Dos películas para ver y pensar en las que se encuentra la ausencia y la presencia de la religión. El erizo es una película mediocre que sugiere leer el libro “La elegancia del erizo” de Muriel Barbery, para entrar en ese universo que sus tres protagonistas apenas insinúan. La portera desaliñada que posee un alma cultivada y hermosa, se cruza con un viudo japonés con quien, según me indican los lectores de la obra, mantiene interesantes diálogos. No en vano la autora del libro, Muriel Barberry es profesora y filósofa, además de escritora. Es curioso que fuera precisamente esa tensión dialéctica la que intuía y echaba en falta en la película. No voy a negar que la interpretación es muy apropiada. Pero tampoco dejaré de anotar que me parece infortunado que una niña decida suicidarse el día de su doceavo cumpleaños. Una niña inteligente e incisiva que va grabando los últimos momentos de su existencia y se recrea con deleite en la muerte, simulando los efectos de su suicidio en un indefenso pez de colores. Las claves de la película nos dan las pistas por las que se desenvolverá con soltura la novela.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo