Estamos viviendo unos momentos curiosos. La sociedad exige justicia, todo ser humano lo demanda. Muy dentro de nosotros seguimos la antigua ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. No obstante hemos construido un marco de convivencia para protegernos del mal. Porque existe dentro de nosotros la capacidad de herir a los demás. Por eso desde ciento de generaciones atrás, sabemos que robar es un delito, o matar, o miles de señales que tenemos puestas como en el pasado remoto se recogió en el código de Hammurabi. Lo que nos explica Jesús supera el marco de la justicia. Y esto solo es posible porque ve nuestro corazón, ve la globalidad, no sólo el acto punible. De esa manera nos presenta el Evangelio de hoy una muestra más de la mirada de Dios frente al mundo.
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo