En mitad de la Cuaresma las fallas son como un puente festivo que nos aleja de la calma y la serenidad que estas fechas sugieren. Si no escapas de la ciudad y sus alrededores es imposible evadirte del barullo y el caos. Son cientos de calles cortadas que obligan a desplazarte en dirección contraria saltándote las normas para poder aparcar tu vehículo en el garaje. Lo mejor es andar, andar toda la mañana y toda la tarde para absorber la luz de las imágenes.
Es bonito el espectáculo de luz, color y pólvora, una maravilla para la vista y también para la gastronomía local que reparte los puestos de venta ambulante, con garantías de Sanidad para no perjudicar a la buena e inocente ciudadanía, que está obligada a recorrer a pie los famosos monumentos de ninots. Nadie escapa de la aglomeración, de la foto, del tropiezo. Cuando se hace con gozo y en familia, te lo pasas bien, todos guardamos en la memoria esas fallas familiares que tanto nos emocionaba descubrir tras la plantá. Esa noche miles de jóvenes salen a cenar para ver como los artistas ultiman los monumentos. Una noche mágica con castillo de fuegos artificiales y posibilidad de vivir en la calle hasta la despertá, con tal aglomeración de gente que parece increíble que sean altas horas de la madrugada.
Ese petardeo continuo de la pólvora en manos infantiles supervisadas por los mayores, no para, no deja el reposo al oído. Mascletá en cada falla, y casal fallero con actividades permanentes de ocio y juerga. Lo cuento con alegría por ver las caras de felicidad de los niños y sus labios rodeados de restos de chocolate y buñuelos. Pero también lo digo con pesar por todos esos enfermos a los que no les llega la ambulancia o el médico de guardia obligado por las circunstancias a no perder los nervios. Lo digo por esos casales que cortan las calles e incapacitan a los camiones de bomberos, de recogedores de basura, que cambian contenedores y direcciones con señales de quita y pon.
Y así está Valencia de guapa y de molona durante una semana donde los sufridos trabajadores alzan impotentes los hombros esperando que llegue San José y convierta en pavesas cada uno de los monumentos. Fiesta del derroche que alimenta a miles de familias, que se expande más allá de la ciudad del Turia. Fiesta de la calle con cientos de bandas de música venidas de pueblos remotos para acompañar a los falleros. Olor a pólvora y flores. Lágrimas de alegría y pena mezcladas en tandas sucesivas. El día de la plantá, el día de la ofrena a la Mare de Déu, el día de la recogida de premios, las noches de fuegos artificiales, de discotecas móviles. La despertá atronadora, rumor permanente durante horas.
¿Se puede vivir la Cuaresma en este ambiente?. Es obvio que no, que hay indulgencia para falleros y población autóctona. Lo mejor es huir si se tiene posibilidad. Pero digamos con franqueza que la mayoría sufre las fallas y unos cuantos las disfrutan. No quería dejar pasar la ocasión de contar que los falleros son imbatibles, pueden permanecer los tres días finales, sin pegar ojo y aguantan. No sé qué tipo de elixir reparten en los casales, pero allí están con sus moños dispuestas para encajar el traje de huertana pudiente. Tenemos la suerte de que los pasacalles son una gozada para la vista. Cientos de personas vestidas como hace dos o tres siglos, niños incluidos en el lote, tacones y garbo con la sonrisa incorporada.
Tenía que escribir este post, mañana la música y los petardos acompañarán la entrega de premios. El Arzobispo de Valencia ha prometido seguir la fiesta. Seguro que Benedicto XVI estará entre los ninots con alguna crítica mordaz. No hay personaje que se salve. Yo de momento me he puesto unos tapones en los oídos. Me exasperan “els masclets” en manos ociosas.
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Si, Felices Fiestas a los Valencianos y a ti también Carmen, eso si, no te envidio nada porque lo del ruido lo llevo fatal...Ahora un ratito si que me gustaría pasear por las calles de Valencia en estas fechas, pero solo un rato, después vuelta al silencio.
Me uno tambien a la felicitacion a los valencianos !!Ha divertirse que eso tambien agrada a Dios!!
Felices Fiestas a los Valencianos ! La Cuaresma también se puede vivir en Fallas, claroque sí.
Cada cosa en su tiempo, decían los antiguos.
Y las fallas tienen su tiempo en estas fechas. Ya se divisa la primavera, y la explosión de la pólvora es como la de la sangre.
Soy incapaz de aguantar los petardazos, el olor a pólvora, y creo que tampoco podría pasar, a mi edad, tres noches en vela, de juerga en juerga. Pero lo envidio, de veras.
Cuando un pueblo se reúne para trabajar y disfrutar todos juntos, es que se trata de un pueblo sano.
Felicito a valencianos y murcianos por la originalidad de sus fiestas.
¡Cuanta gente joven!.
¡Cuánta camaradería!.
¡Cuánto saber estar!.
Yo creo que hasta los que lo están pasando algo "chungo", son capaces de sonreír y disculpar el jaleo, sabiendo que sus conciudadanos lo están pasando en grande.
Un abrazo.
Los Sanfermines son una borrachera continua, pero comparada con la pólvora, ¿andáis con antorchas por el monte u os gusta tanto el fuego?. Siempre me pregunte la razón de tanto fuego por allí.
; )
Mi marido tiene familia en Valencia, y todos los años nos invitan a ir en fallas. No puedo soportar la pólvora y jamás he ido en estas fechas. Este año, de nuevo: ¿Vais a venir? Pues el sábado, que ya ha acabado todo. No entiendo qué gusto sacan los valencianos a tanto ruido, porque yo voy de sobresalto en sobresalto. Y en Murcia también se usa mucho la pólvora, pero no tanto. Si no te gustan, Carmen, súfrelas como puedas, aunque sea con tapones en los oídos.
Carmen:
Pues os deseo unas felices fietas falleras a todos los valencianos. He visto algunas fotos de la iluminación de las calles y es una pasada de bonito...Divertiros mucho (estoy pensando en sumarme a la fiesta desde aquí y hacer también un alto en la Cuaresma...¡por solidaridad con vosotros, vamos! :D).
un cordial saludo.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo