Estamos en pleno invierno y la anunciada pandemia de gripe, ha quedado en un fiasco, afortunadamente; no fueron excesivas las advertencias que se hicieron por parte de varios especialistas sobre la conveniencia de no aplicar la vacuna de manera masiva u obligatoria. En definitiva gracias a la correcta información de Teresa Forcades y otros investigadores, se consiguió frenar lo que hubiera resultado una imposición con pingües beneficios a favor de determinadas marcas farmacéuticas.
Pero no es ese el tema que hoy quiero tratar, sino otro muy distinto derivado del mismo. Hace mucho que las pilas de las iglesias permanecen vacías. Ustedes recordarán que se tuvo un especial cuidado en alarmar a la población y pedir la retirada del agua bendita por prudencia e higiene. Dos medidas que la Iglesia, sin una normativa clara, aceptó sin más. No se sabe que haya ninguna disposición sobre el tema que haya salido ni de la Conferencia Episcopal, ni de los Arzobispados. Pero como sucede siempre en estos casos de alarmas a la población, el agua bendita, salvo en caso de aplicación de sacramentos fue retirada de la pilas que hay en las entradas de las Iglesias. Y hasta hoy.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo