Al parecer la Penitenciaria Apostólica de la Santa Sede actualizó una lista de pecados de nuevo cuño, de esos que sólo nos corresponden por formar parte de la modernidad. Según cuenta El País se trataría de la modificación genética, los experimentos con personas, la contaminación ambiental, la posesión o venta de drogas consideradas ilegales, la injusticia social, el causar pobreza y la codicia financiera. El problema es que muy pocos sienten que cometen pecado. En realidad para confesarse hace falta precisamente un examen de conciencia y de eso andamos muy mal. Tanto que por regla general ya no nos sorprenden los sapos y culebras que salen al exterior desde las alcantarillas.
Pero no hay que olvidar, los siete pecados capitales: la lujuria, gula, avaricia, soberbia, envidia, pereza e ira, son tan clásicos y antiguos como la humanidad. De ellos tenemos notables retazos biográficos en la Biblia que nos recuerdan lo bajo que podemos caer si nos dejamos dominar por alguno de los mismos. Lo curioso del citado artículo es que se hace eco de una investigación que establece un análisis pormenorizado del orden en que afectan a hombres y mujeres por igual. No les voy a adelantar las diferencias porque me parecen irrelevantes.
No hace mucho el Papa hablaba de la muerte del alma, refiriéndose al hecho con el que el pecado afecta a la gracia y como es necesario retomar la sana costumbre de confesar las faltas. Yo diría que el confesionario ha perdido el lugar primordial que tuvo a lo largo de la historia de la Iglesia. En la confesión se volcaban las miserias profundas del ser humano y se recibían sabios consejos. Aunque siempre hubo quien convirtió su papel en una tiranía espiritual que ni liberaba de la culpa ni devolvía la paz.
En general, podríamos afirmar que hoy la gente suele ir más tranquila a un psicólogo o terapeuta que a un confesionario. Dando a entender lo poco que nos importa la salud espiritual y lo mucho que nos afectan las crisis interiores. Esas que una sana doctrina terminaría por dejarnos con la conciencia tranquila y libres de neurosis.
No es de extrañar por tanto, que cuando nos rodean los escándalos de corruptos y corruptelas, de asesinos y víctimas indefensas, de crisis económicas que hunden a unos y enriquecen a otros, se termine por pedir mayor rigor en las penas, descargando en la justicia terrena lo que es competencia de un equilibrio interior sano y consciente de distinguir lo que es el bien y el mal. Hablar del pecado no es moderno, no se lleva en una sociedad que tiende a volverse agnóstica o directamente atea. En unos tiempos en los que se vende a una Iglesia que atormentaba con las culpas a los fieles, pedir que se realice una buena confesión, es tanto como esperar ver crecer un vergel en el desierto.
Pero yo no he querido desaprovechar la ocasión para recoger de qué trata el Sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación, por eso retomo una vez más el Catecismo:
1423 Se le denomina sacramento de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión (cf. Mc 1, 15), la vuelta al Padre (cf Lc 15,18) del que el hombre se había alejado por el pecado.
Se denomina sacramento de la Penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador.
1424 Es llamado sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una “confesión”, reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador.Se llama sacramento del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente “el perdón y la paz”.
Se le denomina sacramento de la reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia_ “Dejaos reconciliar con Dios” (2 Co 5, 20). El que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a responder a la llamada del Señor: “Ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5, 24)
Me ha parecido oportuno presentar lo que es el Sacramento de la Penitencia aprovechando que El País se hacía eco de la investigación llevada a cabo por el Obsservatore Romano, sobre las diferencias en la confesión entre hombres y mujeres. O mejor dicho, sobre qué vicios capitales tienen por costumbre confesar unos u otros.
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Carmen,
El confesionario no ha sido en la historia la ùnica manera de ejercitar el perdón. El confesionario ha sido fuente de muchos sufrimientos y abusos.
Hasta el catecismo de Astete decia que por nueve cosas se perdonaban los pecados veniales. La Iglesia se queja de que no se confiesa na gente individualmente. Te dirè que mi experiencia pastoral (Brasil)es de mucha gente buscando la confesiòn comunitaria que hacemos una vez al mes. Hoy somos más sensibles a la dimensión social del pecado y es una oportunidad extraordinaria de evangelizar sobre la responsabilidad y la conversiòn.
Te pregunto, además, ¿ El rito penitencial de la Eucaristia, perdona pecados ?
En la Iglesia primitiva todo se realizaba en laEucaristia:Reconciliación y Cena del Señor.
La confesión es lo que es. Lo que pide la gente es no confesarse y ser absuelta. Y es que contar tus cosas a otro da mucho corte.
Aunque ya se ha tratado en más de una ocasión, no está de más recordar que el sistema utilizado para la confesión es de lo más retrógrado, a veces por la apariencia de tétrico, y a veces por raro ocultismo.
Si el sacerdote es algo duro de oído, la cosa es bastante triste, pues no se priva de dar sus consejos, como si se tratatse de una homilía.
Y la "investigación" del Observatore Romano, me poduce algo de espanto (no he dicho escándalo), por la poca discreción de los confesores.
¿Para cuándo, lo de cambiar el ritual de la confesión?. Es únicamente una cuestión de normativa.
Hablas de la confesión. Una cosa es el Sacramento, que sólo pueden administrar sacerdotes (varones). Y otra cosa es la dirección espiritual, que también puede facilitar una mujer. Yo, si me dan a elegir, para el progreso de mi alma, en igualdad de circunstancias, preferiría a una mujer. La encuentro más cercana a la fuente original de la vida.
To necedad es congénita y no tiene cura,
Pierde toda esperanza.
Como dice el Dante y está escrito a las puertas del infierno: " Lasciate ogni esperanza voi ch'entrate".
Capito ?
perdón. Con las prisas puse arriba en el sacramento de la Eucaristía y debe decir en el sacramento de la Penitencia.
no es que haya más pecados. La raíz de los pecados o de las faltas son los mismos: ira, gula, lujuria, etc. Lo que se da hoy son nuevas formas, nuevos actos pecaminosos que siempre tienen como raíz los pecados capitales. Pero atención: hay un remedio: acudir a la Misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Eucaristía.
Lunes, 28 de mayo
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