Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto. (Rm 12,1-2)
Cuando las aguas se enturbian y el corazón se agrieta, el apoyo de los amigos es un consuelo. Pero no dejemos que sean amigos de prestado, de los que utilizan las desgracias ajenas para arrimar el ascua a su sardina. Mientras el libro de Pagola sigue crucificado, Masiá es silenciado, y Ariel se debate en su fuero íntimo hasta decidir abandonar el sacerdocio, deberíamos pensar que hay miles de creyentes y religiosos que están ajenos a estas turbulencias.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo