Karmele Marchante y Jesús Vázquez representan en televisión una programación que no sigo ni me interesa, pero sin duda levanta muchas adhesiones aunque sea a base de catapultar lo friki o la telemerde en potencia. Ahora la periodista de la crónica rosa, esa que destripa la vida personal de los famosos delante de una pantalla de teleadictos a la vida ajena, está por lanzarse al estrellato mediático en Eurovisión con la misma talla que Chiquilicuatre. Cualquier cosa es posible, porque no cuenta la calidad, sino el voto anónimo, el SMS, lo último de la democracia bananera.
Estaba pensando en esos programas que todos calificamos de basura, cuando me ha venido a la cabeza el rutilante estrellato de los blogs religiosos.
Cuando se está celebrando el XI Congreso de Católicos y Vida Pública, salen siempre las mismas ideas: Cómo vertebrar el catolicismo en la sociedad, sin que exista un partido confesional. Sabemos que la tendencia general pretende un bipartidismo en el que a ambos lados se encuentran creyentes con ideas diferentes sobre el modelo social. Esto ha funcionado con sus vaivenes tanto en grupos de católicos que militan a la izquierda como en aquellos que lo hacen a la derecha. Pero en esta encrucijada de la Nueva Era, donde la revolución ideológica padece un marasmo caótico conviene volver la mirada hacia la profundidad.
Lo cierto es que el catolicismo no necesita etiquetas sino un proyecto de vida. Y a mí me parece que el Instituto Enmanuel Mounier ofrece reflexiones para vivir sin complejos el catolicismo en una sociedad relativista y hedonista. Vivir desde la esencia del ser, por eso hoy me permito recopilar su manifiesto, por si algunos desease profundizar en esta filosofía de raíz cristiana muy apreciada por Juan Pablo II.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo