Ayer el mundo convulsionó durante la espectacular y multitudinaria despedida a Michael Jackson, ídolo de barro, muñeco destruido por sus propios demonios, icono de una era. Sí, el mundo se conmueve con la pérdida irreparable de un mito. Y por esos designios extraños de la providencia compartía portada con la nueva encíclica del Papa, la más comprometida con la era moderna; una reflexión sobre el poder y la corrupción que el dinero engendra. Las desigualdades fruto de la falta de amor entre los seres humanos, llamados a la santidad, a un proyecto de vida eterno.
Ha nacido un reto para la globalización que en palabras de Benedicto XVI “será lo que nosotros sepamos hacer de ella”. O una máquina para repartir equitativamente los recursos naturales, o un engendro para abrir desigualdades entre países ricos y pobres. Pero aunque eso no sea una novedad, lo cierto es que se presenta como el pecado social más grave de nuestra era. Una época capaz de comunicarnos a millones de kilómetros de distancias, con las ventajas que ello supone, y con los retos que se prevén.
Porque si algo queda claro es que el ser humano es un proyecto divino, y el mal no tiene la última palabra. Ahí está la unidad entre los tres documentos que Benedicto XVI ha publicado. Dios amor, Dios esperanza, Dios justicia y caridad. Sin separar ninguno de esos calificativos. Pues en todos ellos se resume el aliento divino. La justicia sin caridad, no es nada. La gratuidad es un don que el hombre no debe perder, ese don le lleva a buscar el bien común, por encima de intereses egoístas. Y este es el mensaje que hace el Papa al mundo moderno. Sin Dios el hombre esta vacío y su trabajo carece de sentido, se queda en mero egoísmo circunstancial que empobrece las relaciones humanas.
La sombra de Michael Jackson y el derroche en el que se envolvió su triste vida, no deja de sobrevolar sobre las palabras del Papa. Es una figura que puesta como ejemplo nos hace escuchar al mismo Jesús: ¿Qué deseáis ídolos que se quiebran o vida plena?. La respuesta es evidente. La mitificación de nuestra era moderna, está alejada de la mirada divina. Nadie puede estar por encima del bien y del mal, ni convertir sus talentos en mercancía negociable. Todos estamos llamados a dar lo mejor de nosotros mismos allí donde nos encontremos. En ese sentido Michael Jackson fue un hombre que amó su trabajo y se entrego de lleno a él. Se exigía a sí mismo al máximo, todos lo califican como un ejemplo de superación, pero su vida estuvo golpeada por las propias inseguridades.
La encíclica de Benedicto XVI no deja de hablar sobre el respeto al ser humano, al cuidado de los más desfavorecidos, incluso de los no nacidos. Leída punto por punto, no hay nada original, la receta para sanar el mundo pasa por la conversión de los corazones, y nuestra labor debe precisamente consistir en generar esperanza. Con Dios el hombre cumple una misión en la tierra. Trasformar un mundo injusto en un mundo más habitable, donde todos sean hermanos y cuiden unos de otros. El camino no es fácil, está lleno de piedras que hay que sortear, en especial el egoísmo, que nos hace olvidarnos de los demás.
Benedicto XVI aborda la crisis del mundo moderno y la deja en manos de los hombres que están llamados a poner de su parte lo mejor para el bien común. Eso sí, nos vuelve a señalar el camino del amor fraterno por encima de los intereses egoístas y la preocupación por resolver los problemas sociales con esperanza en el futuro. Resalta que es posible un cambio de paradigma, que el proyecto capitalista puede superarse hacia una mayor reciprocidad y reparto de los recursos naturales, que forman parte de todos porque son un depósito dejado en nuestras manos que debemos negociar con generosidad.
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¡Pero qué divertido es usted!. Hágaselo mirar
Será que el Desmérito Adisgusto Imitanicks le envidia la vestimenta al Papa, que ya es envidiar por envidiar...
Si no dice porque no dice y si dice porque dice.
Menos mal que no creo que haya escrito la encíclica para contentar a los eternos descontentos.
Denuncia la necesidad de corregir el desbarajuste global que padecemos tan injusto y tan criminal.
Bien está. Las soluciones concretas tendremos que aportarlas entre todos.
A Benemérito no hay que responderle, ruso. Ya me encargo de filtrar sus desvarios.
La inconsciencia es muy atrevida. Ser Papa es el peor de los cargos en la Iglesia. Menudo rollo tiene que aguantar dando cuerda diplomática a medio mundo.
Nunca he entendido por qué la gente considera un chollo lo que resulta a todas luces una esclavitud.
Empieza por vender tu ordenador y darle la pasta a los pobres, "benemerito".
Es muy fácil ser papa y hablar de la pobreza y de la globalización entre los besamanos de los más pudientes, la indecente riqueza vaticana y los vestiditos de Mari Popins Papisa.
Se dirá que el papa también visita favelas y chabolas.
Sí. De vez en cuando y para contentar a los ingenuos e ignorantes feligreses.
Yo prefiero pensar la verdad de lo que es: un jeta de la vida que vive en la opulencia y el lujo desde el más indecente y rastrero de los cinismos.
Lo que pensaba, Benedicto XVI es el Papa que necesitabamos en estos tiempos. Para aquellos partidarios totalmente de liberalzarlo todo, hace años que he visto en manos de institutos catolicos, doctrinalmente impecables y calificados de "ultras" por la progresia, proclamas tan duras contra el liberalismo economico, como contra el comunismo.
...Dice el lema de hoy "el reto de la globalización en palabras de BXVI", y a mi entender, sobran muchas palabras.
Pero sobran las palabras porque faltan compromisos verdaderos, y no prestamos la debida atención a los problemas de los demás, cuando van surgiendo.
Nuestra vida marcha a un ritmo distinto del que se imponen nuestros doctores de la iglesia.
Si no somos capaces de mostrar a los demás que Jesús de Nazaret, nuestro Cristo es, y puede ser, la salvación de la humanidad, por muy peliaguda que parezca su situación, es que nos faltan la fe y los arrestos.
Pero, por favor, no nos entretengamos en analizar el color y el tamaño de los bañadores, mientras tanto.
...A lo largo de estos últimos años he ido perdiendo la confianza en todo aquello que llaman "justicia", que podría ser el concepto más próximo al amor.
Y ES QUE cuando la justicia emana del poder que no es respetuoso con los débiles, deja de ser justicia, o dicho de otra forma, es una justicia injusta.
Entiendo que debe ser muy difícil, para quienes detentan el poder(como máximo exponente de sus pretensiones vitales), sustraerse a veleidades propias del cargo que ocupan, pues eso representa una negación del ego, una traición a sus propios intereses, en resumen, una "injustificable honradez".
...
Aunque a veces presumo de tener manga ancha con los errores de los demás, quizás porque así la tengo también para los míos, en mi primera lectura de estas encíclicas de Benedicto XVI, echo a faltar una contundencia especial en el tema de los compromisos.
Las personas de este mundo (todas sin excepción) deberíamos cumplir individualmente con nuestros deberes solidarios con el resto de la Humanidad, "pero" es necesario que nuestras autoridades espirituales se mantengan firmes en la fe, y no den bandazos que confundan a los creyentes.
Soy de esos trasnochados que aún piensan que la única solución posible para este mundo es a través del amor.
...
Ana MS:
Creo que era de esperar el toque de atención a la avaricia y la usura, así como la llamada a compartir los bienes. Eso forma parte del mandato Evangélico.Pero lo no van a decir los medios es que hace hincapié en la necesidad que tiene el mundo de Dios.En la conversión del corazón.
Carmen:
Yo aún no la he leído aunque sí he echado un vistazo. Pero bueno, por lo que decís quienes sí la habéis leído, dice lo lógico que puede decir un cristiano en cuestión de doctrina social. A mi lo que me extraña es que algunos se sorprendan e incluso se disgusten, ¿pero que pensaban, que el Papa se iba a poner de parte del capitalismo salvaje, del egoismo, etc...?.
Un cordial saludo.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo