Diálogo sin fronteras

Anécdotas que se pueden contar, ¿o no?

24.06.09 | 21:00. Archivado en Sociedad
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Ya le pueden dar todas las vueltas que quieran, historias de buena gente las hay con solo pisar el suelo. El mundo es mucho más habitable gracias a los buenos. Pero existe la extraña asociación de bueno, bobalicón, santurrón. Y ahí la hemos pifiado. Porque nadie quiere aumentar el gremio de los mansos. Aprovecho para confesarles que la gente recuerda mucho más las cosas malas que las buenas. Es una especie de deformación en la mirada que solemos atribuir a otros y padecemos en carne propia. He pensado mucho en ello, y siempre llego a la misma conclusión. Se recuerdan las malas pasadas. Es como si la memoria grabase a fuego las palabras hirientes dichas con desaire o las palabras que nunca se llegaron a decir. Para eso somos una caja registradora.

¿Pero cuántas veces olvidamos los favores recibidos?. ¿Esos que nunca solicitamos y nos cayeron como si vinieran del cielo?. Por eso ayer no leyeron apenas anécdotas de un sacerdote. Las hay y muy buenas. A mí me han llegado algunas que podría utilizar como material para un libro, con el permiso de sus dueños, por supuesto. Porque estas historias no son de gente elevada a los altares. Es gente como usted o como yo, sólo que mejores. Por eso la gente les recuerda, porque dejaron una huella.

¿Recuerdan ustedes a alguno de sus profesores?. Cada uno llevaba un apelativo cariñoso de sus pupilos. Pues con los religiosos/sas y sacerdotes, sucede otro tanto. Quienes los han tratado bien porque se relacionan con ellos en grupos de juventud o catequesis, o bien en los colegios religiosos, tienen infinidad de anécdotas que contar. Y yo solo les pido que me envíen las anécdotas positivas.

Pues bien, los católicos tenemos un registro especial que hace falta educar. Se llama examen de conciencia; que no es precisamente el que busca y rebusca las falta cometidas, sino también el que sabe agradecer los bienes recibidos. Ese momento llega invariable al finalizar el día, con el rezo de completas. Unos pocos minutos para repasar todo lo que ha sucedido. Y ahí se educa la mirada. A poco que nos fijemos en los detalles, vamos aprendiendo a dar gracias por las cosas cotidianas.

Al final podemos incluso aprender a escribir un pequeño diario. Es el mejor modo de conocerse a sí mismo. Te puedes descubrir en aquello que escribiste durante una determinada época y que ya no recuerdas. Quien no está acostumbrado a ese pequeño ejercicio, se pierde un gran tesoro. Por eso ayer, muchos entraron en el blog y no supieron dejar su testimonio. No es un problema de tener o no tener anécdotas positivas que contar, es un problema de saber registrar del mismo modo lo bueno que lo malo. Dando gracias por todo lo que nos enseña la vida.

Nos sucede lo mismo a quienes escribimos en un blog. Podemos deformar nuestra mirada centrándonos exclusivamente en los aspectos críticos de un tema o personaje. Mientras que renunciamos a mirar con ojos bondadosos otra serie de acontecimientos. Al final la mirada se embrutece. Yo creo que todos los informativos deberían obligarse a buscar una noticia positiva. Les aseguro que la transformación sería evidente. Si eliminásemos las malas palabras, los tonos desafiantes, las críticas exacerbadas. El mundo tendría los mismos problemas que antes, pero lo veríamos de otro modo.

Este blog sigue ofreciéndose para recopilar anécdotas positivas. Sin otro objetivo que cambiar la mirada de quienes tienen por costumbre resaltar lo negativo. El ser humano tiene muchos matices. Un buen pintor utiliza toda la gama de colores para estampar sobre un lienzo. Los escritores en general hacen lo mismo con las palabras, las utilizan para componer sus historias y según las tonalidades elegidas el cuadro será más o menos agradable para los lectores. Por eso se suele decir que “para gusto colores”.

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5 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Oso 25.06.09 | 17:06

    Se ocupaba de tres Parroquias, una de ellas en la cima de una montaña a la que no se podia llegar en coche ya que no habia carretera y a las otras como no tenia coche iba siempre andando a no ser que alguien se parara y lo llevara; lloviera, tronara, soplara el viento o hiciera calor, alli subia, paso a paso cada domingo y las veces que hiciera falta.Pasaba horas en el confesionario, siempre disponible para quien quisiera confesarse, comulgar, o para dar la extrema uncion. Jamas dejo colgada su vieja sotana. Todos le tenian un inmenso respeto.Un dia se nos fue al Cielo de repente.Me impresiono mucho su muerte.Pero su ejemplo permanece indeleble en mi memoria.

  • Comentario por Oso 25.06.09 | 17:02

    Se llamaba D. Cristobal,era un sacerdote estraordinario, viejo estilo, recio de una pieza,dejo un recuerdo imborrable en mi memoria. Su Iglesia era un lugar de oracion, respeto,adoracion y amor a Dios.Cuidaba con extremo amor y esmero la Liturgia, aun cuando yo tenia muy pocos años no podre olvidar jamas las celebraciones de la Semana Santa especialmente el Sabado Santo, Navidad, etc. etc. Era maravilloso como nos hacia vivir a traves de la liturgia los divinos misterios del nacimiento,vida, muerte y resurreccion de Nuestro Señor Jesucristo, todo, todavia, con el maravilloso viejo rito.Despues recorriendo el mundo he asistido a celebraciones religiosas maravillosa (la Santa Misa lo es siempre)pero jamas vuelto a asistir en ninguna parte a a celebraciones como aquellas con una tal participacion,conmocion, devocion y recogimiento interior,ni siquiera en Roma. Era tanto su amor y fidelidad a Dios que era tocante ver como se emocionaba al hablar de El en sus homilias dominicales. Se ocu...

  • Comentario por Calixto 25.06.09 | 00:57

    Carmen, no se enfade por lo de ayer. El tema de la memoria se lo voy a comentar: en primera línea del pensamiento está atrincherado el mal. Sale a la primera de cambio. Pero detrás, ¡ay Señor detrás! están los recuerdos que no es propiamente el mal sino el pasado, teñido de alegria, de indulgencia, de remordimiento y de llanto. "Y Tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Por eso que todo fiel te suplique en la desgracia...". Bonito Salmo si al recitarlo quedara uno sano, convencido de que estamos salvos.
    Examen de conciencia: Salmo misere:
    lávame a fondo de mi culpa,
    y de mi pecado purifícame.
    Pues mi delito yo lo reconozco,
    mi pecado sin cesar está ante mí;
    contra Ti, contra Ti solo he pecado,
    lo malo a tus ojos cometí.
    no me rechaces lejos de tu rostro,
    no retires de mí tu santo espíritu.
    ¿LEYÓ USTED LA CULPA? Corroe las entrañas. El hombre, enfermo y pecador.
    Venga, menos pamplinas y más confianza en Dios. Misere.

  • Comentario por Carmen Bellver [Blogger] 24.06.09 | 22:45

    Sofía:
    Muchas gracias por tu anécdota. Valía la pena que saliera a la luz. Quien sabe cuantas personas recuerdan con el mismo cariño al padre Vicente.

    Seguiremos esperando con paciencia que se animen otros a recordar buena gente que pasó por su lado haciendo el bien, ayudando, consolando, y tantas otras cosas.


  • Comentario por sofía 24.06.09 | 22:05

    Yo no creo que nos acordemos más de lo malo que de lo bueno.
    Por lo menos no es mi caso.
    Pero no hay tantas anécdotas que contar. Eso no quiere decir que no haya conocido personas estupendas, pero el bien no llama la atención, normalmente.
    El Padre Vicente, por ejemplo, era un marianista que estaba permanentemente en el confesonario. Era un cura mayor que había sido profesor de mi padre y se jubiló de las clases cuando mis hermanos eran pequeños.
    Hasta su muerte, a los noventa y muchos, fue uno de los confesores preferidos en mi ciudad. Algunas malas lenguas decían que por ser sordo, pero puedo decir que sordo o no, sabía decir las palabras adecuadas.
    Cuando murió empezaron a aparecer a diario misteriosos claveles rojos en su confesionario, prueba de que mucha gente le consideraba un santo.
    Desde luego era buena gente.
    Pero normalmente las personas como él pasan desapercibidas.

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