No siempre es conveniente decir la verdad, aunque tampoco sea necesario mentir. Creo que en eso la mayoría coincidimos. Pero no decir la verdad lleva a situaciones que a veces son un verdadero cáncer, porque se eternizan cuestiones que no son ejemplo para nadie. Aciprensa informa que el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, señaló que "nos estamos contentando con mensajes muy débiles en la preparación para la confirmación y del matrimonio", por lo que pidió "darle contenidos a la gente" respondiendo así a la invitación que el Papa Benedicto XVI hace en la Caritas in Veritate.
No creo que Perú se diferencie mucho de España o Francia. La realidad es que los sacramentos se expiden como rosquillas, nadie se atreve a poner coto a la degradación en la que se han convertido, bautizos, comuniones y bodas, donde lo que menos importa es aquello que se recibe sino el hecho de cumplir con una especie de rito social. Los más coherentes huyen ya de esa banalización y la sustituyen por otra de índole similar, pero con carácter civil.
Una sociedad global como la nuestra, contaminada por la cultura relativista, se lleva mal con los preceptos, sean estos cuales sean. De manera que yo he sido testigo de bodas donde uno de los contrayentes rechazaba el sacramento de la Eucaristía. También de Confirmaciones donde no se había seguido ningún cursillo de catequesis. Y es que la parroquia anda muy mal en el día a día, pero gestiona eficazmente con largas lista de espera los bautizos y matrimonios.
Lo que no parece haber mejorado es la disponibilidad interior de quienes se acercan a la Iglesia. Y si se les pide un simple cursillo prematrimonial, igual se marchan a casarse en el Juzgado. Y si a los padres les exigimos que se confiesen para dar la comunión a sus hijos. Pues a lo mejor nos quedamos con los bancos vacíos. Y así un largo etcétera. No es casual que se hable del funcionario de lo sagrado, a quien le falla el fervor evangelizador y catequizador o tal vez, se siente impotente frente a los acontecimientos.
Pero resulta patético asistir a un funeral donde el sacerdote expide el trámite de manera fría, sin aproximarse siquiera a los deudos con palabras de consuelo. Cierto que éstos no han aparecido jamás por la Iglesia hasta ese momento. Pero al menos, se podrían hacer algo más digno. Aunque las comparaciones son odiosas, los tanatorios celebran mucho mejor el funeral. Me consta porque lo he podido comprobar. Puede que la homilía sea siempre la misma, pero desde luego reconforta mucho más que la frialdad de algunas parroquias.
Estoy segura que existen excepciones, pero no hay excusa para quien debería vivir para deshacerse a favor de los demás, orando por aquellos que no se acercan a la iglesia, visitando a los enfermos sin necesidad de que lo soliciten sus familiares. La santidad de los sacerdotes no es una exigencia secundaria, sino primordial. De manera que Benedicto XVI lo señala una y otra vez, poniendo como ejemplo al santo cura de Ars. Un hombre sin gran cultura, pero con mucho amor y vocación, un santo que convertía almas.
Me pregunto cómo se puede convertir al alejado, si ni tan siquiera son capaces de aproximarse a sus feligreses. Encerrados en su despacho parroquial gestionan la parroquia como eficientes oficinistas en apenas dos horas cada tarde. Luego, Dios dirá qué es de ellos. O ellos se lo tendrán que decir a Dios.
Quede claro que estoy generalizando porque me consta que buenos sacerdotes los hay en todos lados, pero son legión los que simplemente cumplen, aunque esto nunca se deba proclamar.
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Saruce:
Creo que un cura se siente solo muchas veces. Eso debe ayudarnos para animarle. Pero es que su "vocación" la que le debe quemar por dentro, es precisamente predicar la palabra de Dios y dar trigo con el ejemplo.
Cuando se imparten los sacramento es el momento adecuado para mostrar su importancia a quienes están alejados. Y probablemente para llamar a las cosas por su nombre. Eso es lo que dice el arzobispo. Y yo recuerdo ejemplos vividos en primera persona, que no deberían haber sucedido.
Carmen, tu post me resulta algo desesperanzado. ¿Quién no ha sentido tentaciones de criticar de esa forma, o más acerbamente aún, la labor de ciertos religiosos, esperando el milagro de su regreso a lo que consideramos "nuestro ideal para su santidad"?.
Imagino que Dios concede a cada uno la fe y la capacidad de transmitirla, que cree conveniente.
No olvidemos que debajo de un sacerdote, hay una persona, con todos sus defectos y virtudes humanas.
A pesar de lo mal que lo pintamos, aún confío en los diálogos entre religiosos y creyentes. Ruego a Dios que los haga posibles. Supongo que darán como fruto el ciento por uno.
Amigo Emérito Agusto, aunque no iniciaste el calificativo de "funcionario religioso", observo que no te duelen prendas de aplicarlo a tutiplén.
Como sucede en casi todos los órdenes de la vida, hay buenos y malos curas, en la misma proporción, o más o menos, que en cualquier otra vocación o profesión. Me refiero a médicos, jueces y a cualquier otro tipo de trabajo o dedicación.
Y te digo, mi respetado amigo, que posees una escritura ágil, sencilla, y capaz de resumir una idea, pero los creyentes cristianos NO SOMOS "clientes de la iglesia", sino parte de la misma, y que nuestra relación con Cristo no es comercial, en modo alguno.
No estoy con quienes hablan del sacerdote conmo "expendedor de sacramentos", o similar.
Por muy mal pensado que se pueda ser, no se llega a esa conclusión por la simple crítica, sino por algo más profundo.
La función sacerdotal es algo más hermoso, de mayor plenitud espiritual y personal, que la de repartir sacramentos, como un tendero. Hablo de vocación.
Ser sacerdote, es decir, apóstol de Cristo, es un privilegio, aunque a algunos no les parezca bien. A estos últimos les respeto, pero les pido que correspondan con ese mismo respeto a la función sacerdotal, y por supuesto, a los sacerdotes, en general.
Inmaculada:
Si estas líneas sirven para algo, te diré que yo también rezo para que lo excepcional sea lo otro.
Pero no está de más señalar es este año sacerdotal aquello que más nos llama la atención.
Por cierto conozco sacerdotes muy santos o al menos que hacen aspirar a los demás a la santidad.
Estoy teniendo problemas al intentar entrar en esta página.
Si la publicación fuera simultánea en ambos lugares, preferiría visitarla en http://www.carmenbellver.com/
Sospecho desde hace un tiempo de RD y no me encuentro cómodo en su espacio web.
Continúo.
Sería bueno que nos tomásemos en serio este año sacerdotal y nos dedicásemos a rezar por los sacerdotes. Es la mejor aportación que podemos hacer los laicos.
"Estoy segura que existen excepciones..." Pues yo creía que lo excepcional era la vida sacerdotal del que ha perdido ese fervor evangelizador del que hablas, Carmen.
Puede que resulte un poco ingenua, pero a todos los sacerdotes les supongo ilusión en su ministerio y una vida entregada a sus feligreses, aunque alguna vez haya conocido a quien sólo se dedica a cumplir un horario.
Y si todos los sacerdotes deben aspirar a la santidad, no es menos cierto que es algo bien difícil y cuesta mucho dar la talla. Pero conozco muy buenos sacerdotes que, con sus fallos debilidades y pecados son capaces de vivir su vocación de manera muy digna. Y son bastantes, no la minoría.
Luego, claro, conoces de repente uno que es extraordinario, del que piensas que llegará a ser santo, y tiendes a comparar. Aunque las comparaciones no son buenas y lo extraordinario, como indica la palabra, no es frecuente.
Sí que sería bueno que nos tomásemos en serio este año sacerdotal y nos dedic...
Pues con todos estos problemas, Sr Emérito, y con otros más graves, ya hemos atravesado más de 2000 años de historia. ¿No le hace pensar esto que "Algo muy Poderoso" debe estar empeñado en que la Iglesia no fracase?. Dios ha decidido dejar en nuestras pobres manos la construcción de su Reino en la tierra; pero no estamos abandonados a nuestra suerte. Ciertamente, los curas –y los que no lo son- tienen una labor ingente por delante, la de convencer al personal de que no hemos nacido sólo para pasar la vida pastando apaciblemente mientras esperamos la muerte, y ser testigos de Dios – a pesar de nuestros muchos defectos- en medio de la incredulidad general; pero eso no es nuevo en nuestra historia de creyentes...
Tal radiografía de los sacramentos y su consumo elaborada por una convencida creyente encierra notable atractivo. Paradójicamente el mismo cliché, revelado por incrédulos, suscita muchas veces demoledoras diatribas por parte de suspicaces y celosos creyentes. No hay más que leer comentarios a algún blog vecino. (Menos mal que no somos tan extravagantes).
En los tiempos que vivimos, los funcionarios eclesiales tienen una labor muy difícil por delante. El repartir sacramentos como churros (que ciertamente es la labor de más envergadura en su oficio pastoral) va perdiendo peso específico (los jueces y los alcaldes les están haciendo demasiada competencia); pero, al fin y al cabo, eso es pura burocracia.
Sin embargo, tener que "convencer" a los "clientes de la Iglesia" del sentido religioso, de fe convencida, de "creer en lo que realizan", eso sí que es meritorio…
Algunos creyentes viven los ritos y otros viven de ellos.
“No siempre es conveniente decir la verdad, aunque tampoco sea necesario mentir. (…) Quede claro que estoy generalizando porque me consta que buenos sacerdotes los hay en todos lados, pero son legión los que simplemente cumplen, aunque esto nunca se deba proclamar.”
No se empieza así, ni se termina así sobre un tema, a no ser que sea materia reservada. Las verdades se dicen, y si son de transcendencia, se proclaman.
Por considerarme parte interesada, no voy a comentar. Pero animo a quien lo desee, a que lo haga.
Creo que hay curas pastores y curas funcionarios. Conozco a uno de estos últimos que dice (ojalá celebrara) Misa como el que lee el acta de la renunión de una comunidad de propietarios. Cuanto reparte la comunión, da la impresión de estar repartiendo propaganda. No sé si musita "el Cuerpo de Cristo". Yo , sinceramente, no lo oigo pero aún así respondo: amén. Pese a todo obra el milagro de la transubstanciación y por eso no dejo de asistir a sus Eucaristías ( si es que no puedo ir a otras más vividas, claro).
Manuel RH
Si son rollos pero rollos de verdad, estaban bien escritos.
Deja la Y tranquila, para otro royo, que nada tiene que ver con el primero.
Coincido contigo en que la situación está difícil, pero no creo que en la Roma Imperial fuera mejor.
Saludos.
Perdón, los royos que se aguantan son con "Y". Me habré equivocado de tecla....
...Y me pregunto ¿será cosa de obsequiar al personal con un bonito reloj-despertador con termómetro e higrómetro incorporados por asistir a las charlas de catequesis?.
No creo que todo sea culpa de los curas. Es bastante lamentable la situación de desinterés que se vive en la Iglesia. Por un lado creo que se oferta escasa Catequesis, sobre todo para adultos. Y la que conozco, para el sacramento de primera comunión, mucha gente no está bien preparada; a veces se cogen padres de algún niño de primera comunión, sin más exigencia, capaces de explicar sin cortarse un pelo la vida del evangelista San Pedro. Por otro lado, veo que cuando se oferta hacer grupos de catequesis post-matrimonial ó para adultos en general, se obtiene escasa respuesta. A veces la gente se queja si le dicen alguna homilía un poco más larga de lo habitual. Sin embargo observo cómo la gente hace colas en los vestíbulos de los hoteles cuando somos invitados a una reunión comercial, en las que a cambio de alguna nimiedad, aguantamos estoicamente sesiones de DOS HORAS, aguantando unos rollos impresionantes. Dan ganas de echarse a llorar. Y me pregunto ¿será cosa de obsequiar al perso...
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
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