Las catástrofes son causa de muchos males. Lo estamos viendo en Haití. Una población masacrada, una ciudad derruida por un temblor equivalente a un montón de bombas o a un estallido nuclear. Y si faltaba algo, el caos, la rapiña, los saqueos, la desolación. Es como una plaga bíblica, como los cuatro jinetes del Apocalipsis. El pueblo de Haití merece algo más de toda la comunidad internacional, no sólo ni exclusivamente dinero, sino mucha cooperación y trasvase de especialistas: médicos, enfermeros, bomberos, policía, militares; todos ahora deben seguir un esquema diseñado por especialistas en grandes catástrofes. Y no se puede estar al albur de cincuenta estrategas. Nos guste o no, se necesita mano férrea. Y lo mejor que puede hacer la ONU, EEUU e incluso UE, es enviar al ejército para que organice la distribución de las ayudas.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo