Eluana, espero que ahora descanses en paz, porque tus últimos días han sido de una crueldad sin parangón. Te han dejado sin comer, sin recibir hidratación, durmiendo tu soñolienta inconsciencia en un marasmo de sedantes. ¡Qué paradoja!, calmar tu hambre, calmar tu sed, dormirte un poco más, por si acaso sentías algo. Porque ellos no lo saben, no son capaces de entender qué sucede en un cuerpo inconsciente, en un coma largo de diecisiete años.
Y he querido pensar que tú te aferrabas a la vida, contra todo pronóstico. Una vida dependiente, pero una vida tan digna como otra, aunque nadie la quisiera para sí mismo. En estos casos, hay que defender a quien no puede defenderse. Y te has ido, o te han dejado ir, de manera infame. Podríamos contar qué se siente cuando te faltan los nutrientes imprescindibles para seguir viviendo. Pero es demasiado doloroso. Aunque tenemos las imágenes de niños desnutridos en África a quienes ya no es posible devolver a la vida, por un ayuno irreversible.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral