miembro de seguridad absorto en tales menesteres que dejó en mitad de la calle tan comprometedores datos. No me digan que no les parece kafkiano.
La obscena Maruja Torres ha lanzado sus dardos envenenados hacia la figura de Benedicto XVI. La mala bilis le sale por la lengua. Proclama su laicidad con garbo y me parece correcto, pero es bastante zafio decir obscenidades que en boca de una periodista la convierten poco más o menos que en cabaretera de las letras. Cabaretera sin vergüenza, atea y furibunda feminista. Cae en los tópicos de todos los medios anti Benedicto XVI. Si por ella fuera estas visitas deberían estar suprimidas de la agenda Vaticana. Puede que tengan algo de razón, el autobombo mueve dinero pero no sacude corazones, y por si fuera poco, da argumentos contra la Iglesia aunque sea con medias verdades.
El ataque a la Catedral de Nuestra Señora de la Salvación en Bagdad, mientras se celebraba la Eucaristía, muestra una vez más hasta donde llega el terrorismo islamista. Desgraciadamente cuando se leen publicaciones como Ayuda a la Iglesia Necesitada, podemos constatar que la religión cristiana está siendo sometida a un acoso difícil de justificar en un mundo libre. Es palpable la intención manifiesta de cierta corriente islamista de considerar enemigos a quienes no profesan su fe. Han sido 52 víctimas, la mayoría mujeres y niños, dos sacerdotes acribillados con un balazo en la sien y cerca de 67 heridos. Las voces se levantan clamando justicia. Si el mundo islámico no se mueve a favor de la libertad religiosa, entonces es que estamos en esa cuarta guerra mundial que abrirá la tierra para engullirnos.
A Juan José Tamayo de pluma afilada y lengua viperina, progre saurio de postín, le ha faltado el tiempo para sacar la batería de frases hechas en EL PAIS. Todas ellas referidas a Benedicto XVI. Hay que zaherir ese boato del Primado de Pedro, esa consideración de jefe del estado más pequeño del mundo. Ese ceremonial que hace desplazar a los altos cargos de un gobierno para saludar al Papa. Todo eso no es conforme al evangelio. Y tiene razón desde la óptica que suele mirar, siempre en la misma dirección. Lo que no explica es cómo gestionaría el Papado. De qué manera sustituiría la estructura vertical por otra más democrática, si es que esto es posible. Por más que lo intento no encuentro en el Evangelio que Jesucristo recogiese votos para elegir a los discípulos, por más que leo no encuentro la organización asamblearia y de sindicato clandestino que algunos quieren promover y pregonan desde todos los púlpitos. Me resulta difícil entender este hablar por hablar, porque en la vida, desde cualquier ámbito existen órganos de poder, aunque su función sea la de servir a la sociedad.
A la Iglesia católica, nuestra madre, le debemos el depósito de nuestra fe. Lo quieran o no, hoy es un día especial en el que se debería dar gracias a la Iglesia por recoger la memoria de quienes se han ido. También porque mañana, concretamente, celebraremos el día de los fieles difuntos. Hoy sin embargo recordamos aquellos que ya gozan de la presencia de Dios, de todos los santos, los que salen en el santoral y los que pasaron desapercibidos en esta tierra, que son la inmensa mayoría. Y en este día especial se aviva el recuerdo de quienes se fueron, pero también se convierte el cementerio en una explosión gozosa de aromas y colores, donde cada lápida oculta una historia y una vida familiar. No es un día triste, sino gozoso, y así hay que fomentarlo, dejando las lúgubres ideas de duelo olvidadas. Damos gracias por aquellos que ya interceden por nosotros en el cielo.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo