En mitad de la Cuaresma las fallas son como un puente festivo que nos aleja de la calma y la serenidad que estas fechas sugieren. Si no escapas de la ciudad y sus alrededores es imposible evadirte del barullo y el caos. Son cientos de calles cortadas que obligan a desplazarte en dirección contraria saltándote las normas para poder aparcar tu vehículo en el garaje. Lo mejor es andar, andar toda la mañana y toda la tarde para absorber la luz de las imágenes.
Es bonito el espectáculo de luz, color y pólvora, una maravilla para la vista y también para la gastronomía local que reparte los puestos de venta ambulante, con garantías de Sanidad para no perjudicar a la buena e inocente ciudadanía, que está obligada a recorrer a pie los famosos monumentos de ninots. Nadie escapa de la aglomeración, de la foto, del tropiezo. Cuando se hace con gozo y en familia, te lo pasas bien, todos guardamos en la memoria esas fallas familiares que tanto nos emocionaba descubrir tras la plantá. Esa noche miles de jóvenes salen a cenar para ver como los artistas ultiman los monumentos. Una noche mágica con castillo de fuegos artificiales y posibilidad de vivir en la calle hasta la despertá, con tal aglomeración de gente que parece increíble que sean altas horas de la madrugada.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo