Estos días de Semana Santa hemos vivido el terremoto en el centro de Italia, la tragedia de L’Aquila nos ha sobrecogido. la fuerza de la naturaleza destruyendo todo a su alrededor. Mis respetos a todos los familiares de las víctimas y el consuelo en estas horas que hace difícil aceptar la pérdida de los seres queridos.
Ante estos fenómenos inesperados siempre llega la pregunta del por qué Dios consiente la muerte de sus hijos. Y es claro que no debemos pensar que Dios consiente las desgracias para probarnos o cualquier otra explicación similar. Dios se somete a los ritmos de la propia Naturaleza, deja en libertad cualquier fenómeno natural, porque así lo dispuso desde la Creación. Con una sabiduría infinita, se suceden los cambios de las estaciones, el curso de los astros, las mareas, los manantiales y los ríos. Y también la voracidad de la fuerza de los elementos, El fuego, el aire, el agua, la misma Tierra, los cuatro elementos son por su naturaleza fuente de armonía y también de destrucción.
En el mismo sentido obramos los seres humanos, podemos sacar lo peor que hay en nosotros o lo mejor en situaciones adversas o sencillas. No hay reglas, nos medimos por la fuerza con que nos enfrentamos a las adversidades. Y esa fuerza está en nuestro interior. Mucho más en quienes creemos en Dios, que nunca nos encontramos solos. A mí me han preguntado en ocasiones que soy muy atrevida por meterme en viajes o asuntos a pelo. La verdad es que nunca me siento sola. Puede que desease la colaboración de otras personas, pero en general, no voy sola a ningún sitio.
En esta Pascua de Resurrección, creo que debemos elevar plegarias por los familiares y difuntos de L’Aquila, para que sientan esa presencia cercana que les ayude a sobrellevar la situación. Desde aquí, una vez más, ánimo. El ciclo de la vida consiste en extinguirse, la luz del Sol tras largos años de existencia dejará de brillar. Es algo conocido y proclamado por los astrofísicos. La Tierra tiene su tiempo contado, y sin embargo, nada de ello nos tiene que angustiar, primero porque será cuando Dios quiera y en segundo lugar, porque sabemos que hay algo más allá.
Lo que sí resulta lamentable es la voracidad de los especuladores, dispuestos a construir las casas sin las medidas oportunas de seguridad. Ahí se ve la irresponsabilidad y el egoísmo de quienes no piensan en los demás, sino sólo en ellos mismos. Tal vez sea el momento de exigir responsabilidades a quienes reparten licencias de obras con mano alegre, sin percatarse de qué se hace con esos permisos.
Queda clara la solidaridad general de todos los países cercanos que han enviado ayudas. También la presencia permanente de Berlusconi con sus típicas declaraciones faltas de sensibilidad, pese a poner tanto de su parte para ofrecer ayuda a las familias que se han quedado sin nada. Pues bien, estoy segura que la visita del Papa Benedicto, ofrecerá consuelo y ánimo a quienes lo necesitan. No creo que tarde mucho en acercarse a dar su bendición a todos los damnificados.
Que esta Pascua les acompañe en la alegría de la resurrección que llegará inevitablemente cuando Dios disponga. Un fuerte abrazo.
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Carmen:
Comentario sin sustancia. Dios nos ama y no quiere nuestro mal, pero al crear el universo mundo se olvidó de darle a la
naturaleza las instrucciones precisas para que no matara sin saber por qué. Pero,bueno, por lo menos esta vez el terremoto no es debido a los pecados de los hombres, ni ni siquiera al odiado socialismo. Vamos progresando.
...Todo lo expuesto me hace reflexionar sobre la verdadera magnitud del ser humano, como miembro "activo" del universo.
Siempre surge algo natural que nos desconcierta, que nos rompe los esquemas vitales, provocándonos sobresaltos.
Y ES QUE hemos de reconocer y aceptar, que no somos capaces de prevenir cuanto sucede alrededor.
Pero para los cristianos, Dios no es imprevisible.
No necesitamos conocer las leyes del universo, porque confiamos en Él, plenamente.
Quizás aquella oración debió haber sido: "Jesús, Dios mío, no te comprendo, y tampoco quiero perder mi tiempo en comprenderte".
Carmen:
Pues sí, el mal Mal procede del ser humano; la naturaleza tiene sus propias reglas (yo a eso no lo considero el Mal). De todas formas, yo también me uno a la oración por las víctimas.
Un cordial saludo.
Amiga Carmen, escribí hace unos días sobre el Sermón de las Siete Palabras, y en la oración final decía: "Jesús, no te entiendo...".
Considero que debería haber escrito "no puedo entenderte, porque no llego hasta tí, por mucho que me empeñe".
A veces, la magnitud de esos fenómenos que llamamos naturales, nos sobrecoge. Quizás deberíamos aprender de esa naturaleza, que puede ser tan cruel con los más humildes, para evitar desgracias personales, como las acaecidas en Italia.
Tampoco conocemos el medio en el que nos movemos. O no lo conocemos suficentemente.
Todo lo expuesto...
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató