Aumenta el consumo de alcohol entre los jóvenes. Lo dicen las encuestas y lo afirman las puertas de urgencia de los hospitales donde cada fin de semana abandonan al beodo de turno en coma etílico. Hay una juventud sana, que ni fuma, ni se droga, ni bebe. Pero lo tiene crudo, muy crudo en esta cultura dominante que consiste en “dejarse llevar”. Y esa juventud no sale en la televisión, para desgracia de los educadores, que no podemos poner a nadie como referente.
Cuando más bibliotecas hay por metro cuadrado, menos les gusta la lectura a los jóvenes. ¿Saben cuál es la consecuencia?. Carecen de profundidad de pensamiento. La cultura actual es meramente visual y agotadora por acumulación de estímulos. Podemos comer viendo morir de hambre a un niño o como han quedado esparcidos por el suelo un grupo de cadáveres tras un atentado. Luego están las figuras, las estrellas que brillan en pantalla y constituyen el espejo donde se refleja lo peor. Comprenderán ustedes que pasen de política cuando un día y otro día están escuchando los escándalos de corrupción en todos los partidos.
Lo cierto es que por mucho diagnóstico que le echemos al asunto, lo principal es que los referentes culturales, los modelos, ya no reflejan lo mejor del ser humano Y en una época donde surgen los ideales, estos han terminado por convertirse en la mejor manera de pasar el tiempo y comprometerse lo menos posible. Tenemos al deportista, al actor, al músico. Y ellos eclipsan al resto, es el brillo estelar el que les llega más hondo. Pero no valoran para nada el esfuerzo. Como alguien dijo en su momento hay que educar para la reciedumbre. Que es lo que nos prepara para superar las dificultades de la vida.
Si ustedes son un matrimonio que trata de solucionar sus problemas y en televisión ven a una pareja humillarse de continuo, terminarán por considerar algo normal enviar a freír monas a su compañero/a. Ese bagaje cultural marca la línea fronteriza. Analicen las series de televisión y luego hagan la comprobación. La publicidad tampoco se queda a la zaga, a poco que nos fijemos veremos reflejar una sociedad que no se parece en nada a nuestra vida cotidiana.
Les propongo que fomenten la cultura del diálogo, de los grupos que hablan y juegan a un deporte; que llevan a cabo aficiones constructivas. Y luego, propongo que sigan invirtiendo en la música; todos los jóvenes viven conectados a sus ídolos musicales. Si es posible entrar a formar parte de ese universo, sin necesidad de consumir ninguna droga ni blanda ni dura, se habrá ganado terreno a la parte oscura de la noche. La música que más nos influye es la que nos llega al corazón. Por eso hacen falta buenos juglares del siglo XXI que les curen por dentro.
Pregunten cuáles son sus modelos. Los personajes que les hacen desear ser como ellos. En los años de televisión en blanco y negro, cuando ésta no había llegado a convertirse en un negocio para manipular a la sociedad. Se sabía quien obraba mal y quien lo hacia bien. Hoy es probable que no encuentren la línea que separa una actitud correcta de otra equivocada.. Eso ahora ha sido sustituido por un juego donde el simpático es el más trasgresor y el peor hablado; el líder de hoy no es un médico o un abogado, como en las series de los años sesenta y setenta.
Hoy el modelo social suele ser un bacilón mal hablado, que triunfa cuanto más borde es. Pena, penita, pena. Por cierto, aumenta el porcentaje de universitarias. Los estudiantes más brillantes suelen ser por mayoría las mujeres. El cambio cultural ha sido evidente, cada día disminuyen las familias donde la mujer o el marido se queda al cuidado de la casa y de los hijos. El vértigo del doblete pasa factura. Y de eso no hablan los partidos. Si la educación es la base, deberían invertir más en apoyar a las familias.
La escuela, en cambio, se ha convertido en una guardería de los tres a los dieciséis. Ahí quedan aparcados los niños, con comedor incluido, porque los padres trabajan y no pueden hacerse cargo de ellos. El deterioro social es evidente, el aumento del fracaso escolar se debe más veces de las que pensamos a la deficiente cobertura emocional que tienen el niño.
Pues añadan que el imperio gay quiere salir del armario escolar. Consideren las maquinitas expendedoras de condones alrededor de los Institutos. Pregúntense si su niña de quince años sigue siendo virgen o ya ha tomado la pastilla del día después. Valoren de una vez y sin cortapisas si esta sociedad permisiva no está estropeando el futuro de un puñado de generaciones. Y hablemos de Educación para la ciudadanía no en la escuela sino en la calle, en las casas de cada familia. Y a lo mejor cambiamos algo de nuestro entorno.
Lunes, 28 de mayo
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo