Ayer tenía que haber escrito sobre la mujer, que para eso era el día señalado, pero tuve ocupaciones más urgentes que atender. No es que una no sienta la imperiosa necesidad de ser feminista. Motivos sobran. Pero en un país donde se pide abortar por tener derecho a nuestro cuerpo, se aguanta mal estar en ese rincón del gremio. Yo cada día lo llevo peor, me sobra la Ministra de Igual-dá porque estoy en contra de la cuota por discriminación positiva. A mí lo que me pide el cuerpo es enviar a su casa a las mujeres florero, pero las que curran de ocho de la mañana a doce de la noche, mis respetos. Los mismos que para sus correspondientes parejas.
Claro que el tema se complica cuando hablamos de la Iglesia, donde las mujeres pintan mucho pero mandan poco. Y ya se sabe que la tonadilla de que todo es servicio importa un pimiento cuando tú dices a otro lo que hay que hacer; pero cuando eso te lo dicen a ti, cuesta un montón creerse lo del servicio. Sobre todo porque después de ser uno cardenal no se le vuelve al servicio de una parroquia para que sirva, sino que lo jubilan como emérito. Tampoco conozco ningún obispo que deje de ser tal cosa para volver al servicio. Entre otras cosas porque entienden que su cargo es un servicio. Así cualquiera.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo