Prosigue la ofensiva contra el nombramiento de monseñor Munilla. Está sirviendo como peón a “Esa otra Iglesia” que se encuentra muy cómoda en su poltrona. Hoy sin ir más lejos Tamayo nos cuenta en El País como eran los nombramientos de obispos en los primeros siglos. Es como un Quijote luchando contra los molinos de viento. Pero su imagen hace más daño que la de Alonso Quijano, vaya que sí. ¿Será igual una iglesia de miles que de millones de fieles?. ¿Podrá gobernarse con los criterios de una comunidad de vecinos?. Yo no he leído la historia de la Iglesia, pero empiezo a recelar de esas crónicas que de reiterativas resultan grotescas. No tengo ni idea de cómo es monseñor Munilla, pero después de asistir a su quema mediática, tengo una enorme simpatía por su persona. ¿Por qué un pequeño reducto de sacerdotes se opone?. ¿Qué temen perder?. ¿Acaso no se trata de proclamar el Evangelio?. Pues qué más da quien sea el pastor. Sin embargo ellos quieren decidir y supervisar el elegido por el Santo Padre. Temen perder una línea pastoral con la que estaban muy cómodos.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo