“Yo soy ateo”, titula hoy Domingo Oriol en la Vanguardia, en un artículo sugerente que da mucho que pensar. De manera inmediata me he respondido, pues yo soy católica. Pero eso no se lleva puesto como una etiqueta. ¿Qué sentido tiene que uno diga que es ateo y que otro responda que es católico?. ¿Cambia nuestra altura, nuestra medida, las relaciones con los demás?. Pues mira sí, ahí hay algo que debería hacerse notar. Lo que sucede es que llevamos mucha roña encima y lo limpio cuesta de encontrar. Sin embargo, a continuación me ha venido otra pregunta: ¿Qué pasa con los que no creen?. ¿Qué sucede con quienes no han recibido el bautismo?.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo