Es curioso que cerca de la Navidad se levante la voz del Papa para alertar sobre el peligro de cierta Teología de la Liberación, un peligro real, el de convertir al hombre en el centro del Universo. Algo que ha calado en la sociedad del pasado y presente siglo.
La necesidad de trabajar por los pobres no puede hacerse en menoscabo de Dios. El centro de un cristiano no es su hermano, sino Dios. Cierto que nos advirtió que todo lo que hagamos por cada uno de los semejantes se lo hacemos a Él. Lo que no deja de ser una llamada a la corresponsabilidad. Pero si nos centramos en labores meramente asistenciales, sin descubrir que la fe nos obliga a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los demás y todo ello forma parte del plan de Dios para la humanidad, podemos caer en mero asistencialismo.
Si algo caracteriza a la sociedad actual es la solidaridad, una solidaridad que mueve miles de recursos humanos y económicos, pero que no deja de ser muy pobre si no ofrece una trasformación personal. Detrás de toda actividad solidaria debe encontrarse el rostro de Cristo. Y esto es lo que a veces olvidaba la teología de la liberación, ocupada en los crucificados del mundo, pero incapaz de ofrecer a Dios sin avergonzarse.
Si algo se hace mal, es precisamente no valorar la trasformación personal y el cambio de corazón que todo cristiano debe tener. Y eso debe cultivarse desde la infancia en la familia. Abrir economatos para los pobres está muy bien, cooperar con las ONG que trabajan en el mundo también es justo. Pero se necesita el encuentro con Dios para poder dar con amor. Es responsabilidad de cada cristiano reflejar algo del rostro amoroso de Dios. Si no confiamos en nuestras fuerzas y dejamos que Dios actúe en nuestra vida, probablemente los demás serán capaces de interrogarse como en los primeros tiempos, preguntándose qué nos hace tan diferentes.
La otra cuestión es la de la felicidad, un cristiano debe encontrar la manera de ser feliz y de trasmitir esa felicidad, porque está lleno de esperanza, sabe que rodeados del mal, Dios está con Él y por tanto la última victoria es suya. La felicidad no es estar flotando entre nubes de algodón, sino en tener un centro un equilibrio interior que nos hace vivir con sentido desde los primeros rayos de sol hasta el ocaso. Con luz o con oscuridad, siempre está encendida la llama de la esperanza.
Por último, pero no precisamente en este orden, se encuentra la necesidad de la oración. Necesidad para centrar el corazón para saber que no soy yo quien actúa sino Cristo quien me guía y me muestra el camino a seguir. Todo por Él y con Él para mayor gloria suya. Ese paso nos hace más humildes, menos seguros de nosotros mismos y más humanos. Porque ponemos lo que somos al servicio del Reino, en la confianza de ser instrumentos en manos del Padre.
Hay también algo muy importante, cualquier ser humano es grato a los ojos de Dios, sea más o menos inteligente, culto o inculto, sabio o retrasado. Por eso todos encuentran su camino y todos pueden alcanzar la gloria final desde los más inteligentes hasta los más humildes e inmaduros. La salvación no es cosa de listos y eruditos, se ofrece precisamente a quienes menos tienen, ellos son los preferidos porque están más necesitados. Un hombre o mujer que lo tienen todo tiene la tentación de considerarse autosuficiente, pero Dios le ofrece otro camino el del servicio a los más necesitados, el despojo de su autosuficiencia para acercarse a los demás con humildad. En definitiva todos nosotros estamos preparando el camino al Señor.
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A quien me dice que "soy el mejor y "campeon",darle las gracias pero esta en un grave error.soy un pecador muy grande,acogiendome siempre a su Misericordia.y "siervo inutil soy"
Claro que la Iglesia no es una ONG, pero el día del juicio final muchos de los que aman a través de ONGs se llevarán la sorpresa de que estaban amando a Dios, y muchos de los que afirman amar a Dios se darán cuenta de que sólo se amaban a sí mismos. Ya sabemos que el verdadero amor siempre viene de Dios y nos lleva a él.
No he leído lo del Papa. No creo que sea el momento de meter más caña a la TL, porque haya habido unos cuantos que se desviaron. Debería insistir en que menos Señor, Señor y más amor al prójimo, en donde entra la transformación de las condiciones de vida inhumanas de nuestros hermanos. Ya veré qué es lo que dice concretamente, pero yo pienso que el rapapolvo se lo debería dar a los que creen que la Iglesia es una impartidora de ritos -aunque sean en latín y ad orientem
Retiremos la idea de cuerpo. Sencillamente esto: vivir en mí.
Hay una teología yo creo que pendiente acerca del Pan de Vida, y al alcance de los humanos normales. No hay que pasar por la mística. Sería un suceso normal. Pero no en "cestos". Sagrada Eucaristía. Sagrado Cuerpo de Cristo. La Vida. La Compañía. La Amistad. La Lealtad. La Simpatía. Y hasta me atrevería a decir, "empatía". ¿Qué hará Cristo, suponiendo que viva en Mí, cuando me salgo de su Vida? Vivencias. Ya hablaremos algún día.
Acólito eres el mejor, un campeón. Viva, el latín, y Viva Dios! Y vos, Saruce, que bella introducción.
Saruce, cuidado, "NO SOY YO QUIEN VIVE, SINO QUE ES CRISTO QUIEN VIVE EN MI". San Pablo, creo.
Pero Cristo vive en mí sin apartarme de mí, sin solapamiento. Yo sigo siendo yo pero Cristo es mi compañero. No es que yo le deje mi cuerpo para que el viva, sino que es El quien desea vivir en mi cuerpo. Esto que estoy esbozando, posiblemente con un gran margen de error, y a toda velocidad, ya lo tengo pensado. Me da mucha felicidad pensar que Dios resida en MI. Y que seamos los dos íntimos compañeros. Dios debería aportar todas las delicias que hacen la felicidad del ser humano: el Paraíso o Edén, el Jardin. Dios es la Delicia. Dios no quita, da. Y comparte.
¿Es cierto que ha dicho todo esto el Papa? Pues en algo coincidimos. Es que últimamente no me ocupo del Papa salvo de cuando en cuando que le mando un breve mensaje a Dios pidiendo por él. Pero muy de tarde en tarde. Me estoy desviando. Menos mal que la tengo a usted.
Hoy recordaba algo que resulta que lo tratara Sartre, un existencialista, EL SER Y LA NADA. . Cosas de la vida. Y qué extraño: Dios y el hombre. El Ser que todo lo es, tiene vida propia que no se agota, y el hombre que en todo dependemos de El. ¡Tiene tela este pensamiento! Si, y fue a raíz de Dios y yo, creo. El Eterno que me acoge y yo que me acojo a El.
Como dice Sor Lucía (la estoy cogiendo manía porque siempre termina como empezó: Visca el Barça), saludos cordiales. No obstante, le asiste la razón cuando se queja de tanto enojo. "Si la pena te enoja, mátala", o algo así que le decía su papá, el médico.
Sorita, pero habrá que pensar en el Papa, ¿no? Oiga, medite también lo que dice el Papa.
"Ait: Ego vox clamantis in deserto: Dirigite viam Domini,sicut dixit Isaias"(Juan 1).El dijo:yo soy la voz que clama en el desierto.Preparad el camino del Señor,como deice el profeta isaias.-
Carmen, buenos días.
Por aquí abjo, el sur del sur, el domingo ha amanecido con una belleza singular. El mar, tranquilo, y sus aguas son de color azul turquesa, lo que refleja la frialdad de su temperatura. La luz es intensa, como siempre.
Dices: "Necesidad para centrar el corazón para saber que no soy yo quien actúa sino Cristo quien me guía y me muestra el camino a seguir. Todo por Él y con Él para mayor gloria suya", y esas frases pueden llevar a confusión, y hasta pueden ser motivo de feroz crítica.
Y ES QUE no somos instrumentos de Dios, sino que nos ofrecemos a Él en señal de entrega y de adoración. Y "como diría aquél", ojalá lo fuésemos.
De acuerdo totalmente, en que la iglesia no es una ONG, sino el lugar común de los que consideramos a Jesús de Nazaret como nuestro Dios y Maestro, haciéndonos sentir sus discípulos.
Dicho lo anterior, tampoco la iglesia es un estado democrático, ni genera acciones bancarias.
Un abrazo.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo