Diálogo sin fronteras

"El hombre blanco lleva reloj pero no tiene tiempo"

13.11.09 | 20:05. Archivado en Sociedad
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Me he sentido tan identificada con la frase que he decidido compartir el sugerente título con todos. En realidad debo confesar que desde hace tiempo estoy compartiendo en soledad, algo que suena muy raro, casi imposible. Pero escribir en Internet se convierte por arte de la ciencia en un púlpito donde es posible lanzar cualquier idea al ciberespacio. Me aconsejaron que no ensuciara la red. Si no tienes nada que decir, no digas nada. Si no has pensado lo que vas a decir, cállate.

Pero si sabes comunicar una idea, no te quedes con ella. Y en eso andamos, en comunicar las propias reflexiones, en compartir lo que hemos aprendido y dando todo gratis, tal y como se nos dijo: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (Mateo 10-8). Y la palabra tiene un riesgo considerable, porque te expones a la crítica y a la etiqueta. Es mucho más sabio el silencio, nada se le puede reprochar. Aunque no lo crean soy poco habladora, pero he aprendido a comunicarme con la lengua escrita. Puedo expresar mejor mis ideas. Me serena leer lo que pienso. Y confío que mis artículos sirvan para exponer otras ideas y rebatir las mías. Pero ya saben que no soy dada a la disputas.

El caso es que la velocidad, el ritmo con el que se vive, deja fuera la intensidad, la profundidad de las relaciones, incluso de las propias ideas. Si se fijan estamos consumiendo información como quien ve anuncios de televisión. De manera superficial. La red, aunque sea una paradoja, tiene una propiedad biunívoca, de manera que a la profundidad le corresponde la superficialidad. Increíble pero cierto. Dentro del marasmo de la red podemos bucear o surfear, permítanme la broma.

Pero de lo que se trata es de vivir con otro ritmo menos acelerado que el de las nuevas tecnologías, donde antes de aprender a manejar un celular ya tienes los puntos necesarios para renovar el mismo por otro de última generación. De la misma manera, cuando te has acostumbrado a un Sistema Operativo ya está en oferta el sustituto.

Bueno, pues hay una asociación que pregona vivir a ritmo slow, es decir dejar de un lado todo ese ajetreo y decidir perder el tiempo en aquello que más nos satisface. Un lujo que sin embargo, hoy es posible, para algunos privilegiados. Vivir a la velocidad de un caracol significa tomar tu tiempo en cada una de las ocasiones. O al menos en un día concreto. Dejar la agenda y las citas, los compromisos y si me apuran las obligaciones que nos vamos creando.

Contemplar los lirios del campo suena tan bucólico que nadie toma su tiempo para fijarse en la maravilla que nos rodea. El caso es que somos un milagro desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Estamos dentro de un pequeño porcentaje de posibilidades que nos ha dado la oportunidad de existir. Es como para pensar un poco en ello. No somos nadie, todos nos vamos de aquí. ¡Pero oiga estar ya es mucho, teniendo en cuenta que no se conoce en nuestro Universo otro planeta con vida orgánica!.

Creo que eso merece una pausa y también ese domingo dedicado al Señor para quienes creemos en una vida más allá de la presente. Momentos de calidad en nuestras relaciones. Tiempo para perder con los demás. Tiempo también para compartir con otros. Hoy eso es posible gracias a la red. Compartimos un poco de nosotros y establecemos relaciones que pueden ser ficticias, pero también enriquecedoras.

Pero vuelvo con el ideal slow, conviene no dejarse llevar por el ritmo frenético de la sociedad. Intentar aprender del pasado, cuando la gente se despertaba al clarear el día y se recogía cuando llegaba la noche. Se comía cuando el sol estaba a determinada altura y se paraba de trabajar cuando llegaba el ocaso. Se caminaba para llegar a un destino, con mucho tiempo para pensar.

Hemos ganado mucho en nuestra sociedad de bienestar, pero también hemos perdido por el camino valores que hay que conservar. Así que ya lo saben, en definitiva como ya nos advirtieron: carpe diem

2 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por anselmo 14.11.09 | 12:25

    Yo me canso de todo como dice el Eclesiastés pero me lo pasó bien esperando.
    Ja.
    ¡Qué bien me lo he pasado ahora con usted!
    Gracias, Carmen.

  • Comentario por saruce 14.11.09 | 12:02

    Hoy encuentro un post tan relajante como una infusión de nuestras abuelas.
    Aquellas hierbas que se colocaban en el colador eran de lo más variopinto. Manzanilla, hierbaluisa, tila, y a veces se combinaban con algunas especias contra la tos.
    Ciertamente, se lograban buenos resultados, aunque quizás nunca tanto como los esperados, pero hubo en aquellas tazas, preparadas con experiencia y amor, algo que aún perdura en nuestra memoria.
    Hace ños escribí que hay que parar el tiempo, nuestro tiempo, como sea. Y la única forma que me parece posible, es la de hacer paradas cada vez más prolongadas.
    Una vez fuera de tu "vehículo", desentumecer los músculos y mirar en derredor.
    Probablemente, cuando estemos relajados, nos acordaremos de que hemos sonreído menos de lo que nos hubiese apetecido, o de que hemos ayudado a alguien con nuesras palabras.
    Tomaremos aliento hasta la próxima parada, no programada, y continuaremos nuestro camino, sin acelerar lo má...

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