Hay ocasiones donde las palabras propias sobran. Hoy es precisamente uno de esos días. No tengo palabras que puedan sustituir la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios 12-31,13-13 que corresponde a la segunda lectura de este domingo:
Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.
¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
Monseñor Munilla, obispo de San Sebastián, sabe de qué habla. Les ha dicho a los jóvenes que integren la sexualidad en el amor. Y ha apuntado a que la mujer está siendo explotada por el pansexualismo del momento. El "aquí te pillo aquí te mato", deja que la mujer sea usada como un kleenex. Y mientras hablaba a los jóvenes de quince y dieciséis años que están experimentando las relaciones sexuales tempranas, se esforzaba por presentarles el respeto al otro, como la norma que exige el Evangelio, y que se debería proponer en cualquier sociedad que no esté deshumanizada.
Metidos de lleno en una crisis económica y social cuyo futuro sombrío nos persigue de manera implacable, no obstante hay voces animosas que vislumbran una luz al final del túnel. El ser humano sabe salir siempre a flote, está bendecido, no me canso de repetirlo. Puede lanzarse al abismo y crear monstruosidades, pero en algún momento el péndulo oscila de manera natural y todo regresa al cauce adecuado.
Yo sólo puedo añadir que mantengo firme la fe en Dios que me hace esperar lo mejor, aún en situaciones críticas. Por eso creo que la actitud del Parlamento Europeo que toma el derecho al aborto y la retirada de los crucifijos como un tema candente de debate, es una especie de despertador. Creo que la situación actual está sacudiendo la conciencia dormida, aletargada durante generaciones. Aquí acuden inmigrantes de todo el mundo y la tasa de natalidad es de las más bajas, sólo crece la de la inmigración. Sin embargo, el debate suicida es considerar el aborto un derecho, sin proteger la maternidad y la conciliación de la vida laboral y familiar.
Comentaba hace unos días lo del “progrerio” pro islamista y algunos dijeron que aquel post era xenófobo. Pues hoy les traigo una noticia que no les va a gustar. En Pakistán una niña de doce años ha sido violada, torturada y asesinada por su jefe musulmán. Algunos no dudan en calificar el crimen de delito común. Como si fuera el pan nuestro de cada día eso de cargarse a jovencitas que trabajan de empleadas del hogar. Claro que el hecho tiene dos lecturas, la niña ayudaba a la familia con apenas unas rupias, por tanto era pobre, además de cristiana. Y por si faltaba algo su jefe era un abogado musulmán que intentó cerrar el caso comprando el silencio de sus padres. Shazia Bashir era presa fácil para un desaprensivo. Como tantas otras en muchos lugares del mundo; pero una servidora no se resigna a que desaparezcan en el anonimato porque todas merecen que su nombre salga a la luz.
En este mundo hay veces que caemos del caballo, como San Pablo, cuya conversión celebramos hoy. Puede ser una enfermedad personal o familiar; un accidente; o cualquier otro acontecimiento que produce una sacudida interior. Convertirse es mirar las cosas desde otra perspectiva, ver el mundo con unos ojos diferentes. Las experiencias personales son intransferibles, pero cuando alguien ha vivido un suceso de esas características, siente mayor compasión y empatía hacia el resto de personas que sufren en su piel los arañazos de la vida.
Ayer me quedé sorprendida frente a la reflexión de un hombre que no se atrevía a pedir a Dios la curación de su hijo. Se revelaba interiormente frente a un Dios milagrero.
Con motivo de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones, Benedicto XVI lanzó ayer un mensaje apostando por la cultura religiosa en Internet. Hizo un llamamiento a todos los sacerdotes para que se impliquen en los medios digitales. La Palabra de Dios debe ser expuesta desde todos los ámbitos y a todos los hombres. Y no cabe duda que el medio más revolucionario que tenemos en este momento es la Red.
En este portal he visto nacer como setas a numerosos compañeros con diferentes blogs. Y también he visto marchar a más de uno para encontrar su lugar en otros portales, para comunicar con mayor coherencia según sus criterios. Lo cierto es que Religión Digital es un portal plural cuya línea editorial se escora hacia un lado, pero al mismo tiempo cada día mejora en poner la información religiosa de manera profesional. Y cuando digo profesional, me refiero a que no se opina sino que se informa, con rigurosidad.
Este post reflexiona sobre los comentarios recibidos a cuenta del artículo anterior. Es curioso como algunos están dispuestos a confundir el “culo con las témporas”. Podemos amar a Dios y amar a los demás, o al menos intentarlo. Pero eso no nos exime de pensar y analizar la realidad circundante. El caos ideológico de ese incipiente siglo XXI encontrará su salida, porque el ser humano está bendecido y siempre cuenta con el auxilio de Dios, tanto para creyentes como para escépticos militantes.
El diálogo interreligioso es bueno, el respeto al diferente es un derecho a conseguir en todo el globo. Y hacer hincapié de que este derecho se conculca en muchos países, no es ir contra nadie, sólo me limito a subrayar la realidad.
Esta democracia de papel cuché esclaviza a sus residentes a base de esgrimir los derechos como un mantra. De esta manera tan original mientras se cubre las necesidades básicas de cualquier inmigrante, se pierden prestaciones sociales y se avanza en la privatización de servicios. Somos tolerantes y dialogamos mucho, tanto que los de fuera aprovechan las conquistas de la sociedad del bienestar para aquello que les conviene. Por ejemplo para exigir que las musulmanas sean atendidas por mujeres médicos. Exigir que sus hijas no hagan educación física para no tener que quitarse el velo.
Con enormes dosis de sentido común, vocación por el servicio y cierto grado de buen humor, el profesorado español sigue intentando educar y enseñar, pese a los sucesivos Ministros de Educación que han ido saliendo a diestra y siniestra; nunca mejor definida la izquierda que con ese calificativo. Porque el sistema socialista lleva veinte años en vigor y agoniza, basta leer los informes que siguen delatando que algo se ha hecho mal. También es verdad que la política educativa permite regiones privilegiadas y otras que están a la cola. Y el sistema es idéntico en una zona que en otra. Que me lo expliquen oiga.
Las catástrofes son causa de muchos males. Lo estamos viendo en Haití. Una población masacrada, una ciudad derruida por un temblor equivalente a un montón de bombas o a un estallido nuclear. Y si faltaba algo, el caos, la rapiña, los saqueos, la desolación. Es como una plaga bíblica, como los cuatro jinetes del Apocalipsis. El pueblo de Haití merece algo más de toda la comunidad internacional, no sólo ni exclusivamente dinero, sino mucha cooperación y trasvase de especialistas: médicos, enfermeros, bomberos, policía, militares; todos ahora deben seguir un esquema diseñado por especialistas en grandes catástrofes. Y no se puede estar al albur de cincuenta estrategas. Nos guste o no, se necesita mano férrea. Y lo mejor que puede hacer la ONU, EEUU e incluso UE, es enviar al ejército para que organice la distribución de las ayudas.
Cuando hemos sabido que Zapatero iba a rezar junto a Obama nos ha entrado la risa tonta. El paladín laicista entonando oraciones junto a cientos de “vacas sagradas” del país. Y cuando digo “vacas sagradas” me refiero como es obvio a los multimillonarios conservadores que mantienen en el poder a los políticos y a quienes éstos siguen el juego sin atreverse a tomar medidas que afecten sus bolsillos. La foto con Obama es un bocado apetitoso para aparentar un peso político que en realidad no existe. Nuestro flamante presidente vive en una nube de falso optimismo que intenta contagiar al pueblo español con frases entonadas como un mantra. De modo que sus oraciones en el desayuno religioso con Obama pudiera resultar toda una inspiración para acometer su próxima jugada.
Tengo grabada en la retina la imagen de un fotógrafo de guerra. Está viendo como una joven se esconde tras una pared en ruinas y la cámara enfoca como al mismo tiempo se va aproximando un soldado por otro ángulo. El fotógrafo contiene el aliento y apunta la cámara hacia el objetivo, está a la expectativa para conseguir ese momento en el que el cráneo de la joven va a ser alcanzado por un disparo. Al mismo tiempo la imagen muestra el rostro del fotógrafo expectante y la joven víctima mirando hacia el objetivo, son segundos en los que hubiera podido hacer una señal a la joven, gritar al soldado, distraer al ejecutor y salvar a la víctima. El drama es que esa imagen será premiada y perseguirá al fotógrafo, esos minutos hasta ver el cráneo abierto de la joven se fijarán en su retina y la culpa corroerá el futuro del periodista.
Lo más parecido a una guerra es un terremoto, al menos en la desolación de sus calles y la ruindad de sus edificios. También lo es en el goteo de víctimas. Sin embargo lo que diferencia esta tragedia de la otra es que la primera sucede en segundos y la segunda se desarrolla a lo largo del tiempo, durante meses o años. Ambas son terribles, pero no pueden compararse.
No hay nada que se le pueda decir a quien se encuentra ahora en estado de shock, derrumbado como los edificios, buscando a los suyos o sencillamente desesperado por haberlos perdido. Momentos en los que se cruza la línea que separa la vida y la muerte, momentos que cambian por completo la realidad circundante. Seguramente muchos se preguntarán dónde estaba Dios cuando tembló la tierra; cuando se tragó a los familiares y todo el esfuerzo de años convertido en pavesa. Hay que serenar los ánimos, Dios está siempre con los afligidos, El eligió ser víctima y nos mostró el camino para llegar al Padre: Yo os digo que todo lo que hiciste al más pequeño de mis hermanos, me lo hiciste a mí. (Mt 25, 40).
Al arzobispo de Granada le pasa algo raro. Le llueven los pleitos y denuncias por doquier. Es un claro caso de gafe eclesial, no me inmiscuyo en su gestión, pero me preocupa esa imagen adusta y bronca con la que aparece en todas las fotografías. Me da que padece úlcera de estómago o lleva camino de padecerla. El caso es que su último rifirrafe viene a cuento del aborto. Las féminas han abierto una página en faceboock para empapelarlo en un juzgado como incitador a la violencia de género.
Las diferentes civilizaciones que han ido sucediéndose a lo largo de la historia de la humanidad nos muestran un camino inequívoco. Todo lo que surge pujante y vigoroso, termina por corromperse, desvirtuarse y disolverse. De esa manera podemos revisar la Historia de la Antigüedad desde los sumerios, hasta los mayas, pasando por la cultura grecolatina o finalmente la civilización cristiana, que tiene su máximo apogeo en la Edad Media. Al llegar la Contrarreforma aquella unidad civil y religiosa se rompió. Desde entonces se han sucedido otro tipo de culturas al abrigo de los avances técnicos e industriales. La revolución francesa fue la primera rebelión contra Dios por parte de una clase burguesa que buscaba el Poder Civil. Era una manera de separar ambos poderes. Más tarde y siempre a grosso modo, hemos conocido el marxismo y los totalitarismos del siglo XX. En ellos tampoco cabía la fe.
Los calendarios laicos ya eran una realidad antes que el Ayuntamiento de Logroño publicase el suyo, la novedad estriba, según cuenta La Gaceta, en que desaparecen onomásticas y advocaciones religiosas para ser sustituidas por fiestas musulmanas. La idiotez solo tiene una lectura, se puede entender que celebremos el día del libro y el nacimiento de Isaac Newton, de esas efemérides algunos piensan que vale la pena reseñarlas. Puestos a recordar preferiría dar un toque histórico a los almanaques. Que en Logroño celebren la Batalla de las Navas de Tolosa puede aumentar el nivel cultural de su alcalde y de todo el consistorio, alguno habrá que consulte una enciclopedia y con ello todos saldríamos ganando. Pero está claro que molestaría a la población musulmana.
Estoy dispuesta Señor, quiero llevar un registro diario contigo. Que tenga unos minutos de reflexión, de oración. Ya sé que no consiste todo en mera palabrería, que hay que contemplar y escuchar, antes que hablar a borbotones. Y la verdad es que tenemos poco tiempo para contemplar, para sentarnos tranquilamente a ver pasar la vida. Me imagino en un banco del jardín observando las tórtolas, los pájaros, las vaporosas nubes, el azul límpido del cielo. Me siento ahí, un rato, a ver jugar a los niños, a reír con ellos, a respirar aire puro.
Y mira, tengo que decirte que me faltan horas para ese hueco diario. Abro el ordenador y contemplo el mundo desde el universo digital, devoro las noticias, casi sin tiempo para darme cuenta de lo evidente. Que tras la curva por la que derrapó aquel automóvil, también se deslizaban dos vidas, llenas de sueños, de proyectos frustrados de golpe. Una pareja, anónima, cuatro iniciales y sus años. ¿Quién piensa en ellos? Son datos estadísticos, noticia de suceso. Pues sí, ahí está la cosa, tras un suceso hay toda una historia. Me lo enseñó mi madre, quien a su vez lo aprendió de la suya.
Prosigue la ofensiva contra el nombramiento de monseñor Munilla. Está sirviendo como peón a “Esa otra Iglesia” que se encuentra muy cómoda en su poltrona. Hoy sin ir más lejos Tamayo nos cuenta en El País como eran los nombramientos de obispos en los primeros siglos. Es como un Quijote luchando contra los molinos de viento. Pero su imagen hace más daño que la de Alonso Quijano, vaya que sí. ¿Será igual una iglesia de miles que de millones de fieles?. ¿Podrá gobernarse con los criterios de una comunidad de vecinos?. Yo no he leído la historia de la Iglesia, pero empiezo a recelar de esas crónicas que de reiterativas resultan grotescas. No tengo ni idea de cómo es monseñor Munilla, pero después de asistir a su quema mediática, tengo una enorme simpatía por su persona. ¿Por qué un pequeño reducto de sacerdotes se opone?. ¿Qué temen perder?. ¿Acaso no se trata de proclamar el Evangelio?. Pues qué más da quien sea el pastor. Sin embargo ellos quieren decidir y supervisar el elegido por el Santo Padre. Temen perder una línea pastoral con la que estaban muy cómodos.
Increíble la gente de este portal está “abonado”, no se entiende esa defensa a ultranza del parlamentario José Bono. Si los católicos estamos por seguir la disciplina de partido antes que los mandamientos de Dios, algo anda mal. A esas cosas no se les puede decir imposiciones de la jerarquía. El Sr. Bono ha echado un pulso a la CEE y lleva las de perder por mucho que le salgan los palmeros elevándolo a la gloria de Bernini.
No, no hay posibilidad hoy de ser católico y socialista del PSOE, quede claro. Porque las leyes que están promocionando se oponen frontalmente a nuestra fe religiosa. Aunque hayan aprendido a navegar en las sutiles aguas de la diplomacia o el tira y afloja, hay cosas que necesitan referéndum, no pueden imponerse por el rodillo de la mayoría, porque dividen a la nación. Hay vergüenzas que no se pueden esconder, como vender la patria a los apoyos nacionalistas para sacar las leyes que interesan. Todo ese mercadeo no es alta política sino bajo, bajísimo nivel del arco parlamentario sediento de conseguir el poder por encima de cualquier otra consideración.
Dos películas para ver y pensar en las que se encuentra la ausencia y la presencia de la religión. El erizo es una película mediocre que sugiere leer el libro “La elegancia del erizo” de Muriel Barbery, para entrar en ese universo que sus tres protagonistas apenas insinúan. La portera desaliñada que posee un alma cultivada y hermosa, se cruza con un viudo japonés con quien, según me indican los lectores de la obra, mantiene interesantes diálogos. No en vano la autora del libro, Muriel Barberry es profesora y filósofa, además de escritora. Es curioso que fuera precisamente esa tensión dialéctica la que intuía y echaba en falta en la película. No voy a negar que la interpretación es muy apropiada. Pero tampoco dejaré de anotar que me parece infortunado que una niña decida suicidarse el día de su doceavo cumpleaños. Una niña inteligente e incisiva que va grabando los últimos momentos de su existencia y se recrea con deleite en la muerte, simulando los efectos de su suicidio en un indefenso pez de colores. Las claves de la película nos dan las pistas por las que se desenvolverá con soltura la novela.
Les he visto unas intenciones similares a los sapos, son sebosos como ellos y saltan de charca en charca a cual de todas más putrefacta. Provienen del sectarismo ideológico. Es un decir, pero basta para que te sitúes en un extremo para que ellos se posicionen en el contrario. No tienen mesura. Y suelen atizar la misma frase lacónica: “A los tibios los vomitaré”. Que es el equivalente del grito ancestral ¡Guerra!. ¡Menos mal que hay tibios!. Porque algunos caldean el ambiente a temperatura de El Bosco, me refiero al pintor, no vayan a hacer asociaciones salesianas. Y no es que les quite su razón, que en algunos casos es muy evidente. Sin embargo polarizan a la Iglesia en dos corrientes religiosas. Me niego a aceptar tal cosa.
Estrenamos un año nuevo y también nueva década. Para empezar nada mejor que una bendición y la más adecuada es la que corresponde a la lectura de hoy: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz." Números 6, 22-27. Es la mejor expresión que hoy podemos desear para todos nosotros. Porque en la Solemnidad de Santa María Madre de Dios también celebramos la jornada de oración por la paz. Y sobre todo porque la paz es no es sólo ausencia de batallas bélicas; si no tenemos paz interior tampoco sabremos relacionarnos con los demás.
Cuando los asuntos de la Iglesia se convierten en armas arrojadizas, conviene cultivar la paz interior, para que no nos dejemos llevar por arrebatos que rozan la temeridad y provocan dolor a nuestro alrededor. Vivir en paz es un don, hacer las paces, es una gracia. Y quienes formamos parte de la Iglesia, somos bendecidos por ser hombres y mujeres de paz. Difícil de creer cuando entramos en algunos circuitos mediáticos que viven en permanente guerra, dicen que con el mal.
Viernes, 17 de febrero
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