¿Para qué sirve creer?. ¿De qué te sirve tener fe?. Sé que es una pregunta que está ahí, tan actual que sigue presente en todas las épocas.
Oiga, servir, servir, en el sentido peyorativo que se infiere en ambas preguntas, pues no sirve para nada. La fe no da dinero, ni fama, que son los dos ídolos de hoy en día. Pero es muy útil, de modo que sí que sirve, vaya que sí. En los días grises que todo se vuelve del revés, te da paciencia, te hace mirar y ver a otros con muchas más dificultades que las tuyas, gente que nada tiene pero disfruta de la familia y los amigos. Te hace dar gracias por todo lo que tienes. Te exige compartir con los demás.
Me he dado cuenta que la fe también me anima a buscar la manera de hacer feliz a quienes están cerca de mí. Me obliga a recordar los nombres de quienes trabajan conmigo; a conversar sobre sus hijos, sus problemas, sus desganas. La fe me acerca a la gente y a Dios, por eso nunca me siento sola. Y además soy más feliz con fe que cuando se tambalean mis creencias. Cuando me acecha el desánimo y la tentación del vacío existencial, soy infeliz. Y sólo vuelve a brillar mi vida en el encuentro con el otro y con Dios. Y eso quiere decir que la fe es un don, una semilla que hay que cultivar. Porque vienen las lluvias y si no está firme se la lleva la erosión de la tierra Y son muchos los diluvios que hay que soportar a lo largo de la vida.
Pero aún así, es cierto que tenemos una suerte envidiable; junto a nosotros están nuestros hermanos y lo único que hay que intentar es hacer realidad esa fraternidad humana que es el cristianismo. La fe fortalece la constancia, la templanza, la resilencia; es un camino que sólo finaliza en el gran viaje hacia las manos del Padre. Y encima a veces se contagia, como lo oyen. Basta que exista una persona creyente para que le salga por los poros la bondad. Si la fe nos hace buenos quien juegue a negar está verdad, es un peligro público. No teman esto último es una broma.
Porque lo cierto es que hay gente que finge fe, o tiene una fe a la carta, de esa que no compromete su vida, ni les exige renunciar a la venganza. Y ustedes dirán que hay gente buena sin fe, capaz de grandes sacrificios por los demás. Por supuesto, en ellos está el rostro amoroso de Dios, que brilla aunque nos empeñemos en tapar los ojos con una venda. Nadie puede sacar el bien si no hay en su interior una semilla de bondad. Y hoy el evangelio nos lo recuerda sin tapujos:
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
-«Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.
El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo:
-«¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió:
-«Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.» Marcos 7, 14-23
El mal que hay a nuestro alrededor no contamina, si no le dejamos anidar en nuestro corazón. Por eso la fe es un don que exige perdonar y volver a empezar todos los días. Para limpiarnos por dentro es necesario el don del amor. Ese que no busca el mal ni se complace en las desgracias, ni saca beneficios de cualquier modo. Pero aún así, la fe es un proceso personal entre Dios y el hombre, está presente desde el origen del ser humano y jamás desaparecerá.
Si encima sabes que es la revelación de la bondad de Dios hecho hombre para sufrir las inclemencias de la vida, como cualquier ser humano, entonces la fe es un regalo que hay que proclamar. No puede quedarse en un ritual semanal, exige mucho más de cada uno de nosotros. Compromete toda nuestra vida.
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SOFIA. (Con la venia de la autoridad competente).
Ya que se acerca el día de san Valentín, hablemos del @mor. Con mayúscula o con minúscula que tanto da. ¿Quién tiene la razón absoluta?... Dejémoslo así.
Amiga Sofía, yo tengo mis principios y mis finales. Nos veremos por otros pagos, espero.
Agur. Ondo ibili.
Seguridad no tenemos ni tú ni yo. Yo pienso que los que aman, aun sin creer, se llevarán la sorpresa de que el Amor existe y tiene la última palabra. Tú piensas que estoy equivocada y acabamos en la nada. Si tienes razón, me temo que no nos vamos a enterar. Si tengo razón yo, ya nos veremos, espero, y te diré ¿ves cómo tenía razón yo?
Pero espero que sigas viniendo. No te enfades, que aquí se te aprecia, a pesar de la impresión negativa que te han dado un par de frases.
Gero arte
Emerito,
Pues eso te digo que no hay seguridad, hay fe, por tu lado y por el mío. Y claro que en la parábola del samaritano no se nombra para nada a Dios. A eso me he referido cuando te he recordado a Jn y a Mt, que lo que importa es el amor que se manifiesta en obras de amor al prójimo.
Lo que añado es que ese amor verdadero y desinteresado expresado en obras que "viene del hombre y va al hombre" viene de Dios y va a Dios, aunque el hombre no lo sepa, porque somos imagen de Dios, hay una chispa divina en el hombre, Dios actúa dentro de nosotros, Dios se identifica con quien nos necesita y recibe nuestro amor. Esa es mi fe. La tuya es que Dios no existe, que no procedemos de él ni vamos a él, que todo se acaba con la muerte. La mía es que el Amor es el fundamento de nuestra existencia y es más fuerte que la muerte, que fluye a través de nosotros. Dios no es rival del hombre sino el fundamento de su vida. Y quiere que el hombre viva.
SOFIA. Por deferencia te contesto. (Perdona, Carmen, mi estrambote)
¿Seguridad? ¿De qué? ¿Y tú me puedes demostrar tu seguridad? Y voy a corregir esta conclusión tuya: "el amor verdadero, desinteresado y expresado en obras, siempre viene de Dios y va a Dios." Pues yo pienso que el amor verdadero, desinteresado y expresado EN OBRAS, siempre viene del HOMBRE y va a HOMBRE. Aunque luego se quiera sublimar. En la parábola del Samaritano no se nombra para nada a Dios ni la religión. "Pues, vete, y haz tú lo mismo" con el prójimo. Y tu misma cita de Juan lo demuestra. Primero, el "prójimo a quien ves"; a dios, al fin y al cabo, "nadie lo ha visto".
Y efectivamente, seamos consecuente con lo que "decimos" que creemos. Y dejémonos de boquilla y bonitas palabras.
Saludos cordiales (salidos del corazón)
Yo, como el santo Job, seguiré armándome de paciencia. A ver si tengo la suerte y, en el órdago entre Dios y Satán, me toca mi lote. La fe, Dios me la dio y Dios me la quitó. Bendito sea su santo nombre.
Adiós, o a Dios, lo que prefieras.
El hecho de que tal blog se sitúe en el polo opuesto de otros de RD y del tuyo, no puede significar la desconsideración y el desprestigio que insinúas en tu cita. Hablas con frecuencia en tu blog de libertad religiosa, libertad de expresión, democracia, convivencia, capacidad de crítica…; pero las consideras exclusiva propiedad tuya y, por el contexto, de los creyentes. Los ateos, agnósticos o incrédulos o “sincredistas” somos los que dividimos, atacamos, desunimos. ¿No te parece lamentable tal insinuación? La “obsesión”, así considerado, es la tuya (vuestra). ¿Acaso os da miedo perder las “seguridades” que tenéis respecto a la vida, a la moral y a la convivencia?”
Seamos coherentes. Y si hay fe, que sea “buena fe”.
Descansa tranquila, no volveré a sembrar mi semilla en este blog. ¿¡¡Qué puede aportar “un pobre hombre abocado a la nada” en un blog tan elevado y tan sublime!!?
CARMEN. De verdad que lamento tu comentario por “despreciativo”. Y no retiro la palabra. Ves fantasmas donde no los hay. Dices: “Siempre nos hemos respetado”. Efectivamente, Carmen, y yo lo he hecho en mi comentario. Y si he faltado en algo, díme en qué y si no, ¿por qué me fustigas? Solamente he querido contrastar la opinión de que sólo los que creen en Dios viven felices. Somos o podemos ser tan felices como el que más. Pero veo que no ha sido bien recibida esta opinión. Tu “dialogo sin fronteras” acaba de levantar un muro.
La despectiva expresión con la que aludes a Humanismo sin Credos (“no quiero emponzoñarme de nihilismo”) demuestra un cierto descrédito y desprecio para cuantos escribimos en él y manifestamos nuestra forma de pensar. Quienes participamos activamente en Humanismo tenemos el mismo derecho a esa “libertad de expresión” que tú exiges para ti, guste o no guste. A nadie se le obliga a entrar en él ni mucho menos a aceptar tales opiniones.
Emerito, ¿cómo puedes estar seguro de que lo bueno que hay en ti no es divino? Puedes llamarle de muchas maneras, pero el amor verdadero, desinteresado y expresado en obras, siempre viene de Dios y va a Dios. Es cierto que esto no se puede probar, pero tampoco lo contrario. En cuanto a los tipos de creyentes y los tipos de dioses, hablamos de la fe según Jesús y de Dios según Jesús.
Tú sabes bien que dice Jn que quien no ama al hermano a quien ve no ama a Dios a quien no ve. Y también sabes que, según Mt, al Dios de Jesús se le ama, incluso sin saberlo, en el prójimo. Por tanto la fe en el verdadero Dios, no es distinta de la fe en la fuerza del Amor. Pero es cierto, como dice Carmen, que ser consciente de esto es un don que hay que pedir para todos.
Y también tenemos que pedir ser capaces de ser consecuentes con lo que decimos que creemos.
A la hora de la verdad, lo que sea se verá.
Saludos cordiales
Emérito:
Siempre nos hemos respetado. Pero hoy te lanzas a degüello. Pido la fe para tí. Un hombre sin Dios es un pobre hombre abocado a la nada. No, amigo, no, te ha molestado mi post y por eso vienes a dejar tu semilla. Recuerda que no viajo hacia tu blog, no quiero emponzoñarme de nihilismo. La soberbia de quien cree no necesitar de otro, superior a él, es muy peligrosa.
Un saludo
Carmen, muy de acuerdo contigo en la exposición.
La primera parte del último párrafo, es un primor de coherencia cristiana. "Revelación de la bondad divina" es algo más profundo que una plegaria, o que una mera observación.
Amigo Emérito Agusto, yo también he leído el post, y no he sacado esas conclusiones. Posiblemente, la fe sintonice las almas, también los cerebros, y hasta los corazones.
Creo que pecas de "duro" al tratar de corregir diciendo que Dios no está en el corazón de las personas.
¿Consideras que es faltar a la verdad cuando Carmen habla (escribe) de "sentir la intimidad con Dios"?.
"Lo más íntimo", "en pleno corazón", "en lo más profundo de mi alma", suelen ser frases aceptadas por creyentes y no creyentes.
Tanto a ti como a mi nos gusta la poesía.
¿Vas a negar licencias poéticas en el blog, cuando tú mismo te "lanzas al estrellato" en el de AHSC?.
Y no se trata de dar lecciones, sino de abrirse al exterior..., creo yo.
Emérito, Jesús bien sabía lo que se decía : "El que tenga oídos para oír, que oiga" , ¿ no lo ha leído? El sabía que estas cosas no son para sordos...
Debo concordar con Emérito Augusto y Caminante,la fe es un don maravilloso pero no es lo que nos hace mejores personas solamente.Saludos
!!!Ave Maria de Lourdes,acuerdate de los enfermos que te imploran.se su consuelo y su guia.Toda hermosa eres Maria,en ti no hay mancha alguna.Tu eres la gloria de Jerusalen........Tu eres el orgullo de nuestro pueblo.Ave Maria!!!
De dentro del hombre sale la fornicación, el egoísmo, la avaricia, la ira... Pero también de dentro del corazón sale la compasión, la solidaridad, la generosidad, la verdad, la espiritualidad, la alegría... A veces en las terapias psicológicas se hurga despiadadamente en la basura del corazón. Mejor descubrir lo bueno y sembrarlo en la vida...
ser creyentes no nos hace mejores que los demás, en ocasiones al contrario, los creyentes han sido los más duros e intolerantes. Si mi Dios viene y me libra de la aflicción es hora de que em`piece a buscar el verdadero Dios, decía Toni de Mello. Naturalmente como creyente mi fe me lleva a ser más humano, como el humanismo o el socialismo al no creyente. Lo importante es esto: ser más humano,no tener o no fe. La fe es algo verdaderamente gratuito,simplemente es la expresión de lo que somos, no un beneficio que nos hace saber más que los demás o ser más felices que los demás. Al final lo importante es cómo vivimos, con amor o no, y no tanto lo que creemos o dejamos de creer.
Carmen:
Muy buen post; completamente de acuerdo tanto contigo como con Inmaculada e Isaías.
Un cordial saludo
Es otra cosa lo que hay dentro. Lo puedes llamar bonhomía, humanidad, sensibilidad, altruismo, abnegación…; pero nunca “divinidad”.
Saludos cordiales (salidos del corazón).
¡¡Idílico!! Es el vocablo más apropiado que encuentro para definir este post. Y lo rubricaría si no fuera por la pizca de exclusivismo que trasluce.
Servir servir, lo que se dice servir… La fe que no sirve (al hombre) no sirve para nada. No pocos creyentes (¿crédulos?) hacen consistir la fe en “servir a Dios” sobre todas las cosas y personas, hasta sobre prójimo (olvidándose del “como a ti mismo”).
¿No te parece, Carmen que has descrito una “fe-agenda”? Te “recuerda” tantas cosas. Cuando “abres” tu fe, todo te viene a la mente, todo te resulta fácil…
¿Que dónde está el exclusivismo? Pues en que dejas traslucir que quien no tiene fe está privado de todas esas satisfacciones, alegrías y beatitudes.
Has querido completar el idilio refiriéndote a que “hay gente buena sin fe, capaz de grandes sacrificios por los demás”. Pero por mucho que intentes convencer (te-nos), Dios no está en el corazón ni en la mente de estas personas.
Magnífico post. Si, la Fe es un regalo de Dios, una gracia que el buen Dios nos da. Si, desde luego el que tiene fe nunca está sólo, la sensación de soledad desaparece porque sabes que eres importante, sabes que eres amado, siempre sabes que hay alguien ahí que te escucha, que te ama, que no te abandona. La Fe es confianza en Dios. ¡Señor aumenta mi fe!
Mañana Nuestra Señora de Lourdes.Dia de oracion por los Enfermos.-
Completamente de acuerdo contigo, Carmen. Todos los días doy gracias a Dios por el don tan grande de la fe, que me empuja a vivir la vida con plenitud, a saborearla en sus buenos y malos momentos, a tener esperanza cuando las cosas se tuercen, a intentar cada día ser aquello a lo que aspiro, aunque no lo consiga. Por eso decía en otro post tuyo que la salvación ha empezado ya en este mundo para aquellos que tenemos fe. Un fuego que abrasa, un agua que empapa todo el ser, un amor que desborda...imposible describir con palabras. Sólo quien ha tenido la experiencia entiende lo que significa tener fe.
Entonces comprendes qué es eso de perdonar a quien te ofende, de buscar la felicidad del otro, de preocuparte por quien tienes cerca, de vivir, en definitiva, dando la vida por los demás. Claro que una cosa es entender y otra ponerlo en práctica. No es fácil, pero con la gracia de Dios, todo es posible.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo