Dos días solicitando anécdotas de sacerdotes o religiosos. Anécdotas positivas de gente que impacta, que deja huella. Avalancha de visitas que regresan tras la búsqueda de alguna historia. Que por supuesto las hay. La de hoy me llega de la mano de una fiel muy comprometida en su parroquia. Cuenta que no se animaba a relatar su experiencia y, sin embargo comprendía que merecía la pena darla a conocer. Se trata de un sacerdote que es secretario personal de un Obispo de España. Ya pueden las afiladas cigüeñas rastrear su estela. Aquí no vamos a dar nombres ni brújula que indique el camino de sus huellas.
Lo que este joven ha hecho por una parroquia de provincias merece destacarse porque la ha resucitado literalmente. Una parroquia de barrio con tres misas a la semana (viernes, sábado y domingo). Que tras marcharse él tenía ya restablecido el servicio para todos los días y dos misas en domingo. ¿Cómo consiguió el insospechado éxito de esa hasta entonces alicaída parroquia?. Según me refieren en ella no había ni confesionario ni pila bautismal, pueden imaginar la desolación de sus fieles. Sin embargo el sacerdote y secretario de Obispo supo atender las necesidades de la zona.
Visitó los distintos grupos de catequesis del barrio, ofreció su mejor sonrisa frente a cualquier inconveniente, mostró vitalidad, alegría y empeño para atraer a más gente dispuesta a colaborar. Consiguió mantener abierta la iglesia al menos tres horas al día, cuidando de la formación de los monaguillos que aumentaron prodigiosamente. La iglesia volvió a llenarse. La gente se incrementaba día tras día.
¿Cómo consiguió el secretario del obispo la transformación?. Según cuenta mi cronista, en la parroquia estaba un anciano sacerdote que enfermó y mandaron otro párroco ya jubilado que se vio desbordado por la magnitud del barrio, por lo cuál solicitó ayuda al Obispo, quejándose de no poder hacerse cargo de tan ingente labor. El Obispo le ofreció la ayuda de su colaborador con cierta sorna. Le dijo que era un sin papeles que iba sin nombramiento alguno para echar una mano. ¡Y vaya si la echó!.
Con talante abierto y de manera confidencial les dijo que no tenía experiencia pastoral, que en los tres años de ordenación sacerdotal había trabajado siempre en el obispado, que tuviesen paciencia con él y le ayudasen. Preguntaba qué esperaban de él. Y casi de inmediato ya tenían que echarle el freno porque el joven secretario no paraba de movilizar la parroquia. Todo le parecía poco. Siempre sonriendo, con una alegría enorme, siempre empeñado en atraer a la gente, dispuesto a confesar. Y de modo inmediato pasó a ser algo más que un colaborador.
En cuaresma organizó una penitencia comunitaria y la iglesia se llenó. Trajo otros tres curas para confesar pero era a él a quien más solicitaban la absolución. Lo bueno del asunto es que consiguió trasladar al Obispo las necesidades de la parroquia y el futuro de la misma, de manera que logró que fuera a ver con sus propios ojos como la gente había regresado a llenar la iglesia. Y por fin llegó el nombramiento de un párroco definitivo, tan deseado por todos.
Según me refieren, la gente está muy contenta con el nuevo párroco, pero han lamentado la marcha del joven secretario. Quien a su vez ha podido vivir de primera mano lo que es la acción pastoral. ¿Saben una cosa?. Cuando leía el relato referido por la cronista, me parecía estar contemplando los inicios de carrera de otro joven párroco de trayectoria en la curia. Me refiero ni más ni menos que a Juan XXIII. Quien siempre anheló una sencilla parroquia y se tuvo que conformar con ser secretario de obispo, hasta que le hicieron a él mismo arzobispo y finalmente Papa.
¡Quién sabe si el futuro no deparará a este joven secretario una trayectoria similar!. Yo desde aquí le deseo lo mejor. Y trasmito mi agradecimiento a quien me ha dejado publicar esta historia. Que demuestra una vez más como Dios actúa de modo discreto pero firme. Este joven creo que siempre llevará en su corazón la experiencia de su primera labor pastoral. Y en la parroquia será recordado como la persona que les devolvió las ganas de hacer cosas por los demás.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Baena Calvo
Jose Luis Cortés
Salvador García Bardón
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Carmen Guaita
Josemari Lorenzo Amelibia
Desiderio Parrilla Martínez
Juan Fernandez Krohn
Vicente Haya