Allí donde se pone de acuerdo el socialismo y los obispos hay que recelar. Ese es el mensaje de Rosa Montero cuando habla del velo. Está dando la razón al Instituto que acordó en Consejo Escolar no permitir prendas en la cabeza. Y además deja caer la escuela laica, ajena a cualquier tipo de enseñanza religiosa, una reivindicación constante en el panorama del laicismo más casposo. Ese que pide quitar una cruz o una virgen en cualquier plaza o rincón. Ese laicismo que no tiene inconveniente en permitir minaretes o la hiyab. Una prenda que a cualquier feminista le repugna porque implica un pensamiento ajeno a la civilización occidental. Un pensamiento que considera bochornoso exhibir la cabeza o los brazos. Un pensamiento que recoge mucho de intolerancia y de machismo, pero que va calando como símbolo de identidad en las jóvenes inmigrantes del Magreb. Es una forma de enorgullecerse de la diferencia, no busca adaptase sino que retan a la sociedad. Nosotras somos diferentes, somos mucho mejores, vosotras estáis corruptas. Lo han dicho en mi blog y me sublevo porque los foros religiosos más progresistas le hacen la cama al islamismo. Todo es tolerancia, bondad, espacios comunes, Alianza de Civilizaciones o empanada gallega, ustedes eligen.
Es periodista y escritora, icono del feminismo durante la Transición. No está de acuerdo con el velo y lo dice en El País. Pues ya somos dos. En esto coincidimos, no queremos que las niñas lleven velo, no entendemos que esto vaya contra su libertad religiosa, porque en eso somos inflexibles, que tengan sus mezquitas, que vistan como quieran, pero eso sí, que no se metan a decir que eso tenemos que aguantarlo en cualquier sitio y lugar.
Aquí les dejo el enlace a El País: Ahí le duele Si es que donde hay cerebro, que se quiten las mitras miedosas. Los obispos esgrimen la ley de libertad religiosa y el artículo 16 de la Constitución. Hasta ahí de acuerdo, pero oigan no jueguen a consentir que se devuelva a la mujer a la Edad Media, ahí nos duele a las demás, y vamos a ir en aumento. Esto no es islamofobia, sino sentido común y ganas de no renunciar a aquello que hemos conseguido. A ver si los consentidores despiertan. La escuela está para educar en la pluralidad y la igualdad. Son palabras de Gabilondo, nuestro ministro de Educación, que está quedando como Bibiana Aído, a los pies de los caballos.
He explicado muchas veces que este blog no tiene fronteras, porque se abre a todos y llega a cualquier rincón. Pero en cambio, si tiene límites, que son los de su editora, aquí no cabe todo. Especialmente no cabe hundir la cabeza de la Iglesia en el fango más y más cada día. Por eso me duele que alguien que ha sido jesuita y es teólogo, diserte continuamente contra la Iglesia, sin posibilidad de discutir su escrito, sin posibilidad de réplica. Hoy nos lo ponen en cabecera, explicando por qué se producía el silenciamiento de los casos de pederastas. Las explicaciones tienen enorme importancia por venir de quien viene. Si se tratase de Cayo Lara, estaríamos todos de acuerdo que se dejaba llevar por su pasión laicista. Pero viniendo de un ex religioso, duele más.
En el siglo XVIII el filósofo irlandés Edmund Burke escribió: "Basta con que un hombre bueno no haga nada para que el mal triunfe”. Está claro que esta frase tiene numerosas implicaciones. En mis tiempos de estudiante mientras el profesor nos hablaba del existencialismo, a mí me urgía un imperativo: Estamos obligados a elegir, no elegir es un modo de tomar partido. Así entendía el difícil vacío existencial, somos aquello que decidimos en un determinado momento. También somos parte de nuestros sueños, de los rotos y de los no cumplidos, porque en la medida que elegimos dejamos atrás cientos de nuevas posibilidades.
Monseñor Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, se ha mostrado partidario de aceptar el velo islámico en base al artículo 16 de la Constitución, donde se especifica que no se puede prohibir el ejercicio de la libertad religiosa en todos los ámbitos. Teniendo muy presente que algunos piensan saltarse ese artículo para arremeter contra los crucifijos en la vida pública, era de esperar que el secretario general de la Conferencia Episcopal hilara tan fino. No es la primera vez que sale el problema del velo en las escuelas. Curiosamente se utiliza a los retoños de los islamistas más combativos para tomar el pulso a la sociedad.
Podría haber sido un día como otro, pero aquel individuo de aspecto frágil me susurró al oído que el Papa había tomado una seria decisión. “Empieza la batalla por la purificación de la Iglesia, pero también estamos en guerra con el Príncipe de este mundo”. Me quedé muda, era incapaz de hilar dos palabras con coherencia. Había acudido a una conferencia sobre el feminismo en la teología del siglo XXI. Confieso que la misoginia de la Iglesia, salvo honrosas excepciones, siempre me había dolido. Era un tema de justicia, la mujer había sido maltratada a lo largo de la historia. Pero aquello de la purificación de la Iglesia, dicho en un momento en el que el mundo juzgaba los casos de pederastia, venía a pelo, sobre la cuestión del abuso de poder.
Si, así como suena. Igual que si estuviésemos hablando de un directivo de una gran empresa. Los teólogos y teólogas de la Asociación Juan XXIII, presididos por el ilustre Tamayo, hacen su manifiesto, otro más añadido a su colección, en el cuál no apoyan al Papa en momentos que es zarandeado por el laicismo más agresivo. No, ellos exponen la reforma que sueñan ver llegar, una reforma que proviene, según dicen, de las fuentes del Vaticano II. Espadas en alto se lanzan a degüello. Ahí está El País para airear sus sabrosas diatribas, en un artículo que reproduce Religión Digital. Y es que hay tela que cortar, el divorcio entre el mundo y la Iglesia quiere ser reducido a su mínima expresión. Sin valorar si ese camino nos lleva a caer en manos del Príncipe de este mundo.
Hoy me he dado de baja en un sindicato que no voy a nombrar, no es irrelevante que esté relacionado con el Sr. Garzón y lleve entre ceja y ceja el guerra civilismo de la Memoria Histórica, esa que empezó con una felonía y, prosigue como las cenizas del volcán en Islandia, esparciendo su sombra con una mancha que aumenta por momentos. Hubo una búsqueda de la reconciliación que otros se afanan en boicotear. Que ahora vengan desde las más altas instancias a remover el pasado pidiendo una tumba para las víctimas de la guerra, hace olvidar que muchos de ellos estarán desaparecidos; ¿surgirán ahora los bisnietos al estilo de la Plaza de Mayo, en Argentina, con sus pañuelitos en la cabeza?; es un bochorno que no merecen las verdaderas víctimas, esas que son independientes del lado donde cayeron.
Un breve repaso por diferentes medios para señalar como reflejan el aniversario del pontificado de Benedicto XVI, un lustro al frente de la barca de Pedro. Lo más significativo es que pese a su ancianidad lleva una agenda apretada, que no rompe aunque los vientos huracanados arremetan contra él, por esos oscuros hechos de la pederastia en la Iglesia. Sin embargo todo se va aclarando, la herencia de un largo pontificado en el que mantuvo una sintonía especial con Juan Pablo II, no le ha evitado cargar con el peso de los errores del anterior pontífice.
No podemos caer en el papalotría, de manera que sabemos que las limitaciones del anterior pontífice, postrado y enfermo, hizo posible una estructura de poder a su alrededor. Por eso es obvio que la curia necesita reformas, algo que no parece probable que se realice con un anciano pontífice que se encuentra acorralado por los vientos huracanados del laicismo. Sin embargo, todos hemos podido ver que bajo la aparente timidez del actual pontífice se encuentra una enorme firmeza y claridad de ideas. No se pliega a que nadie le marque la agenda, sigue la programación así llueva o truene y medita muy bien sus movimientos. Sabe que es aquello a lo que debe dedicar su tiempo y deja de lado lo que considera propio de su sucesor.
Lo bueno, lo noble, no es noticia, no provoca polémica. Qué se puede decir de una madre generosa que cuida de sus hijos; qué de un hijo integrado en un grupo juvenil, preocupado por vivir siendo fiel al Evangelio; qué de unos feligreses que se estiman entre ellos, y no acuden al precepto dominical por costumbre, sino porque necesitan alimentarse en comunión. No hay nada que pueda provocar interés en estos hechos, la mirada deformada, la que busca polémica está ausente de las páginas de los periódicos. Hay que mirar con lupa y, sobre todo, rumiar hacia adentro, reflexionar. Esto último es lo más difícil de los tiempos modernos, la prisa y la inmediatez no dejan tiempo para rumiar, para reflexionar, para decidir. Por eso conviene aislarse de cuando en cuando.
No es buen momento para criticar la gestión de Benedicto XVI, le llueven acusaciones por doquier. Pero lo cierto es que ha sido firme y al mismo tiempo flexible; tiene voluntad para llevar a cabo su proyecto de regeneración de la Iglesia, lo hace dialogando con el mundo musulmán, judío, ateo; a todos ha irritado, pero es evidente que su palabra está siendo manipulada. La verdad se escribe en una sola dirección, y hoy por hoy Benedicto XVI está siendo acosado de modo inmisericorde. Para mí es el Siervo que sufre en silencio y ruega al Padre para que pase de él ese cáliz, pero dispuesto a beber de su copa sin temor.

Al parecer el monotema sigue en portada provocando declaraciones y rectificaciones a las consiguientes declaraciones. Toda una comedia de enredos, de la que se puede salir porque nada hay oculto que no vaya a descubrirse. El perdón y la misericordia se dan la mano siempre, pero además nosotros pedimos justicia. Eso es lo que suplican las víctimas de los delitos de abusos. Y me temo que nadie podrá nunca devolverles aquello que perdieron, la confianza, la inocencia. Necesitarán mucha ayuda por parte de especialistas. Pero no olvidemos que este tema sirve como ariete para conseguir cuestionar otros asuntos de debate que llevan decenas de años discutiéndose. Esos temas son el celibato, la homosexualidad permitida en la Iglesia, el papel de la mujer en la Iglesia, los derechos humanos como norma de cumplimiento y por tanto una Iglesia horizontal y no vertical.
Llevo una vida sedentaria que me pasa factura; las labores del hogar, la compra y el trabajo no queman suficiente materia grasa. Ni corta ni perezosa, lo anuncié: voy a hacer ciclismo. “¡Pero si tú no has subido nunca en una bicicleta!”. Toda la vida conviviendo y no me conocen. Me iba a parar a mí no saber ir en bicicleta. La compré de esas desmontables, porque eso sí en casa no cabe un alfiler y, además era cuestión de poder subir con ella en el ascensor. Una monada de bici. Por supuesto he aprendido sola, ni un leve rasguño, aunque los primeros pedaleos fueron para filmar. Ahora mis piernas están más firmes, todos los días una hora de pedaleo.
Por qué digo esto, porque mientras yo quemo calorías junto a un montón de gente corriendo por la zona boscosa de Valencia, al llegar a casa me he encontrado una mujer revolviendo la basura. Llevaba en las manos un pantalón y lo miraba como si estuviera en la sección de oportunidades de El Corte Inglés. Me he sentido fatal. La crisis está junto a nosotros y algunos no la vemos, somos los más afortunados, trabajo seguro y vivienda sin hipotecas. Un lujo para los tiempos que corren.
Mientras algunos contratan detectives privados para cerrar páginas webs molestos con su descaro y atrevimiento, caso Germinans Germinabit publicado en InfoCatólica, yo voy buscando a Míster Mistol para que limpie esos recodos inmundos que salpican al Vaticano, al Papa y a cualquier creyente de buena fe. Ya saben ustedes que Mistol limpia mejor. De esta trampa saducea, Benedicto XVI sale a hombros y con vuelta al ruedo, por mucho que se contrate artillería pesada para bombardear sistemáticamente los medios. Podemos estar tranquilos pues ahora se escucha todo desde las azoteas. Por eso sale a la luz una carta firmada por el mismo Ratzinger buscando templar ánimos antes de lanzarse al escándalo y a quien podemos reprochar, cuanto menos, de no leer la letra pequeña de aquello que firma de manos de su secretario; pecado de confianza, siempre igual, no hay que fiarse ni de tu sombra.
Estoy leyendo “Las leyendas negras de la Iglesia” de Vittorio Messori y a mí que siempre me ha apasionado la historia, este libro me tiene fascinada. No deja títere con cabeza. La duda sobreviene de inmediato, la historia la cuentan y se la inventan algunos, al menos la de ir por casa, esa de la que no presumimos porque tan solo tenemos unas nociones básicas. Pero amigos, lo que nos perdemos entre las nobles estanterías de libros con solera, esos investigadores eclipsados por el pensamiento dominante, capaces de dar la vuelta al calcetín y a los que recurre Messori para abrirnos los ojos.
Pedro Miguel Lamet es periodista, escritor y jesuita. No sé si en este orden. Pero creo que él lleva bien las tres categorías. En esta casa se le aprecia, lo pude escuchar en una entrevista que le hizo José Manuel Vidal. Y ahora viene lo curioso, le han gastado una pasada en la cadena Ser. Le pidieron una entrevista telefónica por el tema de la pederastia y han manipulado sus palabras. Lo cuenta en su blog y se han hecho eco los principales portales religiosos. Pero para pasmo de muchos, aquí en Religión Digital no se ha dicho ni mu.
Tendría aproximadamente dieciséis años y una curiosidad ilimitada cuando descubrí el yoga, cada postura beneficiaba un órgano y limpiaba la mente. Por aquella época me pareció que el budismo era una escuela de espiritualidad, pero no renuncié a ser cristiana ni dejé de creer en ninguna verdad fundamental de mi fe. Sencillamente, entendí que aquello era un camino; la meditación tiene muchas sendas y los orientales han sido maestros en recorrer cada una de ellas. Otro rasgo que caracteriza aquellos años fue el descubrimiento de los poetas árabes y toda la trayectoria de los místicos sufís. Me pareció que tenían una belleza especial que emanaban una espiritualidad respetable.
Estamos en Pascua, tiempo de alegría, tiempo de esperanza, tiempo para ser testigo de la Resurrección. Y esa responsabilidad es más llevadera cuando sabes que tu pequeña página es casi universal. Tengo lectores de España, principalmente, pero también de México, Colombia, Venezuela, EEUU, Perú, Chile, Ecuador, Costa Rica, El Salvador, Puerto Rico, Panamá, Bolivia, Honduras, Nicaragua, Canadá, Holanda, Andorra, Corea, Israel, Italia, Irlanda, India, Mozambique, República Checa, Moldavia, Ucrania, Finlandia, El Salvador, Paraguay, Uruguay, Francia, Brasil, Bélgica, Holanda, Japón, Austria, Corea, Suecia, Islandia, Arabia, Marruecos, Serbia, Tailandia, Filipinas, China; la lista sigue pero yo sólo puedo anotar unos cuantos países, y dar gracias a Internet que me permite ser leída en todos los continentes.
Sigo el contador como registro ocasional de mi aportación en el blog, el número de visitas es modesto, pero a mis ojos, increíble. Camino hacia el millón de visitas. Si en todas ellas hay una semilla que haya podido aportar a la reflexión de la actualidad desde el humanismo cristiano, ¡Bendito sea Dios!. No me olvido de un dato significativo, cada vez que el contador de la fe se mueve, parece que disminuye el número de católicos practicantes, pues miren, tal vez Europa esté reseca, vieja, sin savia vital, el cristianismo puede aparentar desaparecer difuminado por los vientos del relativismo que afecta incluso a quienes se declaran creyentes. Ese relativismo que nos hace pedir lugares comunes de oración, pensando en un Dios universal que le da lo mismo ocho que ochenta.
Me importa poco que me digan que el título es provocador. ¡Qué narices!. La invasión del Islam es tan evidente y sus votos tan preciados que nuestro Zapatero de talante y ceja al bies les ofrece en bandeja de plata lo que quieran. Y no me olvido de esa liga laicista que está al quite para denunciar que el himno de España se toca en las procesiones y que los militares acompañan las imágenes e incluso las llevan a hombros. Esa misma liga es pro islamista, al igual que los teólogos del socialismo zapateril.
Admito que no me produce ninguna gracia que unos cuantos musulmanes austriacos se hayan paseado por la mezquita de Córdoba, catedral consagrada, y les haya dado por hacer sus rezos provocativos, encima con agresión al guardia de seguridad y a la policía nacional que se vio obligada a detener tal atropello. Alguien debiera decir que la mezquita está edificada sobre un templo cristiano. No es broma que algunos niños musulmanes estén siendo educados en las madrazas para reconquistar la tierra de Al-Ándalus. Ante tales afrentas una se siente con sangre cruzada. Se entiende lo que quiero decir, ¿verdad?. Todavía estoy esperando la protesta del web islam por el feo de los musulmanes austriacos.
Es tiempo de renovar promesas, los sacerdotes lo hacen en la misa Crismal, los cristianos en la Vigilia de la Pascua y en el Domingo de Resurrección. Renovamos las promesas del bautismo y con ellas hacemos hincapié en que el Amor es más fuerte que la muerte, que el odio, que la envidia. Aunque tengamos que pasar por la cruz, el Amor triunfa. Ese es el misterio Pascual. Dios nos muestra el triunfo del bien sobre el mal. Porque Dios Amor misericordioso no puede abandonarnos a la arbitrariedad de este mundo injusto. Nos hace cómplices de su apuesta por la Salvación del hombre, nos invita a vivir “Por Cristo, con Él y en Él”. Cada obra de bien que se realiza en el mundo derrama una gota del Amor de Dios. Y no podemos llegar a expresar con claridad ese infinito Amor del Dios de la Vida que sigue derramando dones en la Tierra.
A unas horas de ese volteo general que anuncia la Resurrección de Cristo, pensaba en este sábado silencioso donde en los Hechos de los Apóstoles se nos narra el estupor de los discípulos, completamente anonadados por la muerte de Aquel al que habían aclamado como Rey de Israel. La cruz tiene esa doble cara, por un lado el absurdo, del hierático anonadamiento de un Dios hecho hombre para salvar a la humanidad del mal. Sin la cruz el triunfo de la Resurrección no hubiera tenido lugar. Por eso cualquier cruz nos hace exclamar “Padre si es posible aparta de mí este cáliz”. En esas cruces podemos clamar “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”. Y finalizar asumiendo la impotencia “En tus manos encomiendo mi Espíritu”, en la confianza de que la última palabra será el triunfo y no el aparente fracaso, esa es la otra cara de la moneda.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo