Como dije en su momento, estoy leyendo El viaje del elefante de Saramago. Y lo repito porque no me ha producido ninguna emoción. Llevo cincuenta y cinco páginas y puedo dejar de leer. Mala señal, a mi juicio, para un libro que no llega a alcanzar las trescientas. No es por tanto ninguna maravilla, aunque esté bien escrito y goce del indulto general al estar firmado por un premio Nobel. Pero es que los premios tampoco salvan toda la obra de un autor, ni siquiera son capaces de librar al personaje de cometer estupideces monumentales.
El caso de Saramago, no deja de ser ilustrativo al respecto. Posee una aureola izquierdista que lo hace identificarse con cualquier revolución y por ende, le subleva todo lo que huela a religión. Así que ni corto ni perezoso estigmatiza al Vaticano y especialmente toda la puesta en escena del viaje del cardenal Bertone a España. En un artículo en su blog deja caer sus improperios con furia anticlerical.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral