Cada día la gente se preocupa más por la salud. Se mide la tensión, se hace analíticas y chequeos y se informa sobre las sustancias, contaminantes y virus que le pueden afectar físicamente. La obsesión por los virus ha llegado incluso a la informática y las comunicaciones. Hoy no se da un paso en el progreso sin que a este le salga un grano, el otro lado negativo de ese crecimiento. Virus o contrapartidas tienen el automóvil, el aire acondicionado, la calefacción, el teléfono móvil, las fábricas, la televisión, la antenas e incluso las hasta hace poco inocentes carne y verduras. Por no hablar de los temidos transgénicos y futuros humanoides creados en laboratorio, si Dios no lo remedia.
Sin embargo hay una clase de virus de los que casi nadie se preocupa. Flotan en el ambiente sin darnos cuenta; entran en nuestra familia, nuestras costumbres, lo más íntimo de nuestra personalidad. Se cuelan con el periódico, la radio, el cine, la televisión, la valla publicitaria de la esquina.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató