Cuando pasamos la hoja de septiembre aparece el mes del rosario. Octubre da paso al otoño que invita al recogimiento, a entrar más en casa, a encender la luz más temprano con ese atardecer que se va adelantando paso a paso hasta la llegada del invierno, ya noche oscura a las seis.
Si hay un racimo de Misterios que saboree con más gozo, he de proclamar que son los Luminosos. El Santo Padre Juan Pablo II tuvo pleno acierto en la incorporación de esos cinco pasos de la vida del Señor en el rosario: El Bautismo, La trasformación del agua en vino, el inicio de la vida pública, la Transfiguración en el monte Tabor y la instauración de la Eucaristía. Son sin lugar a dudas capítulos de la vida de Jesús que debemos agradecer e incorporar a nuestra vida de oración.
En ocasiones el día a día se vuelve mero consumismo, donde todo se mercantiliza, y la oración puede aparecer ante nosotros como un obstáculo insalvable: ¿Quién encuentra tiempo para dedicar unas horas a Dios?. ¿No serán instantes perdidos?. Y sin embargo el cristiano, no sólo tiene encontrar tiempo, sino que debe estar en permanente disponibilidad para el encuentro con el Señor, en cada minuto de su existencia. Pero es cierto que la vida moderna no favorece ratos de silencio y recogimiento interior. Y aquí viene el rosario como un desgranar las oraciones más perfectas, las más amadas por Jesús y por María.
El Padrenuestro, gracia abundante de disponibilidad al servicio del Señor: “Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”. El Ave María: “Santa María ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. Así, despacio, decena a decena salpicados con el gloria: “Gloria a al Padre al Hijo y al Espíritu Santo”. Son tres oraciones y una larga meditación por cada uno de los misterios.
Lo apropiado es rezar el rosario en una capilla y recogerse interiormente, pero en un mundo activo también encuentra su lugar la repetición mecánica con intención de estar unidos al Señor y a María; en el autobús, por la calle, incluso ocupándonos de miles de asuntos mecánicos, que dejan libre a nuestra mente para que vaya recitando las oraciones una detrás de otra.
Esa es mi propuesta para este mes. Intentar rezar el rosario, sabiendo que cuanto más me fuerzo a recitarlo, más me introduzco en su gracia. Porque el rosario es una fuente de bendiciones y de gracias. Cierro los ojos y represento en mi imaginación el Misterio que voy a orar, y mientras lo recito mecánicamente tengo presente en mi cabeza un cuadro, con la imagen de ese misterio. Puedo también dejar reposar mi mente en cada una de las palabras que recito, pero prefiero evocar los misterios. Así descubro la humildad de Jesús que acude al bautismo como cualquier pecador; la solicitud de María en las Bodas de Caná, donde la súplica es atendida al instante; el comienzo de la vida pública; la gozosa Transfiguración donde los apóstoles son devueltos a la realidad después de quedar deslumbrados por unos momentos de la gloria divina; finalmente la instauración de la Eucaristía, el alimento de Vida Eterna. El maná diario ofrecido para la salvación del ser humano.
No quiero desaprovechar la ocasión para recordar que se puede rezar el rosario por una intención particular. Por ejemplo para que el derecho a la vida pueda ser una realidad que sobresalga por encima del relativismo legal. Y terminar con la oración que Juan Pablo II propagó con esa finalidad y que un amigo me hizo llegar hace unos días:
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.
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Inmaculada:
Me alegra saber que te llega para todo. ¡Uf, con lo difícil que está el tiempo que se pasa volando!.
Tengo una vida bastante complicada: el colegio, las catequesis, el coro de la iglesia, mi casa, mi marido e hijas...Pero puedo asegurar que todos los días tengo tiempo para rezar el rosario, aunque me falte tiempo para otras cosas. olo es cuestión de levantarse un cuarto de hora antes, y, a cambio, ¡cuánto bien me hace comenzar el día mirando al Señor y a su Madre! No podría prescindir de él, después de experimentar lo que es capaz de obrar el rezo del rosario en una vida que aspira a ser vivida mirando a Dios.
por más que agradezca todo lo que recibo, nunca daría las gracias suficientemente, y no me cabe la menor duda de que esta oración es la que me ha hecho tanto bien. Junto con otras cosas, por supuesto, pero ésta nunca me falta.
El Rosario, además de ser una bella oración, en un espacio de encuentro con la Palabra, una invitación a aceptar la voluntad del PADRE, pues muchas veces, ahogados en rezos nos creemos sperhombres, tan protegidos, que estamos ausentes de debilidades. Entonces, se hace necesaria una cura de humildad, es el momento de rezar el Rosario.
Bello post.
Sofia:
Es un buen comienzo. Andando, fregando, barriendo o en el autobús. A discreción.
Saludos
Muchas gracias por la propuesta.
Coincido contigo en que los misterios luminosos fueron un acierto.
Me apunto a la idea de rezar por esa intención, aunque el rosario, como no sea andando, me resulta crudo de rezar.
Domingo, 19 de febrero
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Vicente Haya
Francisco Margallo