Diálogo sin fronteras

Más allá de la justicia siempre se encuentra abierta la puerta del perdón

21.03.10 | 11:35. Archivado en Religión
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Estamos viviendo unos momentos curiosos. La sociedad exige justicia, todo ser humano lo demanda. Muy dentro de nosotros seguimos la antigua ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. No obstante hemos construido un marco de convivencia para protegernos del mal. Porque existe dentro de nosotros la capacidad de herir a los demás. Por eso desde ciento de generaciones atrás, sabemos que robar es un delito, o matar, o miles de señales que tenemos puestas como en el pasado remoto se recogió en el código de Hammurabi. Lo que nos explica Jesús supera el marco de la justicia. Y esto solo es posible porque ve nuestro corazón, ve la globalidad, no sólo el acto punible. De esa manera nos presenta el Evangelio de hoy una muestra más de la mirada de Dios frente al mundo.

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»


Lo primero que llama la atención es que la Ley exige un castigo para la adúltera. Una Ley injusta que no parece medir por el mismo rasero al varón. Aquellos que están dispuestos a cumplir la ley somos también todos nosotros que juzgamos a los demás según las normas de la época, ni más ni menos que como en tiempos de Jesús. Me llama la atención que la adúltera se muestra avergonzada y en silencio, espera su sentencia. Y mira por donde, Jesús sale por peteneras. Les exige mirarse por dentro, y nadie se encuentra libre de culpa. Así es como podemos entender la aventura de la confesión ante el Señor.

Mirar nuestro interior y si no encontramos de qué arrepentirnos, a lo mejor es que nos sentimos mejor que otros pecadores públicos. Y entonces Dios va a sorprendernos perdonando el delito, aunque no encubra la falta. Porque no le dice a la adúltera que no ha hecho nada, sino “En adelante no peques más”. Existe por tanto el pecado a los ojos de Dios. Existen las normas que se resumen en amar a los demás como a nosotros mismos. Pero es que a veces no sabemos amar el don que tenemos, la suerte de estar vivos, la esperanza que nos desborda frente a las contrariedades de la vida. No pecar es vivir según la voluntad de Dios. Algo difícil que no tiene nada que ver con el puritanismo, ni los corsés. Si no con la libertad de ser hijos de Dios.

Saberse pecador es gozar de la gracia del perdón. Y eso supone nacer a una Vida Nueva. La adúltera se siente revivir por dentro. Le han salvado la vida que estaba condenada a muerte. Pero el delito existe y Jesús no lo abole por muy demencial que nos parezca a nosotros. La justicia y la ley de Dios son rutas para enseñarnos a ser libres por dentro, libres de nuestras codicias y ambiciones, de nuestros egoísmos y vanos orgullos. De manera que también todos nos podemos identificar con la adúltera y frente a Dios ser perdonados gratuitamente. Pero eso sí con un objetivo claro, no pecar más. No volver por la senda equivocada.

Que la Cuaresma nos sirva por tanto para reconocer aquello que nos aparta del amor a nuestros hermanos y nos hace ver exclusivamente sus pecados, y no su interioridad como la ve Jesús. Y que esto no se entienda como que hay que pasar por alto el delito, sino que más allá de la justicia siempre se encuentra abierta la puerta del perdón.

11 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por saruce 22.03.10 | 18:32

    ../..No hay que ser muy imaginativo para percatarse de la alegría de aquella mujer, al saberse en manos de aquel hombre sabio.
    ¿Qué le pasaría por la cabeza?.
    ¿Arrojarse a sus pies, de agradecimiento?.
    Antes de que dijese o hiciese algo, Jesús parece percibir la turbación de aquélla, y en un gesto sin importancia aparente, la tranquiliza: "Si ellos no te condenan, yo tampoco".
    Pero no se lo dice "pasando de ella", sino que le advierte que si vuelve a cometer la misma falta de nuevo, la cosa puede ir a peores.
    "Márchate y no peques más" (porque siempre no voy a estar en esta playa, y esa gente está ávida de juicios y condenas a los demás).
    Jesús mostró su misericordia con la mujer adúltera, no haciéndose el "pesado".
    Perdonó los pecados de la mujer, con amor, y me imagino que ella marchó feliz por la sonrisa que recibió de despedida.
    Un denario por saber lo que dibujaba Jesús sobre la arena...

  • Comentario por saruce 22.03.10 | 18:16

    Ese trozo del evangelio tiene un significado muy especial para mí.
    Imagináos aquella escena.
    Jesús se halla sentado sobre la arena, dibujando sobre la misma, en una acción que más de uno de los que vamos frecuentemente a la playa, llegamos a hacer cualquier día, a cualquier hora.
    Dibujar con el dedo, o con un palo, o con una piedra sobre la arena. ¡Qué sensación de paz!.
    De pronto, una multitud que se congrega ante Él, para pedirle un juicio sobre aquella mujer.
    ¡Le han fastidiado su descanso, su tranquilidad, su distracción!.
    Pero no les pone mala cara.
    Les escucha atentamente, y luego les pregunta por el estado de sus respectivas conciencias.
    Probablemente no había dejado de dibujar sobre la arena, mientras hablaba con ellos.
    ..."Y poco a poco todos se fueron retirando, dejando a Jesús solo con la mujer".
    Aquellos judíos y publicanos se comportaron honradamente.
    Todos se reconocieron pecadores.
    Difícil, ¿eh?....

  • Comentario por Isaias 22.03.10 | 13:32

    El perdón no es fácil y para darse tiene que haber una reparación del daño y una petición de perdón. No obstante el caso de la parábola de la adúltera es reflejo de la inmensa misericordia de Dios. El no nos juzga, somos nosotros los que no paramos de juzgar a los demás y a nosotros mismos. "No juzguéis y no seréis juzgados, perdonad y Dios os perdonará...." hermosas palabras pero muy difíciles de poner en práctica. Solo es posible si Dios derrama su Gracia sobre nosotros y nuestro corazón está lo suficientemente receptivo para que esa Gracia germine y de fruto. Tiempos difíciles para el perdón, la misericordia y para la espiritualidad. Tiempos difíciles para todo, pero ahí está Cristo que es Nuestra Esperanza.

  • Comentario por 123 21.03.10 | 17:56

    123

  • Comentario por O 21.03.10 | 17:31

    ox

  • Comentario por acolito 21.03.10 | 13:50

    "Ora et Labora" (Reza y trabaja)

  • Comentario por ACOLITO 21.03.10 | 13:48

    Para recordaros que hoy,a parte de ser el 5 domingo de cuaresma,celebramos la fiesta de San Benito patron de Europa."Beatus vir,qui timet Dominus" (Dichoso el hombre que teme al Señor)

  • Comentario por acolito 21.03.10 | 13:21

    Señor,eres compasivo y misericordioso,defensor de los debiles y salvador de los pecadores..Aleja de mi todo juicio y condenacion,por que yo tampoco puede arrojar a la adultera la primera piedra.Hazme participe de tu compasion.Yabreme el oido:" Anda y no peques mas"

  • Comentario por caminante 21.03.10 | 12:22


    Es una buena reflexión para aquellos católicos que defienden la pena de muerte o los que sólo desean el endureciminento penal y se olvidan de la situación de injusticia que está detrás de muchas situaciones delictivas. La cárcel no parece que sea la única solución contra el delito sino la mejora social y humana de la sociedad.

  • Comentario por Insoprtables 21.03.10 | 11:46

    claro que aquí no hay censara, Vaya vaya con la Bellver. Sin más comentarios.Que te aproveche el blog. Menso mal que quien aquí te tiene es un poco más demócrta que tú Carmencita.

  • Comentario por saruce 21.03.10 | 11:43

    En los tiempos que corren, en lo cuales suponemos "estar preparados para juzgarlo todo, o casi todo, porque de todo sabemos", el perdón hacia los demás, que no es otra cosa que el reflejo de la misericordia de Dios hacia los seres humanos, es algo muy difícil de digerir.
    ¿Cómo explicar a un no creyente, que ha de perdonar a quien le ofende, porque es una forma de corresponder a Dios?.
    ¿Cómo explicar a un no creyente, que Dios, la iglesia y los cristianos perdonan a esos religiosos que han abusado de tantos inocentes, y no son cómplices de esos crímenes?.
    Se necesita fe en Dios para poder conjugar amor, con perdón y paz.
    La Ley del Talión ya estaba antes de la venida al mundo de Jesús.
    El mensaje cristiano abolió espiritualmente esa ley.
    Pero lo cristiano llega a más: Nada de odios personales, nada guerras, nada de envidia, nada de otros crímenes...
    Que Dios tenga misericordia de los delincuentes y de sus juzgadores.

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