Mientras las economías de los países occidentales se desmoronan con agujeros negros de insospechadas succiones, por donde pierden fuelle las arcas del Estado, el inmigrante, el más pobre entre los pobres, va tener que elegir otro destino. En nuestro país la futura Ley de extranjería avisa del peligro inminente. La mano de obra barata vuelve a ser nacional y sobran los de fuera. A eso se le llama proteccionismo. Pero nadie dijo que fuera justo ni bueno. A los católicos nos queda siempre la sensación de vivir contracorriente. No podemos dar la espalda al más necesitado.
Porque lo cierto es que todo se tambalea. Si no hay cobertura legal, ayudar a un inmigrante puede convertirse en delito. De nuevo la ley queda al margen de la justicia. Se ve de manera clara y diáfana como se penaliza aquello que molesta y cuando molesta. Mientras se exonerá de culpas a quienes nos han llevado al callejón sin salida. Es la ley del más fuerte, del poderoso. Y no sucede de manera exclusiva con el inmigrante.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató